Abordan el desarme y el cambio climático. Asamblea de Naciones Unidas.

Históricos y nuevos. Conciliadores y beligerantes. Todos los líderes mundiales se reunirán esta semana en EE.UU. en lo que será la 64° Asamblea General de la ONU. El debate se centrará en el desarme armamentístico y el calentamiento global.

La cita, como siempre, es en Nueva York. El presidente estadounidense, debutante en la cumbre de las Naciones Unidas, jugará de local. Muchos líderes internacionales esperarán con ansias las palabras del hombre del «cambio», que ya en varias oportunidades mostró un discurso tan distinto al de su antecesor George W. Bush. Pero de las palabras del mandatario poco se sabe, si se espera una segura condena al controvertido programa nuclear iraní.

Pero además de la presencia del flamante anfitrión, se espera la asistencia de líderes tan dispares como controvertidos. El presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad, llegará a la cumbre en medio de la polémica por sus dichos de la semana pasada: en los que negó la existencia del holocausto. Y además de tener que enfrentarse a las críticas por el enriquecimiento de uranio, con seguridad reciba algún otro golpe por la represión tras las elecciones presidenciales de mayo. En la que una treintena de opositores que denunciaban fraude murieron.

Otro que arribará a la cumbre será el líder chino, Hu Jintao. Es la primera vez que un representante de ese país asiste a la reunión anual de la ONU. Lo hace luego de haber declarado hace poco que la democracia del tipo occidental no es una opción para la República Popular. También llega a Nueva York Muammar Khadafi, el controvertido líder libio que en cuarenta años al frente del poder nunca asistió a la reunión.

Los otros protagonistas: el presidente Hugo Chávez -que no confirmó su asistencia, pero de ir arremeterá contra el pacto militar entre Bogotá y Washington, que permite a militares estadounidenses operar en siete bases colombianas-, la mandataria argentina Cristina Fernández -que insistirá con el reclamo a Irán, para que se esclarezca el atentado contra la sede judía de la AMIA, y a Gran Bretaña por las Malvinas-, el francés Nicolas Sarkozy -que pedirá castigo para los países que no cumplen con las medidas contra el cambio climático- y, entre otros tantos más, Manuel Zelaya -el derrocado presidente hondureño que irá en representación de su país-. Estos son sólo algunos de los líderes, de los 192 países de las Naciones Unidas, que se verán las caras esta semana.

Pese a la variedad de personajes, las temáticas a tratar son tan predecibles como repetitivas. El secretario general de la ONU fue quien pidió incluir en la agenda el tema del calentamiento global. Tiene la esperanza de que se pueda lograr algún acuerdo que facilite las negociaciones de diciembre, en Copenhague, cuando se determinarán los nuevos límites de emisión de gases invernadero. Líderes como Sarkozy esperan que Obama de un mayor respaldo que Bush a la lucha contra el cambio climático.

Y después llegan los viejos temas, ya clásicos de este tipo de encuentros. Otra vez se intentará relanzar el proceso de paz para Medio Oriente, en momentos que las negociaciones entre la Autoridad Palestina y el gobierno israelí de Benjamín Netanyahu están estancadas tras la ofensiva militar a la Franja de Gaza.

También se volverá a discutir sobre el tema nuclear. Washington planteará que se adopte una resolución, enfocada a Irán y Corea del Norte, para hacer que el Consejo de Seguridad de la ONU haga que se respeten las normas contra la proliferación nuclear.

Todo esto con Obama como el gran protagonista. Es que, además de ser el primero que ejercerá la palabra en la cumbre, el mandatario asumirá la presidencia rotativa del Consejo de Seguridad de la ONU.

El inquilino de la Casa Blanca también inaugurará el encuentro del G-20 en Pittsburgh, que comienza a partir del jueves. Allí el presidente llamará a «aprender la lección» que dejó la crisis económica internacional. También, de la misma manera que lo hizo en EE.UU. la semana pasada, llamará a regular el sistema financiero.

En fin, esta será la primera prueba de fuego para Obama, que le permitirá descubrir si es capaz de llevar «el cambio» más allá de las fronteras.

Obama: Será el gran protagonista; asumirá la presidencia del Consejo de Seguridad.