Astori insiste con los beneficios de un TLC

EMILIANO COTELO:
Finalmente con Estados Unidos no negociaremos un tratado de libre comercio (TLC) por la vía rápida, primero procuraremos un Acuerdo Marco de Comercio e Inversión (TIFA) y a partir de esa base empezaremos nuevas tratativas intentando mejorar nuestras exportaciones.

A ese resultado se llegó después de casi un año de debates muy intensos que, sobre todo, se dieron dentro del Frente Amplio (FA) y el gobierno. Una pulseada en la que, para muchos uruguayos, nuestro entrevistado de hoy es uno de los que salió perdiendo.

Tal vez él no esté de acuerdo con ese análisis, nos va a interesar escuchar sus argumentos, pero lo cierto es que se trata del ministro que se mostraba más convencido de que un TLC con Estados Unidos y negociado por la “vía rápida”, era el camino a seguir.

En los próximos minutos vamos a conversar sobre este y otros temas con el ministro de Economía, contador Danilo Astori.

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Ministro Astori, la posición que terminó primando no fue la suya…

DANILO ASTORI:
Yo tengo una discrepancia muy importante con esa afirmación y me gustaría fundamentarla. Lo que me importa más como uruguayo es el objetivo fundamental que estamos persiguiendo, el rumbo que estamos transitando. Y ese rumbo y ese objetivo marcan la necesidad en primer lugar de mejorar la inserción económica internacional del país, por supuesto reconociendo nuestra pertenencia al Mercosur y haciendo compatible esa búsqueda con esa pertenencia.

Se abren muchas posibilidades, en particular estamos explorando las que corresponden a nuestras relaciones con Estados Unidos, con la India y con China, como ha sido dicho. En el caso particular de Estados Unidos la búsqueda de ese objetivo sigue absolutamente viva, el trabajo para materializar un mejor acceso de nuestro comercio al mercado de Estados Unidos y al mismo tiempo una recepción en nuestro país de inversiones provenientes de Estados Unidos sigue adelante.

EC – ¿Pero a usted lo convencieron de que esta vía era la mejor, o siente que perdió una pulseada con otros grupos de poder?

DA – Vamos a empezar por el segundo elemento contenido en la pregunta. En primer lugar, yo no busco resultados personales ni sectoriales, ni siquiera resultados para el FA en su conjunto con este trabajo, lo que estamos buscando es un resultado para el país. Entonces sinceramente y con todo respeto, me parece un error discutir este tema en función de triunfos o derrotas personales, en particular de algunos ministros que integran el gabinete. Lo que tenemos que analizar y por lo que nos tenemos que preocupar es por si el país gana o pierde en este intento que estamos siguiendo. No creo que sea bueno plantearlo en estos términos, lo que nos debe preocupar es el resultado que obtenemos para Uruguay. Y ese resultado no puede ser otro que más comercio, más inversiones, más empleo, más ingreso y mejores condiciones de vida para los uruguayos en su conjunto.

En segundo lugar, el tránsito hacia ese objetivo no se ha interrumpido. Nunca me pareció importante –lo digo con toda sinceridad, nunca desde que planteé este tema, y disculpe que hable en primera persona pero la pregunta está referida en esos términos– la vía sino el resultado y el objetivo, la vía, sea rápida o sea lenta, es lo que menos importa con respecto al resultado. Y el resultado lo seguimos buscando, ahora por intermedio de esta nueva instancia que se llama Acuerdo Marco de Comercio e Inversiones, y yo sigo tan optimista y convencido como al principio de que esto es bueno para Uruguay.

EC – Usted en más de una oportunidad dijo que en esa negociación con Estados Unidos la vía lenta “es penosa y peligrosa, porque, ya lo sabemos, encierra la posibilidad de que cada legislador en el Congreso de Estados Unidos modifique capítulos del acuerdo buscando proteger determinados intereses, abonando así el terreno para los lobbies”. Entonces, el camino que se va a seguir, ¿no le preocupa desde ese punto de vista?

