‘Acuerdos bilaterales tienen, obviamente, desequilibrios’



– ¿Hay algún indicio de que los países que protegen a sus productores agrícolas y dan subsidios, vayan a flexibilizar su posición?

– Por supuesto la Ronda de Doha no es solamente sobre agricultura. Es sobre un número muy grande de temas como aranceles industriales y reglas antidumping. Pero sí es cierto que la agricultura en el momento es la dificultad mayor. En la agricultura necesitamos un cierto compromiso que le permita a los países en desarrollo exportar más y eso se logra reduciendo los subsidios al comercio y también los aranceles. Los actores principales son Estados Unidos, la Unión Europea, la India y Japón. Los que tienen que hacer un gran esfuerzo en términos de subsidios son Estados Unidos y la Unión Europea. La posición de la Unión Europea es que van a llegar a la misma reducción que haga Estados Unidos. Entonces, el tema de los subsidios tiene más que ver con Estados Unidos. El tema de los aranceles tiene más que ver con la Unión Europea, con Japón y con la India y hasta cierto punto con China. Todos dijeron que están dispuestos a moverse. El tema es encontrar la proporción: cuánto va a ser la reducción de Estados Unidos y cuánto la de los otros.

– ¿Teme que el fracaso de la ronda haga proliferar los acuerdos bilaterales?

-Hemos tenido un aumento de los acuerdos bilaterales que ha sido constante en los últimos cinco años. Hay una sinergia entre los acuerdos bilaterales y la Ronda. De lo que estoy seguro es de que los acuerdos bilaterales no son un remplazo de las tratativas multilaterales. En el caso de los subsidios agrícolas, o a la pesca o las normas antidumping, no es posible abatirlos a través de acuerdos bilaterales que son lo segundo mejor que puede ocurrir. Los acuerdos entre pequeños países y los grandes como Estados Unidos, la Unión Europea, China o India obviamente van a tener desequilibrios.

– ¿Qué le diría a países como Uruguay que están optando por buscar acuerdos bilaterales? ¿ Es un buen camino?

– Los países pequeños van a obtener un mejor trato en la OMC que en los acuerdos bilaterales. La OMC es un lugar donde las decisiones se toman por consenso y el peso de un país como Uruguay es mucho mayor en la mesa de la OMC. Uruguay tradicionalmente ha puesto mucho peso en la OMC. Puede ser mucho mejor para él que la OMC siga siendo considerada la prioridad número uno. Entiendo porque China, India, la Unión Europea o Estados Unidos quieren acuerdos bilaterales. Porque ahí tienen una ventaja. Me alegro que Uruguay continúe su política tradicional multilateral. La conversación que tuve con el presidente Vázquez fue en esta dirección.

– ¿Cuándo cree que podrá volver a negociarse a nivel ministerial en la ronda y cuándo podría cerrarse la discusión?

– La semana pasada decidimos reanudar las negociaciones a nivel técnico. No sería sabio reunir a los ministros hasta que no tengamos una idea de que las cifras van a coincidir en agricultura pero también en servicios. Sí sabemos que hay elementos en juego, especialmente en lo que tiene que ver con la ley agrícola de Estados Unidos que van a ser muy importantes. Dado el calendario legislativo de Estados Unidos mi idea es que la próxima primavera del Hemisferio Norte podría ser un horizonte a tener en cuenta. Estados Unidos le da un gran peso al Congreso no solamente en la negociación sino en la iniciación de las políticas comerciales.

– En Estados Unidos ganaron los demócratas que son asociados con las posturas proteccionistas. ¿Cómo incidirá?

– No creo que incida. Si miramos la historia, la política comercial de Estados Unidos ha tenido apoyo bipartidario.

– ¿Su trabajo se hace más difícil por la proliferación de bloques comerciales?

– No. Ayuda. La OMC es plana. No tenemos un comité ejecutivo o un directorio. Las decisiones se toman entre todos los miembros. Es un parlamento permanente con 150 miembros. No parece que sea muy ordenado pero funciona razonablemente bien por la interacción entre los grupos.

– ¿Usted se anima a decir a los países pobres que esta ronda sí mejorará sus perspectivas agrícolas?

– Sí. Absolutamente. Es cierto para la agricultura y la industria donde deben enfrentar aranceles en productos como los textiles, lo que va en contra de los países en desarrollo. También para los servicios de construcción o de tecnologías para la información. Hay amplias posibilidades. En la mesa ya tenemos una reducción potencial de los aranceles dos o tres veces mayor a la de la ronda previa de 1994. No estamos tan lejos.

– ¿Qué le diría a un agricultor francés para demostrarle que está en su interés que no haya proteccionismo agrícola?

– Si tuviera que convencerlos les diría que el futuro de ellos no depende de la cantidad sino de la calidad. Produzcan cosas donde tengan un «know- how», que el consumidor aceptará pagar más que competir con gente que tiene ventajas comparativas muy buenas para producir commodities. Les diría, vayan en la dirección de los bienes procesados, queso, vino, jamón en lugar de caña de azúcar o arroz.

– ¿Los países pobres pueden confiar en que los ricos cumplen los fallos de los paneles que les son adversos?

– Sí. Los países desarrollados implementan los fallos, aún los grandes. La razón por la que lo hacen es que les interesa que otros lo hagan. ¿Por qué la Unión Europea cumple? Porque quiere que Estados Unidos cumpla. ¿ Por qué cumple Estados Unidos? Porque quiere que China cumpla. No se cumple sólo por las sanciones que se aplican solamente en última instancia.