Brasil quiere aumentar un 50% su gasto en defensa para 2008

El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, junto a la cúpula militar del país, se encuentra elaborando un plan estratégico que verá la luz a comienzos de 2008, basado en el aumento hasta en un 50% de los gastos en material bélico, una reorganización de las defensas fronterizas y costeras y la asunción del papel de referente principal como árbitro en los conflictos que puedan surgir en el subcontinente.

Brasil tiene previsto gastarse en 2008 unos 4.600 millones de dólares en compras de material para Defensa, sin contar los sueldos de los 310.000 integrantes de las Fuerzas Armadas, repartidos entre 190.000 militares del Ejército de Tierra, 70.000 de Aviación y 50.000 en la Marina. Una cifra que eleva en un 50% los 3.000 millones de dólares presupuestados para este año.

Pero a diferencia de lo que han hecho otros países de la zona como Chile o Venezuela, los brasileños no emplearán la mayor parte de este dinero en compras en el mercado internacional de armas, sino que desarrollarán una industria bélica propia que, además de garantizar una menor dependencia de sistemas extranjeros, colocará a Brasil como referente para otros países a la hora de hacer sus propias adquisiciones.

Brasil intensificará la fabricación de aviones de combate y entrenamiento, sistemas antitanque, vehículos blindados, pequeños buques, electrónica, radares y munición en un ambicioso programa respaldado por capital privado nacional. En paralelo, ha comenzado el despliegue permanente de tropas en la frontera amazónica, con la construcción de una cadena de bases militares que vigilen la línea fronteriza más extensa de Sudamérica.

Los motivos de este cambio han sido explicados por el propio Lula. “Las fronteras terrestres, las aguas jurisdiccionales y el espacio aéreo de las dimensiones de un país como Brasil demandan unas Fuerzas Armadas muy bien equipadas y adiestradas para la defensa de los intereses nacionales”, ha destacado el mandatario. Además, para llevar adelante la reorganización, Lula puso el pasado julio al frente del Ministerio de Defensa a Nelson Jobim, un ex presidente del Tribunal Supremo que asumió su cargo una semana después de la peor tragedia aérea de la historia del país, en medio de una fuerte controversia sobre el control del espacio aéreo, donde los militares tienen un papel preponderante. En este tiempo Jobim ha sido muy directo al exigir una modernización del Ejército y reclamar a los empresarios privados que participen del proyecto.

Desde el punto de vista brasileño, la prisa está más que justificada. En 2008 habrá concluido el ambicioso programa de rearme chileno que incluye aviones de combate de EE.UU., un centenar de carros de combate alemanes, fragatas lanzamisiles, submarinos y radares de última generación, entre otras adquisiciones. También Venezuela recibirá gran parte de las compras realizadas durante los años anteriores, entre las que destacan cientos de miles de fusiles de asalto. Ambos son los países de la región que más han gastado en armas en los dos últimos años.

Brasil es calificado habitualmente con el tópico de gigante latinoamericano y ahora importantes sectores del Ejército han comenzado a reclamar que el gigante comience a actuar. Según un sondeo publicado el sábado por la revista Veja, el 63,5% de los militares brasileños cree que es posible un conflicto armado con los países vecinos. En cambio, entre una muestra de población civil, el 57,9% no cree posible ese escenario. Sobre quiénes serían los enemigos potenciales, el 50% de los uniformados cree que serán Venezuela y Bolivia.

Algunas voces, no autorizadas pero significativas, han ido más lejos, y así el general José Benedito de Barros Moreira subrayó hace diez días que Brasil tiene que desarrollar armas atómicas para proteger su patrimonio.

Y Moreira no es un general más, sino que es titular de la secretaría de Política, Estrategia y Relaciones Internacionales del Ministerio de Defensa. Moreira se suma, aunque probablemente pasándose de la raya, a la tesis de su ministro, que nada más anunciarse el descubrimiento de unas gigantescas reservas de gas y petróleo frente a las costas del país (un vasto yacimiento de hidrocarburos que aumentaría un 50% su producción de petróleo) se expresó a favor de dar un giro a la política de Defensa. “El mundo carece de agua, energía, alimentos y minerales. Brasil es rico en todo eso”, añadió Moreira para defender el argumento nuclear