DA – Desde el punto de vista de las apreciaciones mencionadas en la pregunta estoy completamente de acuerdo y reitero que una vía lenta que someta cada punto de este acuerdo al juicio de los legisladores que integran el Congreso de Estados Unidos puede resultar incluso peligrosa para los intereses de Uruguay. Pero ahora estamos explorando, a través de este acuerdo, que es una etapa superior respecto del comité conjunto que existe actualmente, posibilidades que en el futuro no descartan ni un TLC ni el reingreso a la llamada vía rápida, especialmente si se confirman las posibilidades de prórroga de los plazos de la misma como nos lo hizo saber el propio gobierno de Estados Unidos.

EC – Sí, es probable que el gobierno del presidente Bush solicite una ampliación del llamado fast track, la vía rápida, al Congreso de Estados Unidos, pero no por las negociaciones que están pendientes con Uruguay sino por todo el tema de la ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

DA – Exactamente, pero permítame volver un segundito al punto anterior. Habida cuenta de estas consideraciones sobre la vía lenta, las posibilidades de no descartar un TLC en el futuro, la prórroga del término de la vía rápida, la posibilidad del reingreso a esa vía rápida, me gustaría reiterar lo que ya dije: lo más importante es el resultado que podamos obtener. Sea por la vía rápida, sea por la vía lenta, sea reingresando a la vía rápida, sea por la vía de un TLC o sea por otra vía, porque ninguna está descartada, lo que importa es el resultado, que Uruguay pueda materializar en mejores resultados comerciales y de inversión toda la potencialidad que tiene, que es muy importante, eso es lo que nos debe importar a todos. Y ese trabajo, ese rumbo, esa dirección están vigentes hoy, el país sigue caminando en esa dirección.

Y me gustaría redondear esta respuesta señalando algo que me preocupé por enfatizar mucho, primero en la interpelación que tuvimos el canciller y yo en el Senado hace relativamente poco tiempo, y luego en muchas otras oportunidades: todo el gobierno está de acuerdo con este objetivo, no hay una sola diferencia. Puede haber matices en cuanto a detalles, los hay, lo reconozco.

EC – Matices y más que matices.

DA – Sí, matices en cuanto al resultado, vuelvo a opinar desde ese punto de vista. Si ponemos el foco en el resultado lo que puede haber son sólo matices, porque en la búsqueda de este objetivo todo el gobierno marcha unido y está de acuerdo.

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EC – Usted decía que lo importante es el objetivo y enfatizaba que en el objetivo todo el gobierno está de acuerdo. Y el objetivo no ha quedado por el camino pese a que se opta por negociar primero un TIFA y después abrir las tratativas para mejorar efectivamente el comercio con Estados Unidos. Pero lo que se abre por esta vía es un trámite azaroso, incierto y sobre todo con plazos que no tienen un horizonte claro. ¿Cómo analiza ese aspecto del proceso que se viene?

DA – Vamos por etapas. Creo que va a pasar muy poco tiempo entre lo que tenemos hoy y lo que vamos a tener a la brevedad, que es una especie de mayor jerarquía en el ámbito de negociación. Vamos a pasar del Comité Conjunto de Comercio e Inversiones, que existe en este país desde 2002 pero que nunca se había reunido –recientemente hemos realizado la sexta reunión desde que este gobierno lo revitalizó–, al llamado TIFA.

EC – Que abre un ámbito de negociación con representantes de las dos partes. ¿Usted dice que este ámbito tiene una jerarquía mayor que la comisión que hasta ahora venía operando?

DA – Exactamente, porque le permite a la oficina de representantes del comercio de Estados Unidos, y a nosotros también, buscar posibilidades de incrementar comercio e inversiones más claramente que el Comité Conjunto de Comercio e Inversiones.

EC – ¿Por qué?

DA – ¿Qué hizo Estados Unidos –creo que por normas internas en vigencia– hasta ahora en el Comité Conjunto? Solamente una cosa, lo único que le permite hacer, que es presentar otros casos, presentar el contenido de otros acuerdos que Estados Unidos hizo. Y precisamente eso fue lo que realizaron los representantes de Estados Unidos en este comité recientemente, presentaron el acuerdo con Perú. Al mismo tiempo Uruguay presentó un análisis que se hizo desde diferentes puntos de vista sobre tópicos que están en juego en un acuerdo de este tipo: bienes, servicios, propiedad intelectual, compras gubernamentales. Eso fue lo único que se hizo: presentar por un lado inquietudes y por otro experiencias realizadas.

