Avalancha de números

La balanza de pagos ha empezado a mostrar a su cuenta corriente adentrándose en los números en rojo, habiendo alcanzado un déficit de 1,0% del PIB en los 12 meses a setiembre. Primero el crecimiento de la factura de petróleo y derivados, y más recientemente las importaciones de bienes de capital, explican tal trayectoria. Dicho déficit es aún muy moderado y se habrá de profundizar con el transcurso de los próximos trimestres, pero en esta oportunidad no vendrá de la mano, como en otras, de un «boom» de consumo, sino ligado a una inversión extranjera directa que no deja de sorprendernos cada trimestre. En el tercero de 2006, ésta alcanzó a U$S 547 millones, totalizando U$S 1.435 millones en los últimos 12 meses, lo que representa un 7,7% del PIB del período.

En cuanto a la deuda pública, cuyo manejo fue el capítulo más destacado de la política económica en 2006, se observa que en términos absolutos se ha estabilizado, naturalmente, de la mano de un muy moderado déficit financiero del sector público, que es casi totalmente financiado con base monetaria. La deuda pública total, neta de los activos externos, que al cabo del tercer trimestre de 2005 se ubicaba en U$S 10.514 millones, un año más tarde resultó inferior, y se situó en U$S 10.432 millones. Mientras tanto, si se la considera como proporción del PIB, se comprueba que continúa firme la trayectoria descendente en la medida en que este ha seguido creciendo aceleradamente en términos de dólares tanto por su propio crecimiento real como por la inflación en dólares. Al cabo de setiembre, la deuda neta antes referida, se ubicó en el 55,7% del PIB, ya muy lejos del «récord» de 2003, cuando llegó al 84,0% del PIB.

Con relación a los números sobre producto interno bruto, difundidos a mediados de diciembre, veo dos aspectos a destacar: por un lado, y como se esperaba, se recalcularon los resultados de los trimestres anteriores, ya que además de los ajustes habituales, en alguna rama industrial se habían conocido significativas enmiendas a la información anterior. Lo cierto es que considerando conjuntamente el último trimestre de 2005 y los dos primeros de 2006, el ajuste, hacia abajo, fue de 1,5 puntos porcentuales. Por otro lado, el dato del tercer trimestre fue «flojo», con un crecimiento de sólo 0,9% en términos desestacionalizados entre el segundo y el tercer trimestres. Flojo, naturalmente, en comparación con las muy elevadas tasas del último trienio, y en particular con la de 3,0% registrada en el trimestre anterior, aún después de efectuada la referida corrección de la serie. No obstante, la tasa registrada en el tercer trimestre está en línea con lo que ha de ser actualmente la tasa de crecimiento a largo plazo de nuestra economía, y también con lo que nos tendremos que acostumbrar a ver de aquí en más, tras la extraordinaria recuperación de la economía que se registró desde 2003. En ese año, y no considerando promedios anuales sino variaciones entre cuartos trimestres (o «de punta a punta» de cada año), el PIB creció 15,1%; en 2004, subió 9,4%; en 2005, creció 6,0%, y para 2006 se espera que se repita esta tasa.

El fin de año también trajo buenas noticias en materia de desempleo, ya que en octubre, y para el promedio del país, su tasa se ubicó en 9,7% por primera vez en un dígito desde 1998. Si bien los datos actuales no son comparables con los previos a 2006, debido a que cambió la encuesta, y que al hacerlos algo más comparables aún se estaría por encima de la barrera del 10%, aquél dato es una muy buena noticia, porque se fundamenta en un firme crecimiento del empleo. Los niveles de las tasas de empleo no son comparables entre 2005 y 2006, pero obsérvese su trayectoria para el promedio del país urbano en los tres primeros trimestres de cada año: mientras que en 2005 las tasas respectivas fueron de 51,0, 51,4 y 51,1, en 2006 se ubicaron en 52,7, 53,7 y 54,2.

