‘Annapolis fue un golpe duro para quienes no quieren la paz’

Así se refería Peres, una de las figuras históricas del Estado de Israel, al significado de la conferencia de paz realizada esta semana en Annapolis y a sus repercusiones.

El presidente, quien es protagonista de una extensa e intensa trayectoria política, en la que se ha desempeñado como legislador y ministro de Relaciones Exteriores, entre otros cargos, se manifestó alentado por los resultados de los diálogos promovidos por el gobierno de Estados Unidos, aunque subrayó que si bien hay esperanza, también existen enormes obstáculos que deben superarse en una región que ha sido desgarrada por la violencia, los enfrentamientos y la permanente situación de conflicto.

Después que recibió a descendientes de los diplomáticos latinoamericanos que tuvieron decisiva participación en la creación del Estado de Israel, tanto en el ámbito de Unscop -la comisión de Naciones Unidas que planteó el plan de partición de Palestina- como en las gestiones para convencer a otros gobiernos de la región y europeos para que votaran la resolución de la que surgió Israel y debía formarse también un estado árabe, Peres accedió a exponer su enfoque a El País sobre lo logrado en la etapa inicial del nuevo proceso de paz que comenzó el pasado martes.

«Antes de que se concretara la conferencia de Annapolis, la gente pensaba que un encuentro de esas características era imposible. El escepticismo estaba en el punto más alto que pudiera imaginarse», indicó. «Por tanto, a partir de una situación que parecía imposible, logramos forjar un comienzo. Esto no quiere decir que ya se vislumbre un final, pero sin acordar un comienzo no existe ninguna posibilidad de llegar a buen final. Muchos pueden pensar que decir que logramos un comienzo es algo muy elemental, muy sencillo, pero en realidad no lo es si se repasa la historia de esta región, que ha sido signada por conflictos».

Una cuestión fundamental, aseguró, pasa por el plazo obtenido, al que consideró un tema para nada menor. «En la conferencia de Annapolis ganamos tiempo -tenemos un horizonte de un año para desarrollar las negociaciones- lo que es fundamental, porque los temas son extremadamente difíciles y no puede alcanzarse una solución o saltar las vallas en apenas unos días o una semana».

dos sectores. El presidente puso énfasis en destacar los dos sectores, o vertientes, que se definen en Medio Oriente.

«Quedó demostrado que hay un sector serio que apoya la paz y realmente quiere que el conflicto termine», sostuvo. «Este sector no necesariamente sigue las líneas nacionales, sino las políticas, porque está integrado por diferentes personas y países. Por cierto, hay una oposición, que no es de palabra, sino que actúa con las armas y no resulta fácil vencerla».

Según Peres, los participantes de la conferencia de Annapolis demostraron ser capaces de hacer una apertura, aunque todavía queda un largo camino por recorrer. «Después que estén de acuerdo en los principios y en los temas que importan, el proceso no será sencillo. Pero, si no se acuerdan los temas y los principios, no hay negociación posible», dijo.

«Después vendrá la tercera etapa, que es de implementación, la que será mucho más difícil. Pero, sin una apertura, no habría punto de partida. Habrá que avanzar y concretar hechos, pese a que todo está rodeado por el escepticismo y la desilusión de muchos. Existe un sector en el Medio Oriente que está a favor de la negociación, debido a que se hartó de la guerra -no me refiero sólo a Israel, que siempre apostó a la paz- sino también a los países árabes, entre los que se encuentran los que fueron capaces de lograr este comienzo y los que están en contra de la negociación».

Para el presidente israelí, «esto muestra claramente de qué lado están los moderados y dónde están los extremistas».

Peres también le dedicó elogios al anfitrión del encuentro y a los otros dos principales protagonistas. «Creo que fue un éxito político para Estados Unidos, después de haber recorrido un largo corredor lleno de problemas, y en particular para el presidente George W. Bush, a quien debe dársele el crédito, así como a los jefes de las dos delegaciones, el primer ministro Ehud Olmert y el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, quienes estuvieron dispuestos, con buenas intenciones, plenamente preparados y demostraron la cuota de flexibilidad requerida en este tipo de ocasiones. Sus discursos estuvieron a la altura de la importancia de la conferencia y equilibrados en general. Los dos mostraron persistencia, sabiduría y flexibilidad. Asimismo, es hora de señalar el vigor y la persistencia para concretar la reunión, que ha tenido la secretaria de Estado (de EE.UU.), Condoleezza Rice».

El mandatario no pierde la perspectiva del «fracaso total» que significaría la falta de resultados exitosos para el proceso iniciado. Aún así, mantiene la esperanza. «Partimos de un comienzo exitoso. Muestra que si se trabaja con intensidad y seriedad, se pueden superar las dificultades. De alguna manera, este es un revés para Hamas (grupo islámico palestino que ostenta el control en la Franja de Gaza), que sigue agrediendo y disparando. Nadie sabe para qué lo sigue haciendo ni qué pretende lograr con su acción. Es un logro para los sectores más moderados dentro de los palestinos, a quienes tenemos que seguir apoyando. El mejor apoyo es el económico. Siempre es preferible crear 10 mil empleos y no repartir 10 mil armas de fuego. Si se crean 10 mil empleos, habrá igual número de personas que verán que la paz es algo tangible y beneficiosa, porque su vida tendrá mejores condiciones».

perspectiva. Peres estimó que «una conferencia de paz no es sólo tener una oportunidad de negociar, sino una instancia generadora de esperanza y de perspectivas de una vida mejor para mucha gente».

«Creo que fue una demostración, ante todo el mundo, de que estamos hartos de la violencia, de vivir en una situación de conflicto y de la falta de paz en la región. Una demostración de esas características, también tiene un peso político. Es necesario destacar que ganamos una oportunidad de apertura al diálogo e identificación, no a lo largo de las líneas habituales de pertenencia nacional esto comprende a judíos, árabes y las 50 naciones que protagonizaron el encuentro y fue una demostración del deseo de la mejor parte del mundo de buscar un final al conflicto. Reitero: hay un largo camino por recorrer y la necesidad de superar problemas extremadamente difíciles», concluyó.