Ahora en un llamado TIFA se puede hacer más que eso. Estados Unidos y sus representantes quedan autorizados a explorar posibilidades de acceso a los mercados de bienes y servicios, a destrabar obstáculos a la inversión, y al mismo tiempo el país que negocia con Estados Unidos, en este caso Uruguay, puede presentar aspiraciones en el sentido de lograr sus objetivos, mejorar el acceso comercial al mercado de Estados Unidos y mejorar los flujos de inversiones.

EC – Una pregunta que nos han hecho varios oyentes: con un acuerdo TIFA, ¿se pueden lograr reducciones de aranceles como con un TLC?

DA – No.

EC – Porque ahí estamos hablando de acceso a mercados, la piedra angular de cualquier mejora sustancial en el comercio bilateral.

DA – No se puede y no se negocia.

EC – ¿Entonces?

DA – Lo que se puede hacer –y vamos a hacer– es buscar las posibilidades y el formato que debería tener un acuerdo que ponga en juego cuotas, aranceles y lo que nos interesa desmontar en nuestra relación comercial con Estados Unidos. Tomemos el principal producto de exportación de Uruguay a Estados Unidos, que es la carne, la carne fuera de la cuota que tiene, que es muy reducida, está pagando un arancel altísimo, entonces en el TIFA se analizan las posibilidades de reducir ese arancel o aumentar las cuotas, pero no se resuelve allí. Se llega a la conclusión de que el formato propio que debería tener una decisión de este tipo es lo que hay que poner en práctica en el futuro.

EC – Ese formato es un TLC, ¿qué puede ser si no es un TLC?

DA – Estados Unidos está negociando cuatro tipo de acuerdos bilaterales con diferentes países del mundo. Uno es el formato TLC, otro es el Acuerdo de Promoción del Comercio, otro es el Acuerdo de Promoción y Protección de Inversiones, y el cuarto es el llamado TIFA. Esos son los cuatro formatos que hay.

EC – Los tres primeros requieren visto bueno del Congreso.

DA – Uno de ellos ya está en vigencia.

EC – Sí, el de Protección de Inversiones.

DA – No es un hecho menor, quiero recordarlo especialmente. No me gusta plantearlo en términos tan mecánicos, pero un Tratado de Promoción y Protección de Inversiones como el que Uruguay tiene en vigencia con Estados Unidos es más de la mitad de un TLC. No sólo porque está regulado todo el tema inversiones, sino porque en gran medida está regulado todo el tema servicios.

EC – Pero no incluye, por ejemplo, rebaja de aranceles.

DA – Exacto, en el marco del TIFA tenemos que ver qué formato concreto, y si es un TLC qué contenido concreto podría tener un acuerdo de este tipo, y allí ir buscando las posibilidades de aproximación, tomando nota de todas las dificultades que habría que remover o superar para tener más comercio e inversiones entre Uruguay y Estados Unidos.

EC – Pero si vamos a hablar de plazos, usted dice que el TIFA va a firmarse relativamente pronto, el doctor Gonzalo Fernández hablaba de que como máximo eso ocurriría en los primeros meses del año próximo. Pero la negociación posterior que podría conducir a rebajas de aranceles y eventualmente terminar en un TLC, ¿cuánto tiempo lleva?

DA – Seguramente va a ocupar, en caso de que podamos desarrollar ese proceso, al menos gran parte del próximo año. Pero me gustaría señalar con claridad que en este caso no hay plazos preestablecidos, aprovecho esta instancia para señalar que el tiempo transcurrido hasta ahora desde la entrevista de los presidentes Vázquez y Bush y el que podrían insumir las etapas posteriores a recorrer no constituyen un lapso exageradamente largo frente a la dimensión de lo que podríamos lograr. Estoy absolutamente convencido de que un progreso en cuanto a la inserción comercial de Uruguay en Estados Unidos y a los flujos de inversión provenientes de ese país y relacionados con estos flujos comerciales, Uruguay sólo tiene para ganar, en términos de comercio, de ingresos, de empleo, de condiciones de vida de su gente. Eso es lo que marca la evidencia empírica que tenemos hasta ahora.

