Abundan consultas por gripe en emergencia de hospitales.

POR VALENTÍN TRUJILLO DE LA REDACCIÓN DE EL OBSERVADOR

Juan, el chofer de una ambulancia de Salud Pública, estaba sentado en un banco junto a la puerta de entrada a la emergencia del hospital Pasteur, sobre la calle Asilo. Sacó un paquete de cigarrillos de la gruesa campera naranja de su uniforme, lo abrió, quitó uno con su boca, lo encendió y sopló el humo en el aire frío de la mañana, con la mirada ensimismada.
El chofer estaba esperando a su paciente, dentro de una cadena de esperas. Su paciente, un señor de apellido Acosta, que se había caído de una escalera, esperaba en una silla de ruedas, con una gasa pegada con cinta en la frente y el ojo izquierdo acuoso y ensangrentado, a que una doctora se desocupara y pudiera revisarlo.

La ambulancia de Juan, estacionada con las balizas encendidas, también esperaba, detrás de otra ambulancia pública (del servicio telefónico 105) y una de una emergencia privada.

Este era el paisaje del Pasteur ayer. La decisión del sector de emergencias del Hospital de Clínicas de no admitir más internados produjo una superpoblación de otras emergencias en hospitales públicos.

“Al otro día que el Clínicas decidió ‘cerrar´ la emergencia, acá hubo una cola de 20 ambulancias. Te digo porque las conté”, comentó una joven vigilante de la emergencia del Pasteur.

El Observador consultó al chofer sobre la razón de la espera. “Lo del Clínicas creo que no afectó mucho acá, porque siempre ha estado desbordado”, dijo el chofer.

“Estas situaciones no son nuevas, van y vienen. Hace un año, más o menos, tuve que esperar 10 horas a un paciente acá (en el Pasteur)”, se quejó.

Otro chofer, de la empresa Emergencia Uno, mandaba mensajes de texto en su celular. Su paciente también estaba en silla de ruedas, con una mascarilla de oxígeno, sumido en la eterna espera.

gripe en boga. La emergencia del hospital Maciel está remodelada. Frente a los bancos donde esperaban los pacientes se colocó un tabique negro con tres puertas, donde los médicos realizan una especie de “filtro”, según el director de esa emergencia, Jorge Facal, para poder identificar la entidad de la consulta. Los pacientes llegan hasta el tabique y un médico les realiza un cuestionario para identificar la gravedad de la consulta.

Luego se decide si los pacientes pasan a los consultorios o vuelven a su casa.

“A pesar de la situación crítica de los pacientes del Clínicas, no hemos tenido un aumento en las consultas con respecto, por ejemplo, a la misma fecha del año anterior”, afirmó Facal.

“El porcentaje de consultas graves se ubica entre el 50% y el 60%. El resto son consultas que no correspondería hacer en una emergencia”, agregó además.

Una doctora joven se asomó por una de las puertas del tabique y pronunció con estilo militar un apellido.

Una mujer se levantó con dificultad del banco y se acercó hasta la profesional. La mujer estuvo en España hace un mes y consultaba porque le dolía la garganta, es decir por una posible gripe.

La médica le explicó que el período de incubación dura solo siete días. Como ella, había muchos pacientes con cuadros gripales que querían sacarse la duda.

“Las mayores chances son de que estos casos sean de gripe estacional y del tipo A”, indicó Facal.

Emergencias. Aparte de la cantidad de gente que atiende cada día, la emergencia del Maciel tiene el problema extra de las personas sin techo, que viven en la calle y entran a dormir en los bancos de la emergencia para refugiarse del frío.

Según Facal, la emergencia del Maciel “es la única que permanece abierta los 365 días del año, y siempre tenemos mucha gente”.

La descongestión de algunas emergencias puede deberse a que hospitales como el Saint Bois están respondiendo a la creciente demanda debida a la atención limitada en el Clínicas. Mientras tanto, la saturación en la atención de las emergencias públicas parece no hacer mella en los jerarcas de la salud ni en los funcionarios, porque ese es su estado casi natural.