BBVA anticipa recuperación rápida de la economía local

Con una recuperación de la confianza de los agentes, que permita retomar las decisiones de consumo e inversión postergadas, la economía local estaría en condiciones para “una recuperación relativamente rápida”. Sin embargo, la consolidación de altas tasas de crecimiento en el mediano plazo dependerá de la forma en la cual se dé respuesta a problemas estructurales como la elevada dolarización, el nivel de inversión reducido y la credibilidad del Banco Central en el cumplimiento de su meta de inflación.
Así se refirió ayer Joaquín Vial, economista jefe para América del Sur del Grupo BBVA, durante la conferencia titulada “Posicionamiento uruguayo y regional frente a la crisis global” realizada ayer en la casa central de la institución.

El responsable del Servicio de Estudios Económicos del banco español analizó la coyuntura global y sus efectos directos en la economía uruguaya. Según señaló, su visión sobre el desempeño de América Latina y del país en particular son “muy optimistas” y sostuvo que “cuando se asiente la polvareda, (las economías regionales) van a salir fortalecidas en términos relativos”, con menores primas de riesgo y un mayor atractivo para los capitales internacionales.

Crisis de confiaza. En contraposición con crisis anteriores, Vidal destacó que en esta oportunidad, los agentes adoptaron una fuerte actitud preventiva, amplificando el efecto de la crisis sobre el nivel de actividad.

“La gente se asustó demasiado y las empresas recortaron su producción más rápido que la baja de las ventas”, lo que produjo una caída del Producto Bruto Interno (PBI) “innecesaria”, según señaló el experto chileno. Aun así, explicó que el efecto de las expectativas sobre el nivel de actividad lleva a que el repunte de la confianza de los agentes en el desempeño de la economía abra lugar a “una recuperación relativamente rápida”.

Desafíos. Una vez superada la crisis, sin embargo, a la economía uruguaya se le presentarán dos posibles escenarios, según Vial. Uno de crecimiento lento con escaso efecto sobre el bienestar de la población y otro donde la brecha con los países desarrollados se verá reducida a largo plazo.

Para materializar el segundo, Uruguay debería reducir sus altos niveles de dolarización –un “caro mecanismo de defensa contra la inflación” debido a que obliga al Estado a mantener altos niveles de reservas para asegurar la estabilidad del sistema financiero–, mejorar las tasas de inversión –que “apenas alcanza” para recuperar el desgaste de capital– y mejorar la credibilidad de la autoridad monetaria en materia de políticas de metas inflación explícitas.

Al mismo tiempo, señaló la necesidad de eliminar las “rigideces fiscales que impiden que los recursos sean destinados a apoyar el crecimiento”, como la seguridad social y el pago de intereses –la tercera parte de los ingresos del Estado–.