Si tomamos el caso de México, el comercio de México con Estados Unidos se ha triplicado en un lapso muy reducido. Me decían las autoridades comerciales de Estados Unidos que en el ranking de socios comerciales de ese país antes del tratado México se ubicaba en el decimosegundo lugar y hoy es el segundo en el mundo. Chile ha duplicado su comercio con Estados Unidos en dos años. Todo esto es mayor ingreso, más y mejor empleo, mejores condiciones de vida para los uruguayos.

EC – Fuentes del equipo negociador que cita hoy el semanario Búsqueda insisten en que el resultado final del camino TIFA es incierto. Recuerdan que más de veinte países, en su mayoría africanos y árabes, firmaron TIFA con Estados Unidos, pero sólo cinco lograron evolucionar hacia un tratado comercial. ¿Entonces?

DA – No me parece una mala proporción, en primer lugar, cinco en veinte no es una proporción baja; en segundo lugar, esto depende en gran medida de la voluntad de las partes.

EC – ¿Y qué impresión tiene a propósito de la voluntad de las partes?

DA – Mi impresión es que Uruguay está muy convencido de los beneficios que podría tener una experiencia de este tipo. Cuando digo Uruguay me refiero al gobierno uruguayo y ojalá a un consenso creciente de la sociedad y el sistema político…

EC – De eso vamos a hablar enseguida, está claro que mucho consenso no había. Pero no lo interrumpo.

DA – Está muy bien la interrupción, me da pie para decir que esta modalidad de tratamiento del tema que estamos siguiendo en Uruguay facilita la búsqueda de consensos, nos da tiempo, nos da la posibilidad de ir convenciendo a quienes hoy no están convencidos, nos da la posibilidad de sumar voluntades a un camino de este tipo. Un camino de este tipo tiene que sumar voluntades.

EC – ¿Qué percibe del lado de Estados Unidos?

DA – Del lado de Estados Unidos percibo una gran voluntad para progresar. Lo percibo incluso en señales tales como recibir en los primeros días de esta semana la mejor delegación posible de Estados Unidos, no había otra mejor que esa. El señor Eissenstat y la señora Croning presidiendo un equipo de connotados profesionales le demostraron a Uruguay que Estados Unidos concede mucha importancia a esta relación. Y para llegar a un buen resultado el hecho de que Estados Unidos demuestre voluntad política para seguir adelante es muy importante, es absolutamente importante para entrar en esa proporción de cinco a veinte, que no me parece baja.

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EC – Usted decía más temprano que rechazaba la idea de que con esta decisión usted y quienes impulsaban el camino del TLC hubiesen sido derrotados. De todos modos el análisis político de lo que pasó y de cómo operaron el FA y el gobierno en lo interno merece algunos minutos. Porque la idea del TLC –no sólo la idea del TLC negociado por la vía rápida, que despertaba temores enormes en una parte de la izquierda–, el concepto de TLC, generó un rechazo muy amplio dentro del partido de gobierno. ¿Quiénes lo acompañaban? ¿Quiénes siguen pensando en la idea de un TLC? Uno ve la distribución por grupos y piensa: Asamblea Uruguay, la Alianza Progresista y el Nuevo Espacio. Pero estamos hablando de la cuarta parte de los senadores. ¿Cómo ve esta parte del problema?

DA – La veo desde una perspectiva positiva. Esta decisión que tomó el gobierno, en particular el presidente de la República que está conduciendo personalmente este proceso, nos permite trabajar en primer lugar con más calma, sin la premura o la perentoriedad que puede derivar de plazos muy exigentes. Y en segundo lugar, confiriéndonos la posibilidad, la oportunidad de seguir analizando con calma el camino que venimos transitando, convenciendo a gente que quizás pueda no compartir el objetivo –vuelvo a decir que el objetivo es lo más importante–, dándonos posibilidades de aunar esfuerzos y convicciones con la oposición política. No hay que olvidar que esta es una cuestión esencialmente de Estado, no es una cuestión de gobierno, mucho menos de una fuerza política, menos aun de algún sector político y allá en el último eslabón de esta cadena de jerarquías en el terreno personal, es una cuestión de Estado. Y en una cuestión de Estado es fundamental ir conversando con los demás partidos políticos, ir midiendo cada paso que se da. Yo lo veo por la positiva, esta decisión nos permite buscar acumular convicciones y eso es muy importante para un país que está dando pasos fundamentales desde el punto de vista de su inserción económica internacional.

