Brasil: es urgente contemplar a Uruguay

Esta no será una presidencia más: Brasilia deberá afrontar varios desafíos simultáneos: el diferendo entre Uruguay y Argentina por las plantas de celulosa -un verdadero freno de mano al proceso de integración- deberá administrar el pleno ingreso de Venezuela con todo lo que significan Hugo Chávez y su estilo; y tendrá que contemplar la absoluta disconformidad de Montevideo y Asunción con el modo en que funciona el Mercosur.

Para ello deberá superar los obstáculos de todo tipo -políticos, comerciales, económicos e institucionales- que marcan hoy la realidad del bloque regional. Y contener las tentaciones extrabloque, como la que se plantea hoy a Uruguay ante un eventual Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Todo esto, como si fuera poco, con complejos panoramas políticos internos en Brasil y Argentina, marcados por el cercano horizonte electoral. No por casualidad, entonces, se produjo en los últimos días la visita que realizó a Montevideo el canciller Celso Amorim acompañado de una comitiva de primer orden que incluyó a altos funcionarios y empresarios de su país. Más aún, Amorim reconoce la inquietud «grande entre los países pequeños» y aunque también piensa viajar a Paraguay, admite que su visita al Uruguay «era muy urgente porque aquí la inquietud ganó una expresión conceptual más acabada, por lo tanto era importante no sólo traer nuevas ideas sino también escuchar», según dijo en una entrevista ofrecida al final de su gira a modo de evaluación y cuyas principales ideas se ofrecen en esta nota.

Como contrapartida, señala que entre los dos socios mayores existe una relación estable y sin grandes problemas «lo que es muy importante, porque si hay problemas entre Brasil y Argentina, el Mercosur se va, eso es seguro». Amorim se fue satisfecho con el resultado de las conversaciones y con el tono de franqueza con el que habló con el presidente Vázquez y otros miembros del gobierno y la oposición. En medios diplomáticos del país norteño, no se dejó de notar, sin embargo, la existencia de diferencias al interior del gobierno respecto a las negociaciones con EE.UU.

EL CONFLICTO. Brasil hubiera preferido que el conflicto entre Uruguay y Argentina no hubiera llegado a La Haya, hecho que lamenta y considera una «pena», aunque «es una posibilidad que contemplaron las dos partes cuando firmaron el tratado».

Amorim niega presiones de Argentina para impedir la intervención de Brasil en el conflicto. «Nosotros -afirma- tenemos muy claro la manera en que podemos ayudar. En estas cosas hay que ser pragmático y estamos trabajando. Cuando digo trabajando, sobre todo conversando y escuchando y cuando percibamos que hay algunas cosas que podemos hacer, que los dos vean como positiva, lo haremos».

«Esto no es como un partido de fútbol, para decir aquí tenemos dos a uno o tres a uno pero no tenemos solución. La solución -insistió- tiene que venir por el diálogo que tiene que ser fundamentalmente entre Argentina y Uruguay». No hace comentarios sobre los cortes en los puentes, no quiso realizar un juicio sobre la negativa argentina a convocar al Consejo Mercado Común y se niega a adelantar la actitud de Brasil si Uruguay vuelve a solicitar su convocatoria bajo su presidencia.

De todos modos considera positivo que el canciller Reinaldo Gargano haya planteado el asunto en la última reunión del Consejo en Buenos Aires, a pesar del escaso eco que tuvo. También valora positivamente el funcionamiento del Tribunal Arbitral a pedido de Uruguay por los daños provocados por los cortes de los puentes. Y reconoce carencias en el Mercosur respecto al tema ambiental. El arquitecto de la política exterior brasileña cree que los mayores problemas del Mercosur tienen que ver con el hecho de que «falta claridad en la voluntad política» de los socios, incluso de sectores de su propio país que también preferirían negociaciones por fuera del bloque. «Cuando uno decide entrar en una unión arancelaria y trabajar en una negociación conjunta está en un proyecto de largo plazo. Si piensa en los intereses inmediatos quizás es mejor un acuerdo de libre comercio. Pero si estamos juntos tenemos mejor oportunidad de lograr nuestros objetivos. Lo que no puede haber es la ilusión de que se puede comer la torta y tenerla entera al mismo tiempo»

«Si un país decide negociar por separado, lo que es su derecho soberano, nadie lo va a negar, ni va a quedar enemigo por eso. Pero entonces no puede querer tener los mismos beneficios de quienes están en una unión aduanera. No es que no haya voluntad política, es que no hay claridad de lo que significa la integración».

ESTADOS UNIDOS. De todas formas reconoce que hay algunos acuerdos limitados que Uruguay puede intentar con Estados Unidos por fuera del Mercosur. «Si Uruguay quiere tener un proyecto conjunto para comercializar sus carnes en Estados Unidos, o si incluso Estados Unidos se resuelve a dar una preferencia a Uruguay basado en el hecho de que es un país mas chico, muy bien, que lo haga, no tenemos ningún problema con eso. Pero si eso afecta la estructura tarifaria, arancelaria de Uruguay y hace imposibles las negociaciones externas en conjunto, bueno, ahí es una opción».

Amorim planteó sin mayores rodeos la postura de su país. Hay quienes creen, en Uruguay, que llegó tarde, en particular porque no actuó cuando debió hacerlo en el conflicto con Argentina y porque en materia comercial ha sido muy poco lo que se hizo más allá de las palabras. Otros ven en la postura de Brasil, una cuerda salvadora, de la que tomarse para alejar al TLC y aferrarse al Mercosur. Lo que ocurra en los próximos meses será decisivo para el bloque. Pero parece difícil que Brasil pueda lograr exitosamente desde la presidencia del bloque una tarea como la que se propone, si no está dispuesto a asumir un liderazgo firme.