Aprovechar la «ventana demográfica» para impulsar desarrollo social, propuso Iglesias

Iglesias formuló éstas y otras reflexiones durante una disertación que realizó en un acto organizado por la Universidad de Montevideo en el salón azul de la Intendencia capitalina.

El rector de esa casa de estudios, doctor Mariano Brito, presentó al titular del BID, quien recordó que ambos habían compartido años escolares.

«Tenemos la ventana demográfica de la oportunidad y además tenemos otra ventaja que son dos o tres años de bonanza internacional. Uruguay está viviendo parte de esa bonanza, toda América Latina va a crecer a un 5,5% y es probable que esto se extienda por tres o cuatro años, lo que permitiría arreglar las cosas que tenemos pendientes, que no son pocas, pero al mismo tiempo generar un espacio para hacer nuevas cosas», resumió.

Confesó que «la competitividad y lo social son las dos cosas que más me preocupan de América Latina», consignando que se busca «por un lado como reforzar la competitividad para salir al mundo» y paralelamente, «como hacemos para mejorar los dividendos sociales de lo que estamos invirtiendo».

Iglesias sostuvo que esos dos elementos, la transición demográfica y la bonanza internacional «nos llevan a hablar de lo que significaría una acción integral de los tres grandes actores de la sociedad», es decir el Estado, el sector privado y la sociedad.

Demandó en primer lugar una macroeconomía responsable, advirtiendo que «no podemos jugar con la macroeconomía», ya que «no hay peor impuesto para los pobres que la inflación, el desorden» y esto implica que «hay que profundizar las reformas macroeconómicas» y habrá que hacer «reformas adicionales, primero que nada para que no haya crisis».

«Si algo nos costó socialmente, duplicando el porcentaje de pobres, fue la crisis económica. Bueno, hay que hacer algo para que esa crisis no se vuelva a repetir», apuntó.

Explicó que el segundo paso «es que tenemos que ganar recursos fiscales para hacer frente a las políticas sociales», por cuanto «hay países donde el gasto fiscal por persona son 1.500 dólares y en otros países son 100 dólares», y entonces «uno se pregunta como se puede hacer política de salud, de educación, de vivienda con ese dinero».

«Lo más importante es mostrar estas cifras diciendo que no hay forma de hacer política social sin un Estado vigoroso, sin un sector privado vigoroso y sin una sociedad involucrada», sentenció.

El disertante precisó que esta situación «nos lleva a los grandes pactos fiscales», afirmando que «de alguna manera América tiene que entender que hay que aprender a diseñar políticas fiscales en la administración de impuestos, teniendo en cuenta al funcionamiento del sistema productivo», para que la carga social «no sofoque su capacidad», pero al mismo tiempo deben existir «políticas fiscales que permitan hacer la labor».

«Esto implicaría de alguna forma un gran pacto fiscal, donde se vea exactamente de dónde sale la plata, adónde va, y se forme un gran pacto de la sociedad con el gobierno y con el sector privado», recalcó.

No obstante, aclaró que «hay que gastar bien los impuestos», lo que supone que «hay que evitar la corrupción».

POBREZA Y GASTO SOCIAL

El contador Iglesias hizo especial hincapié en la pobreza crítica en América Latina, precisando que «comprende a 80 millones de personas», pese a lo cual consideró que es un problema «posible de resolver».

«La pobreza crítica es un gran problema de nuestros países y hay que tratar de salir de la indigencia. China lo hizo y tiene 1.300 millones de personas y 1.000 dólares per capita. Nosotros tenemos 3.500 dólares per capita. ¿Cómo se explica que no podamos resolver la indigencia? No es aceptable ni moral, ni ética ni económicamente, porque estamos sacando al mercado millones de personas que serían buenos productores y buenos consumidores», reflexionó.

Asimismo, comentó que «alguna gente se queja que las reformas neoliberales de estos últimos años significaron el sacrificio del gasto social», pero afirmó que «eso no es verdad» por cuanto «el gasto social aumentó al menos un 50% en la década de los ‘90″, sin perjuicio de lo cual «tenemos más pobres que antes».

«Los Estados protegieron el gasto social. Lo que pasa es que la eficiencia de ese gasto es muy baja. Con la misma plata podríamos hacer mucho mejor la salud, mucho mejor educación o vivienda», enfatizó.

INDICADORES SOCIALES

Tras reseñar las distintas visiones económicas y soluciones que se plantearon en las últimas décadas, Iglesias presentó diversos indicadores que delinean el mapa social americano, recordando que «es conocido que de los 500 millones largos que somos en América, hay 100 millones viviendo en condiciones de pobreza.

Esa pobreza, que llegó al 48% a principios de los ‘90, bajó al 42% y volvió a crecer como consecuencia de la crisis financiera», sostuvo.

«Además somos por lejos, sacando al Africa Subsahariana, los que tenemos más pobres en términos relativos que Europa del Este, Medio Oriente, Africa del Norte y todos los demás. Esa pobreza se concentra en el campo (60% frente al 26% en las ciudades) y se focaliza más en los menores que en los mayores (44% de menos de 18 años frente al 28% del resto) y se hace más aguda en los jefes de hogar mujeres que hombres», reseñó.

Añadió que además, América Latina «es la región más desigual del mundo: el 20% de los sectores de altos ingresos captan el 60% de la torta y el 20% de los sectores más bajos captan el 3%», es decir que «hay una distancia de 20 veces de un sector a otro».

Por otra parte, el desempleo «sigue siendo muy elevado», con promedio del 10% «pero hay países con 15 o 16% como nosotros tuvimos en el pasado reciente».

También recordó los impactos que han dejado sobre la situación social «las grandes crisis como se registraron en Argentina y Uruguay, con aumento de la pobreza, la desigualdad y la exclusión».

TRANSICIÓN DEMOGRÁFICA

Ante este panorama donde se incrusta la estructura familiar, comenzó a analizar la transición demográfica que «se caracteriza sobre todo por una tendencia al envejecimiento de la población» con dos efectos notorios en la familia en el largo plazo: primero «hay un disminución de la tasa de dependencia: los niños y viejos, lo que se manifiesta con cifras impactantes», señalando en tal sentido que «en el año 2000 teníamos el 50% de la población entre 0 y 14 años y 8,3% con más de 65 años; en 2010 serán 40% y 8,9%; cuando lleguemos a 2040, aquel 40% bajará al 30% y los más de 65 suben al 20%». «Quiere decir que la dependencia queda más o menos en la misma proporción entre 53 y 58%, pero la composición cambia y hace que los más dependientes sean los de mayor edad», resumió.

En contrapartida, en los próximos 30 años se observará «lo que en el Banco hemos llamado la ventana demográfica», que supone que «vamos a tener menos niños que atender y no vamos a tener todavía la avalancha de la gente mayor para atender y proteger, con lo cual va a haber un aumento considerable de la población que trabaja, produce y ahorra». «Quiere decir que antes que llegue a verificarse el envejecimiento de la población, vamos a tener esta ventana que supone la capacidad de generación de puestos de trabajo, de impacto en la producción y el ahorro, que es un impacto que hay que aprovechar», enfatizó.

Esta «ventana demográfica», junto con la esperada bonanza de la economía internacional son los dos factores que en opinión del titular del BID deben capitalizarse para el desarrollo social que América Latina necesita.