EC – Pero no era ese el plan hasta hace poco. ¿Ustedes se toparon con una resistencia más fuerte de la que esperaban?

DA – Perdón, el plan de generar una gran convicción nacional estuvo siempre.

EC – Pero no era el plan negociar de la manera como se va a terminar negociando.

DA – Los tiempos y la realidad, que son fundamentales en un proceso de este tipo, uno no puede avanzar en este tema ni en otros similares negando la realidad, nos fueron dando esos elementos de juicio. Comenzamos concretamente este camino el 4 de mayo en la entrevista que el presidente Vázquez tuvo con el presidente Bush, a partir de allí se fueron recorriendo etapas, se reunió el Comité Conjunto, se generó una suerte de discusión en el país, Estados Unidos fue midiendo sus tiempos también y la realidad nos fue conduciendo a que en este momento y en estas circunstancias es preferible seguir persiguiendo el mismo objetivo de siempre –pido perdón por la reiteración, pero el objetivo y los resultados son lo que cuenta, y los resultados se miden en términos de más comercio, más inversiones, más empleo, más ingresos para los uruguayos–, que sigue absolutamente tan vigente como al principio.

EC – ¿Qué dice a propósito de la lectura que señala que esta decisión que terminó tomándose con respecto al rumbo de las negociaciones con Estados Unidos es un mojón importante en la resistencia dentro de la izquierda a la política económica que viene siguiendo esta administración y que lo tiene a usted como el principal abanderado?

DA – Es probable que en algunos sectores, en algunas personas predomine esa actitud. Sinceramente no creo que eso represente a la mayoría de la izquierda, en todo caso los hechos lo dirán en el futuro. Pensamos que para la conducción económica que tiene el país, este resultado, ese progreso en cuanto al objetivo que estamos persiguiendo, es absolutamente fundamental.

EC – Usted lo marca como un progreso.

DA – No tengo la menor duda. Es un progreso porque, primero, mantiene el trabajo en vigencia; segundo, nos permite dar un paso hacia delante porque el TIFA es más que el Comité Conjunto de Comercio e Inversiones –tal vez menos de lo que habríamos deseado, pero es un paso–; tercero, porque personalmente soy muy optimista acerca de estos resultados porque veo voluntad en ambas partes; y finalmente porque esto nos va a permitir avanzar con un mayor apoyo tanto desde el interior de la izquierda como desde el punto de vista del sistema político y la sociedad en su conjunto. Yo presumo –no lo puedo demostrar, aunque ha habido algún sondeo de opinión pública hace relativamente poco tiempo– que la mayoría de la sociedad uruguaya ve con buenos ojos este camino y el resultado que estamos procurando lograr. La mayoría de la sociedad uruguaya ve que por esta vía se le presenta a Uruguay una oportunidad importante.

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EC – Si entiendo bien, su lectura es algo de este estilo: propusimos 100, un 100 que no estaba en la agenda para nada, ahora terminamos obteniendo 50 o 40, entonces no es que perdimos sino que avanzamos porque estamos más cerca del 100. ¿Es algo de ese estilo?

DA – Si la propuesta de 100 refiere al objetivo y a los resultados que pretendemos obtener, sigue vigente como norte. Como eso es lo que creo que nos debe importar a todos, mucho más que la velocidad en base a la cual podemos llegar al objetivo de 100, sigamos trabajando con esa perspectiva positiva –en mi caso optimista– habida cuenta de la realidad en la que estamos trabajando. Vale la pena no bajar los brazos, seguir adelante, a Uruguay le espera sin ninguna duda un resultado favorable si logra mejorar su acceso comercial al mercado de Estados Unidos y recibir de ese país un flujo más importante de inversiones.