En cuanto a los salarios, por tercer año consecutivo hay un aumento relevante en el índice medio en términos reales. Sin embargo, en 2006 hubo comportamientos muy diversos entre los sectores privado y público. Mientras que este último sólo tuvo el ajuste anual de enero, cuando entró en vigencia la ley de presupuesto, el privado recibió dos aumentos en el marco de los convenios acordados en los consejos de salarios. En los doce meses finalizados en noviembre, los salarios privados subieron 10,9% mientras que los públicos aumentaron 7,9%, en ambos casos por arriba del IPC, pero con una brecha notoria a favor del sector privado. Para el ámbito público, en el que nuevamente este año habrá un sólo ajuste salarial, habrá que esperar a fin de febrero para ver a cuánto asciende, debido a que habrá de entrar en vigencia un conjunto de aumentos diferenciales por la ley de rendición de cuentas. En principio, cabe esperar un aumento nominal promedio algo por encima de 10%.

Hablemos ahora de 2007. El Copom del BCU ajustó a la baja el rango objetivo para el IPC después de un año y medio sin hacerlo. El último escalón entró en aplicación al cierre de 2006 (4,5% a 6,5%) y ahora se dispuso que para los doce meses a terminar en junio de 2008, el rango sea de entre 4% y 6%. También anunció que los medios de pago (el agregado monetario «M1») crecerán a una tasa de 15% anual para hacer accesible esa meta, lo que el propio Comité consideró una política «neutral». De hecho, en el segundo semestre de 2006 ya se dio una fuerte caída de la tasa de crecimiento interanual de la base monetaria, lo que tarde o temprano se traduce en un comportamiento similar de los medios de pago. Pero con los precios creciendo en el eje del 5% anual y el PIB creciendo a algo menos de esa tasa en términos reales, queda la impresión de que un 15% es poco. De hecho, la economía sigue transitando por un proceso de sostenida monetización o, en otras palabras, de aumento de la demanda real de dinero, y una oferta monetaria creciendo tan poco por encima del volumen nominal de las transacciones suena a escaso. Obsérvese que en 2005 la velocidad de circulación del dinero se redujo en 17% y que en los 12 meses finalizados en noviembre de 2006, se registró una reducción adicional de 11%. ¿Por qué tendría que caer esta tasa a menos de la mitad este año?

Por último, el Comité conjunto del BCU y el MEF, de Coordinación Macroeconómica, produjo un frondoso informe con proyecciones del programa financiero para 2007. Un nuevo paso de la actual administración en la dirección de compartir más información con los agentes económicos. El primero, también inédito, había sido en ocasión del envío al Parlamento del proyecto de ley de presupuesto quinquenal. Entre los muchos datos allí incluidos, me interesa destacar cuatro.

Primero, que la conducción económica espera que el PIB crezca 4,5% este año, lo que parece razonable.

Segundo, que se ratifica la meta de que el superávit fiscal primario se ubique en 2007 en 4,0% del PIB, aún cuando esa meta había sido establecida en el acuerdo con el FMI cuya vigencia cayó. Esto es una señal muy importante en materia de compromiso fiscal.

Tercero, esperan un nuevo «deterioro» de la cuenta corriente de la balanza de pagos, que pasaría de un déficit de 2,3% del PIB en 2006 a 3,4% en 2007. Cabe reiterar lo dicho más arriba en cuanto a que este no es un «déficit malo» como los de otrora cuando se traspasaba la barrera del 3% del PIB.

Cuarto, el equipo económico proyecta un aumento del salario real de 6,3% entre los promedios de 2006 y 2007, con magnitudes muy próximas en los sectores privado y público, a lo que habrá de contribuir en el primer caso el «arrastre» desde 2006 y en el segundo, el ya señalado aumento desde enero, principalmente debido a la aplicación de la ley de rendición de cuentas.

Si este panorama se va concretando a lo largo del año, 2007 será un nuevo año para tener la mira puesta más en lo micro que en lo macro. Que, a fin de cuentas, allí es donde más se juega el país del largo plazo.