Benedicto XVI nació a la historia ante la atenta mirada del mundo

Faltaban unos 10 minutos para las 13 horas de Uruguay, cuando la fumata blanca hizo que el mundo entero mirara al Vaticano. Minutos más tarde las campanas de la basílica de San Pedro repicaron, y ya no hubo dudas: los 115 cardenales habían elegido al nuevo Papa en una de las elecciones más cortas de los últimos dos siglos, con solo cuatro votaciones. El elegido fue el cardenal alemán Joseph Ratzinger, a quien el propio Papa Juan Pablo II le rechazó varias veces la renuncia y lo convenció de que no regresara a su tierra natal y permaneciera en el Vaticano.
En Roma el humo y las campanadas llamaron a los fieles y hasta las monjas tomaron sus largos hábitos y corrieron rumbo a la plaza de San Pedro. En el lugar se congregaron 200.000 personas para conocer al nuevo Pontífice. A la hora 13.40 abrieron y cerraron las cortinas de un ventanal lo que hizo estallar a la muchedumbre. Tras el amague, el cardenal protodiácono chileno, Jorge Arturo Medina Estévez, presentó al nuevo Papa a los 1.100 millones de católicos del mundo: “Annuntio vobis gaudium magnum Habemus Papam” (Os anuncio una gran alegría, tenemos Papa).

“Queridos hermanos y hermanas, después del gran papa Juan Pablo II, los cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador en la viña del Señor”, fueron las emocionadas primeras palabras de Ratzinger, quien para entonces ya había tomado el nombre de Benedicto XVI.

Nacido en Baviera en 1927 un sábado de abril previo a Pascuas, Ratzinger es el séptimo alemán que se convierte en Papa. El último compatriota suyo que llegó a Sumo Pontífice fue Adrián VI, quien estuvo al frente de la Iglesia brevemente entre 1522 y 1523.

El hasta ayer cardenal rompió un par de tradiciones. Es la primera vez que las campanas repican por el nuevo Papa tras el humo blanco, para evitar las confusiones. En el Vaticano, el campanario de la basílica de San Pedro sonó a más no poder. En Tierra Santa las campanas del Santo Sepulcro y de la iglesia de San Salvador –Jerusalén– repicaron durante una hora.

La otra tradición que Ratzinger se encargó de hacer añicos fue que sostenía que quien entra al Cónclave como favorito para ser Papa sale como cardenal. El alemán era uno de los favoritos en el erudito ambiente de los especialistas en temas vaticanos pero también lideró las apuestas en los banales círculos de apuestas de Gran Bretaña. Y quizá por esto, en el pueblo Marktl Am Inn de la conservadora y católica Baviera, el hermano de Ratzinger no podía creer lo que ocurría. “Se ha hundido frente al televisor y no pronuncia palabra”, dijo la casera del prelado Georg Ratzinger, a la agencia alemana DPA. “Nunca le había visto así. El hermano del Papa aún no puede creérselo”, añadió Agnes Heindl.

Joseph y Georg vivieron tiempos crudos durante la segunda guerra mundial. Georg y Joseph se inscribieron en las Juventudes Hitlerianas. Según narra en su autobiografía La sal de la tierra, Joseph se inscribió contra su voluntad. La página de Internet del club de fans de Ratzinger indica que Joseph fue incorporado, al igual que los demás seminaristas de su clase, como auxiliar en la defensa antiaérea. En setiembre de 1944, cuando cumplió la edad para entrar al ejército, trabajó manualmente a las órdenes de la legión austriaca. Dos meses más tarde, por enfermedad se escabulló de las actividades militares. En abril o mayo de 1945, el hoy conocido como Benedicto XVI desertó del ejército y a su llegada los militares instalaron su cuartel general en su casa familiar. Joseph fue identificado como soldado y recluido en un campo de prisioneros de guerra, del que fue liberado el 19 de junio de 1945. En 1951 fue ordenado sacerdote, se desempeñó como profesor, llegó a arzobispo y fue la mano derecha de Juan Pablo II.

El nombre del 265° papa fue recibido con júbilo por los congregados en la plaza de San Pedro. A los gritos, cantos y bailes también se sumó algún brindis con vino. Tampoco faltaron las críticas de quienes esperaban un Pontífice latinoamericano o uno menos conservador.

Pasada la hora 13, en la catedral de Montevideo, los fieles recibieron al nuevo Papa con rezos. “Lo que nos regaló Juan Pablo II ha sido muy hermoso, esperemos que el nuevo Papa siga el camino”, señaló entusiasmada Graciela González, quien salía de la iglesia de orar. (En base a agencias)