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EC – Hay quienes creen que al Poder Ejecutivo le faltó gobernabilidad para avanzar en el camino que en el principio se había propuesto. Es una interpretación que hizo, por ejemplo, el senador Isaac Alfie, ex ministro de Economía, cuando hablamos con él ayer aquí En Perspectiva.

(Audio)

“ISAAC ALFIE:
Creo que Uruguay, que jugó claramente –nadie puede decir que no estaba jugado– a hacer un TLC, ahora queda como un país sin rumbo, porque si la excusa es ‘tengo un problema con el PIT-CNT porque tiene elecciones’ y ‘tengo un problema en el Frente Amplio porque también hay elecciones a fines de noviembre’, pobre favor se le hace a un gobierno; del otro lado van a decir que el gobierno no gobierna.”

(Fin.)

EC – ¿Qué dice usted de esta imagen que por ejemplo el ex ministro Alfie tiene de cómo han manejado ustedes las cosas?

DA – Voy a reiterar que para que el país salga adelante en este y otros temas fundamentales –este es un tema fundamental– se requiere elevar las miras, tratar de no convertir este tema en un tema de polémica político-partidaria y mucho menos sectorial o personal, concentrar el foco en los resultados que Uruguay puede obtener desde este punto de vista y ayudar. Confío en que esta modalidad sobre cuya base vamos a seguir trabajando nos dé la oportunidad de levantar las miras, dentro y fuera de la izquierda.

EC – Pero usted como ministro, ¿cómo se siente integrando un gobierno en el que pasan estas cosas, se propone algo y la propia fuerza política que respalda a ese gobierno ingresa en un debate que alcanza ribetes durísimos en algunos momentos, empantana un tema y después con suerte llega a una solución intermedia o directamente el tema queda por el camino? No ha pasado sólo con esto, pensemos en la reforma tributaria, que parece que ha llegado a un acuerdo ahora dentro del FA.

DA – Ha llegado, no parece.

EC – Pero se anunció varias veces que había acuerdo y después faltaba algún detalle más. ¿Cómo observa esta parte del funcionamiento del gobierno?

DA – Yo me siento muy bien, cada vez mejor. La pregunta fue así: ¿cómo se siente usted? Yo contesto me siento muy bien. Las discusiones no me asustan, no me creo el dueño de la verdad –disculpe que hable en primera persona pero la pregunta fue muy personal–, quiero escuchar a los demás.

EC – ¿Pero cómo la fuerza que llegó al gobierno puede tener tantas diferencias internas a propósito de piedras angulares de sus primeros años de gestión?

DA – A esta altura tengo que preguntarme a mí mismo si me están entrevistando o me están convenciendo. Reitero que me siento muy bien, nunca me he creído el dueño de la verdad, siempre he hecho un esfuerzo por escuchar la parte de razón o la razón que pueden tener los que piensan diferente. Este es un tema crucial y me importa avanzar pero con seguridad.

EC – Pero trabajando así, un gobierno como este, ¿da las certezas que se necesitan en su área, en el área económica, macroeconómica, por ejemplo a los inversores, cuando se necesitan inversiones para generar puestos de trabajo?

DA – Si quiere analizamos los números ahora, no nos va a dar el tiempo. Los números dicen que sí, que estamos dando esas certezas, porque Uruguay está llegando a niveles de inversión que no tuvo en mucho tiempo o que nunca tuvo en su historia contemporánea. El año que viene vamos a estar en un 20% de tasa de inversión sin contar las plantas de celulosa. Si le parece que no estamos dando certezas… La inversión este año va a aumentar 35% en términos reales, vamos a llegar a más de 5.000 millones de dólares de inversión. ¿Le parece que no estamos dando certezas? Tenemos la menor tasa de desempleo en diez años, la mayor tasa de empleo en veinte años. ¿No estamos dando certezas? Los números cantan una realidad objetiva que está más allá de las opiniones.

