Alertan sobre ola de arrebatos en las playas de Montevideo

Por las playas de Montevideo se pasea la inseguridad llevada por menores que están al acecho y, ante el menor descuido de los bañistas, arrebatan lo que encuentran a mano.
Las arenas de Pocitos, Buceo, Malvín y Ramírez, acaparan la atención de los ladrones. El objetivo puede ser cualquier cosa: desde unas simples y gastadas romanitas, pasando por una mochila, una remera o, si hay suerte, un celular.

Básicamente operan con dos estilos. Están aquellos que permanecen sobre el muro sur de la rambla “vigilando” los movimientos de los bañistas y, en especial, “seleccionando” su presa. Cuando éste se descuida, bajan velozmente a la playa y se llevan sus pertenencias. Lo que sea. Así como llegaron corriendo se irán sin que nadie pueda hacer nada.

La otra forma de actuar consiste en quedarse en la arena, controlar lo que ocurre a su alrededor y dar el zarpazo en el momento correcto. Muchas veces se levantan, caminan unos metros, se calzan las romanitas del bañista que fue a refrescarse y siguen caminando con ellas como si tal cosa.

Los sitios que concentran la mayor inseguridad están en playa Pocitos a la altura de la rambla y la calle Pagola, y en la playa Buceo frente a la rambla y la calle Comercio.

Los Guardavidas tienen clara la situación. Álejandro Leguizamón es salvavidas desde hace 10 años en la playa Pocitos. Su torre de vigilancia en la bajada de la rambla y José Martí siempre está cerrada con candado.

“Incluso la bicicleta la tengo con candado y arriba de la torre porque al menor descuido, seguro que me la llevan”, indicó

“No sé si hay más o menos robos pero sí es cierto que en los últimos años y a partir de la hora 14, la playa Pocitos se pone insoportable para la gente. Son menores y trabajan en base al descuido del bañista”, aseguró a El Observador.

Manifestó que, mayormente, no se han registrado hurtos violentos o a mano armada “pero la situación general de la playa se va tensando cada vez más”. “Estamos seguros de que en cualquier momento puede explotar la bomba”, dijo.

Sostuvo además que los vecinos se están cansando y que a todo ello se le agrega el consumo de alcohol. “La gente que viene de otros barrios viene muy borracha y el sol hace el resto. Ya hemos tenido serias peleas, una de ellas entre mujeres. El problema es que hay disputas entre ellos y estamos al borde de un lío fenomenal”, advierte Leguizamón.

El “Chato”, como le llaman al supervisor de los Guardavidas de playa Pocitos, explicó a El Observador que el tema de los hurtos en las playas “es habitual desde hace varios años”. “Mis muchachos lo saben bien porque es a quien recurren las víctimas en primera instancia”, dijo.

Los Guardavidas de Pocitos, Buceo y Malvín consultados por El Observador, coincidieron en que esas playas son disfrutables para los vecinos desde la mañana hasta las 14 o 15 horas. Después ya se complica y se agrava los fines de semana.

Asimismo, aseguran que las estadísticas seguramente no reflejarán la realidad porque, en general, los hurtos son de efectos de poco valor y la gente no se toma la molestia de ir hasta Prefectura o hasta la Seccional policial. “No les vale la pena”, aseguran los Guardavidas.


Prefectura superada. Con 30 marineros para cubrir toda la faja de playas de Montevideo, la sensación de los Guardavidas es que a la Prefectura Naval la situación la supera.

En Pocitos, y en el mejor de los casos, destinan seis marineros para que la recorra a la hora pico. Pero en esas horas, Pocitos puede llegar a albergar a más de 60.000 personas.

Para Prefectura, colocar más personal significaría dejar descubierta otra playa.

De acuerdo a fuentes de Prefectura, los marineros, salvo alguna excepción –como en la playa Verde–, son muy jóvenes, sin experiencia y no están debidamente equipados. Incluso, en su gran mayoría no cuentan con equipos de comunicación.

La Armada Nacional los contrata por la temporada y reciben una paga en la mano de $ 3.200 mensuales. Deben estar ocho horas al sol y no siempre bien alimentados e hidratados.

Su labor se concentra básicamente en controlar que no bajen perros a la playa, que se juegue al fútbol en las áreas específicas y otras tareas de ese tenor.

POR MARIO ROSA DE LA REDACCIÓN DE EL OBSERVADOR