Acusan a Chávez de “fraudulenta” prórroga en elecciones regionales.

El presidente venezolano Hugo Chávez midió ayer su popularidad y la del proyecto socialista que impulsa desde 1998 en unas elecciones regionales en las que, según él, no sólo está en juego el futuro de estados y ciudades, sino el destino de la “revolución bolivariana”. Al cierre de esta edición permanecían abiertos los centros de votación donde había ciudadanos en la cola para votar. En estos comicios se elegirán 22 gobernadores, alcaldes y diputados locales.
El Consejo Nacional Electoral (CNE) declaró, poco después de que terminara el plazo oficial, que las mesas de votación en las que haya ciudadanos en fila deben permanecer abiertas, como lo contempla la ley. Unos minutos antes, representantes de la oposición denunciaron que el CNE incurriría en un supuesto fraude si prorrogaba el plazo de las votaciones independientemente de que hubiera o no electores en fila.

Julio Borges, Henry Ramos Allup e Ismael García, líderes de los partidos opositores Primero Justicia, Acción Democrática y Podemos, respectivamente, aseguraron que el CNE había recibido “una fraudulenta” orden del gobierno del presidente Hugo Chávez para prorrogar la votación.

En declaraciones delante de la sede del Consejo Electoral, Borges afirmó que el gobierno “sabe que está perdiendo”. “No tenemos miedo y vamos a hacer todo (lo necesario) para defender la Constitución”, señaló Borges, mientras García explicó que la intención de la presunta orden sería “obligar” a que electores chavistas apuntalen a última hora la votación a favor de los candidatos del oficialismo.

Chávez dijo que el proceso electoral es el “más transparente” y “más seguro del mundo… en Venezuela es imposible hacer fraude”.

Poco después de la declaración del Consejo Electoral, el líder opositor Manuel Rosales, gobernador saliente de Zulia y candidato a la Alcaldía de la capital de ese estado, Maracaibo, hizo un llamamiento a que termine en paz el proceso electoral. Ningún “escarceo” de última hora podrá cambiar los “resultados” de los comicios, que han transcurrido “bien”, aseveró. Por su parte, Alberto Muller, vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela, que dirige Chávez, respondió a las denuncias opositoras, al señalar que “solo los derrotados gritan fraude”.

Tranquilidad. La jornada electoral, en la que unos 17 millones de venezolanos fueron convocados para elegir a los gobernadores de 22 de los 23 estados del país, más de 300 alcaldes y más de 200 legisladores locales, transcurrió con total tranquilidad y civismo. Diecinueve de las 23 gobernaciones del país están en manos de oficialistas desde las votaciones de 2004. La oposición controla en la actualidad los estados Zulia –el mayor del país– y Nueva Esparta, mientras grupos disidentes detentan las gobernaciones de Aragua, Sucre y Guárico. Esta vez, la oposición podría obtener entre cuatro y siete gobernaciones.

Tras votar al mediodía en un centro de Caracas, Chávez afirmó que “Venezuela seguirá teniendo un alto grado de gobernabilidad independientemente de los resultados” de los comicios y reiteró su llamado a la población a aceptar sin reticencia el veredicto de la jornada. Cerca de la medianoche venezolana se esperaban las primeras tendencias oficiales.

Decidido a tratar de recuperarse del revés electoral –el primero en una década– que sufrió en el referéndum constitucional de 2007, y en su afán por levantar las candidaturas oficialistas, Chávez tuvo una participación activa en los casi dos meses de campaña lo que transformó este proceso en una suerte de plebiscito. Durante la campaña, el mandatario mantuvo un duro discurso contra los candidatos opositores e incluso llegó amenazar a algunos con llevarlos a la cárcel o sacar los tanques a la calles de ganar un adversario en el estado centro costero de Carabobo. (AFP, AP y EFE)