Mi respuesta a esta pregunta es absolutamente afirmativa: sí, estamos dando certezas. Tenemos que mejorar, por supuesto, siempre hay que mejorar. Y obtener un buen resultado respecto del tema que venimos analizando va a ayudar a mejorar esos resultados, sin ninguna duda. Estoy seguro de que lo vamos a lograr. Quizás, como dije antes, con un poco más de lentitud, pero también con un poco más de fortaleza, un poco más de seguridad, un poco más de certeza. Por eso me parece que el camino elegido es correcto.

EC – Desde el punto de vista de las certezas, de las señales, del marco para la inversión, no sólo hay quienes entienden que ese camino sinuoso que el gobierno sigue al tratar algunas cuestiones clave es un problema, sino que ponen el foco concretamente en el ámbito de las relaciones laborales y están diciendo últimamente: la piedra en el zapato de la gestión de este gobierno en materia económica es el frente sindical, los problemas con las ocupaciones, las dificultades para llegar a acuerdos en los consejos de salarios, los paros en varios sectores y por motivos varios. Hay ejemplos muy candentes en estos días, el sector lácteo, el paro en la construcción de la planta de celulosa de Botnia. ¿Cómo observa esta otra parte de las advertencias que se hacen desde fuera del gobierno?

DA – Desde este punto de vista Uruguay vive un período de transición entre una etapa en la que los temas laborales prácticamente no se discutían y se resolvían casi siempre en contra de los trabajadores por diversos motivos, que incluyeron la crisis, a la etapa que se vive hoy en que esto está en discusión y se busca lo que me parece una necesidad: que haya un mayor equilibrio entre los intereses de los trabajadores y los de los empleadores. Esto genera situaciones de conflicto como las que estamos viendo.

EC – ¿No se le fue de las manos al gobierno el frente sindical?

DA – No lo creo. Quien está mucho más autorizado que yo para contestar esto es el ministro de Trabajo, pero sinceramente como ministro de Economía no creo que haya ocurrido eso. Y creo otra cosa bien distinta y una vez más por la positiva: estamos transitando hacia un concepto global de estabilidad que incluye la estabilidad laboral y social, que es tan o más importante para las certezas de las que hablábamos hoy en el sentido de señalar que tenemos que darles garantías a los inversores en lo que solemos llamar un clima propicio de negocios, pero eso también incluye garantías y estabilidad para los trabajadores, para tener un concepto de estabilidad global. Estamos atravesando una época difícil, la considero una época de transición, pero si seguimos avanzando por esta vía –con paciencia, tratando de asegurar reglas claras para todo el mundo– el porvenir, el resultado que vamos a obtener con este esfuerzo que se está haciendo es ese concepto de estabilidad global que le hace bien a la economía y que incluso les va a hacer bien en particular a los empleadores.

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EC – El ministro Astori en casi todos los temas que hemos venido conversando esta mañana termina privilegiando la visión optimista.

DA – Y positiva.

EC – ¿No tiene inquietudes, entonces?

DA – Eso es otra cosa.

EC – ¿Preocupaciones?

DA – Preocupaciones también.

EC – Pero tiene una tendencia permanente a ver el vaso medio lleno y no el vaso medio vacío. Esa parece su filosofía.

DA – ¿No es esa la actitud que hay que adoptar para construir un país mejor? Hay mucha gente que está esperando mejorar su vida y eso depende en una medida muy importante de las posibilidades de acceder a un buen trabajo, y ese buen trabajo está muy condicionado por la necesidad del progreso económico, de la mayor inversión, del mayor comercio. Es absolutamente fundamental trabajar con criterio positivo, basado en los aspectos buenos de los procesos que están en juego, y es una buena inspiración para tratar de encontrar el mejor camino para el país. No es un optimismo fácil y vacío de contenido, es la actitud positiva que hay que asumir buscando el mejor camino para los uruguayos. Son muchos los uruguayos que están esperando resultados, y es para ellos que tenemos que trabajar. Siempre lo he dicho, el principal objetivo de la conducción económica del país, el de mayor jerarquía, es mejorar las condiciones de vida de los uruguayos, particularmente las de aquellos que más lo necesitan.

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Edición: Mauricio Erramuspe
Fotos: Alexandra Hahn