América Latina recurre al FMI debido a la crisis.

Tras casi una década en la que el papel del FMI como prestamista fue duramente cuestionado, poco a poco la región vuelve a sentarse a la mesa para negociar con la entidad, como sucedió en los años 80 y 90.

El último en suscribir una línea de crédito fue Guatemala, que recibirá US$ 935 millones de dólares de un préstamo standy-by a 18 meses, informó el FMI el jueves.

Como en el caso de Costa Rica, El Salvador, México y Colombia, los términos del comunicado son muy similares: Guatemala no tiene “necesidad inmediata en su balanza de pagos y este programa es parte de una estrategia preventiva integral para reforzar el colchón de liquidez del país”, explicó el FMI. El Salvador pidió US$ 800 millones y Costa Rica US$ 735 millones.

El presidente electo de El Salvador, Mauricio Funes, declaró de visita en Washington que buscará nuevas ayudas para “cubrir las necesidades prioritarias” de su país, en referencia con una brecha fiscal que podría oscilar entre US$ 500 millones y US$ 600 millones una vez que asuma.

México y Colombia, países que han recibido elogios del FMI y de inversores en los últimos años, pudieron negociar en muchos mejores términos.

Ambos países se acogieron a la nueva Línea de Crédito Flexible (LCF), creada después de que el Fondo reconociera al inicio de la crisis que tenía que suavizar sus condiciones de crédito.

México obtuvo una LCF por valor de US$ 47.000 millones y Colombia lo solicitó por un valor de

US$ 10.400 millones.

Con esa LFC el país beneficiario no necesita oficialmente una revisión de sus cuentas por parte del FMI, mediante esas visitas de inspección que tanta irritación despertaban durante la pasada década en la región.

“Es como suscribir una póliza de seguros con un examen previo muy bajo”, en palabras de Mauricio Cárdenas, director de la iniciativa América Latina del Instituto Brookings en Washington.

En 2005, 80% de los préstamos del FMI estaban destinados a América Latina, y tan solo tres años después representaban apenas 1%.

aportes. Brasil no está dispuesto a hablar aún de nuevos aportes al FMI y considera que deben continuar los trabajos a nivel de expertos, declaró el viernes el ministro de Hacienda, Guido Mantega.

Los países avanzados como Alemania quieren que los emergentes participen en el tramo más importante de la ampliación de capital del Fondo, del orden de

US$ 500.000 millones.

“No hablaremos de cifras hasta que no haya un nuevo instrumento adecuado” dentro del FMI, declaró a la prensa Mantega.

Brasil participa por el momento con US$ 4.500 millones, y no dará más cifras hasta que no quede aclarado el tema de la reforma interna, y la reorganización de cuotas, añadió.

El cambio de tono de América Latina respecto al FMI, y viceversa, está directamente relacionado con la creciente importancia del G20, donde están representados Argentina, Brasil y México. (AFP)