Asumió nuevo jefe de Gabinete argentino y prometió diálogo

Argentina tiene desde ayer un nuevo jefe de Gabinete. Sergio Massa, de 36 años y hasta ahora intendente de Tigre, asumió ayer en medio de un gobierno en plena crisis. Massa prometió “mucho diálogo” con la oposición, las provincias y el sector rural, y aseguró que dirá a la mandataria “cada cosa que pueda ver, sentir, percibir que haga falta para trabajar, mejorar la gestión de gobierno y la vida de los argentinos”.
Massa prestó juramento en un nutrido acto en la Casa de Gobierno. Fue saludado efusivamente por la mandataria y por su antecesor, Alberto Fernández. El jefe de Gabinete saliente dimitió luego de cuatro meses de conflicto entre el gobierno y el campo y por diferencias con el ex presidente Néstor Kirchner –el gran ausente del acto de ayer–, quien lo nombró en mayo de 2003. Entre las ausencias notables, se sumó la del vicepresidente Julio Cobos, cuyo decisivo voto en el Senado provocó el rechazo al polémico proyecto de ley sobre las retenciones a la exportación de granos, una medida que desató el conflicto con el campo que se desarrolló durante 130 días.

El distanciamiento entre el matrimonio Kirchner y Fernández se puso de manifiesto durante la ceremonia de toma de posesión, en la que Alberto Fernández se acercó a saludar a la presidenta y ésta le respondió sin ni siquiera mirarle a la cara. “Quiero morir siendo amigo tuyo y de Néstor, pero si las cosas siguen como están vamos a terminar mal. Prefiero dar ya mismo un paso al costado”. Eso le dijo Alberto a Cristina cuando le comunicó que se iba del gobierno.

Por pensar distinto. “Sentí que no tenía sentido seguir en un lugar donde me costaba sostener lo que yo pensaba. Lo mejor que podía hacer era decirle a la presidenta que en esta instancia hay cosas que vemos distinto”. Alberto Fernández explicó así ayer por qué renunció el miércoles. “Creo que en este momento, sinceramente no estoy ayudando. Es más lo que complico que lo que ayudo, y por eso la decisión”, agregó.

El ex jefe de gabinete reconoció que el Ejecutivo está “en un momento difícil” del que “hay que salir adelante”, pero remarcó que el país “tiene una gran presidenta”.

Fernández evitó comentar rumores sobre enfrentamientos suyos con otros miembros del gobierno y subrayó que no cree que “deban renunciar” el resto de los ministros, como piden sectores de la oposición. No son pocos los que aseguran que la salida de Fernández del gobierno debe ser vista como un triunfo de la “línea dura” de la administración K: el ministro de Planificación, Julio De Vido, y el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno; los dos funcionarios más cuestionados.

De Vido maneja el mayor presupuesto del gabinete, es responsable de las licitaciones de obras públicas y de los millonarios subsidios que otorga el Estado a las empresas de servicios públicos. Moreno fue el principal defensor de los gravámenes y promotor de un rígido esquema de control de precios que hasta ahora no ha tenido éxito. También ha sido acusado de presionar a productores y de intervenir directamente para manipular el índice oficial de inflación.

Sin cambios. La llegada de Massa, un joven dirigente peronista que construyó una relación de confianza con el matrimonio Kirchner y elogiado como un administrador eficaz, abre tantas expectativas como incógnitas. Los analistas aseguran que el cambio de Massa por Fernández no cambiará la forma en que se maneja el gobierno de Cristina. “Sergio Massa viene con un poco de frescura para un estilo sin matices. La designación (…) implica que nada cambia sustancialmente”, indicó Rosendo Fraga, Director del Centro de Estudio Nueva Mayoría. Por su parte, Carlos Pagni escribió en La Nación que “con la llegada de Massa a la Casa Rosada el gobierno se parecerá más a sí mismo”.

“La renuncia del jefe de Gabinete fue un gesto de Alberto Fernández en contra de Néstor Kirchner. Posiblemente, Fernández con su renuncia quiso precipitar una crisis de gabinete, obligando al matrimonio a reemplazar a gran parte del gobierno e incluso provocar el alejamiento de sus adversarios, como De Vido y Moreno. Pero Kirchner pudo neutralizar la jugada de Fernández”, dijo Fraga. “La política de Kirchner de nunca cambiar bajo presión –en gran medida compartida por su esposa– lo llevará ahora a postergar cualquier cambio para no mostrar debilidad (…) Cristina vuelve a desperdiciar la oportunidad de realizar un necesario replanteo de su estrategia”, agregó.

“La renuncia de Fernández cerró un ciclo histórico en el gobierno del kirchnerismo, pero nada garantiza que la etapa que se abrió será mejor”, opinó, por su parte, Joaquín Morales Solá en La Nación. (El Observador y agencias)