Brasil será el interlocutor válido de América Latina con el mundo.

JORGE REBELLA

Brasil aspira a convertirse en el vocero de América Latina y, de algún modo, la mayoría de las naciones de la región lo admite porque, entre otras cosas, cuenta con una figura política como Lula que tiene proyección internacional, sostuvo el politólogo estadounidense Martin Weinstein, experto en asuntos latinoamericanos con especialización en Uruguay. En diálogo con ECONOMÍA & MERCADO durante su reciente visita a Montevideo, el académico analizó las posibles innovaciones en la política exterior de Estados Unidos bajo la conducción del presidente Barack Obama. A continuación se publica un resumen de la entrevista.

-América Latina fue prácticamente ignorada por el candidato Barack Obama en la campaña electoral, excepto cuando se refirió a temas relacionados con la inmigración y el comercio. ¿Augura la nueva administración en Estados Unidos cambios significativos en la política hacia la región?

-América Latina no será el área del mundo que tenga la primera prioridad, ni siquiera la segunda, en la agenda del nuevo Presidente, al menos durante el primer año de su mandato, debido a la gravedad de la crisis económica en Estados Unidos, a la cual deberá dedicar casi toda su atención. Por otra parte, Barack Omaba nunca ha pisado suelo latinoamericano y la nueva Secretaria de Estado, Hillary Clinton, al igual que su marido, tampoco ha demostrado mucho interés por esta región.

-A pesar que Estados Unidos ha perdido prestigio en América Latina, ninguna otra potencia extracontinental ha podido desplazar su influencia en esta región. ¿A qué atribuye esa situación?

-Se debe a que la Unión Europea y Japón no estaban preparados para abrir sus mercados a los productos primarios y semimanufacturados latinoamericanos. Quizás, la excepción fueron los chinos que hicieron algunas inversiones de importancia con el fin de contar con un suministro fluido de materias primas. Sin embargo, eso no fue suficiente para reemplazar la influencia estadounidense al sur del Río Bravo. Si yo fuera consejero de Barack Obama, le diría que Estados Unidos ha estado perdiendo el tiempo lastimosamente en América Latina, pero todavía tiene buenas chances para recuperar el apoyo de la mayor parte de los gobiernos de la región.

-¿No está Estados Unidos interesado en Latinoamérica desde el punto de vista geopolítico?

-Se ha dicho que Washington sólo se preocupó por impedir el avance soviético en la región durante la Guerra Fría, habiéndose desinteresado de su «patio del fondo» luego de la implosión de la URSS. Esa percepción no es acertada porque la visibilidad latinoamericana se ha mantenido permanentemente en los centros de poder de Estados Unidos porque la economía norteamericana depende en buena medida del abastecimiento de petróleo mexicano y venezolano.

Esos suministros llegan directamente a través de oleoductos desde yacimientos cercanos al territorio estadounidense o en buques petroleros muy seguros que no tienen que atravesar ningún estrecho de Ormuz, como ocurre con buena parte del crudo procedente del Medio Oriente. Esa es una razón más que suficiente para que el gobierno de Obama no ignore a América Latina, sin contar que en 2008 la población hispánica se convirtió en la minoría étnica más grande del país, superando a los afroamericanos.

-¿Cómo vislumbra la evolución de las relaciones de Estados Unidos con Venezuela, que es un proveedor directo de petróleo en el mercado estadounidense?

-Al observar detenidamente las relaciones con Venezuela durante la administración anterior, se comprueba que nunca hubo una confrontación directa, salvo la retórica beligerante de Chávez y la consiguiente respuesta del Departamento de Estado tildando de «Eje del mal» a su gobierno y sus aliados. Hoy parecería que Chávez ya ha visto sus mejores días en términos de recursos e influencia y, en consecuencia, los riesgos de una escalada de las fricciones entre ambos países son mínimos. Sería un error de parte de Estados Unidos entrar en algún tipo de enfrentamiento con el presidente venezolano, de la misma manera que la política de confrontación con Fidel Castro ha sido uno de los principales factores que contribuyó a que su liderazgo se mantuviera durante tanto tiempo.

Cuba

-¿Prevé cambios de importancia en la política estadounidense hacia Latinoamérica?

-Podría darse un nuevo enfoque diplomático con respecto a Cuba, que eventualmente conduzca al levantamiento del boicot comercial impuesto hace casi cincuenta años. Esa sería la única concesión en política exterior que el presidente Obama otorgue al ala izquierdista del partido Demócrata, ya que probablemente la nueva administración mantendrá, en mayor o menor grado, los compromisos asumidos por la administración anterior en Afganistán, Iraq y Pakistán. Además, una política de apertura hacia Cuba sería una señal de buena vecindad con América Latina dado que el gobierno norteamericano no tiene posibilidades de ofrecerle mucho más a los países de esta región mientras continúe la recesión económica en Estados Unidos.

-¿Cuándo podría dar Obama los primeros pasos en esa dirección?

-Debería anunciar una medida de esa magnitud antes de cumplirse los primeros dos años de su mandato. Una propuesta de cambio en las relaciones con Cuba durante la segunda mitad de su período presidencial podría convertirse en un tema controversial de la campaña electoral que le restaría votos de la numerosa colectividad cubana al partido Demócrata.

-¿De qué dependería, en última instancia, el levantamiento del bloqueo comercial a la isla?

-Desde la promulgación del Cuban Democracy Act durante la administración Clinton, el levantamiento del boicot comercial no depende exclusivamente del Poder Ejecutivo, sino que requiere la venia legislativa. Es factible que esa propuesta sea aprobada en el Congreso ya que los demócratas cuentan con una amplia mayoría de escaños en ambas Cámaras; pero los republicanos podrían recurrir a un «filibustero» en el Senado (N.del R: técnica específica de obstruccionismo parlamentario mediante la cual un congresista hace uso de la palabra ininterrumpidamente hasta que se pospone el tema) para detener el levantamiento del bloque si eso sirviera a sus intereses ideológicos y políticos. No obstante, varios congresistas republicanos que representan a estados con posibilidades de exportar productos a Cuba podrían apoyar el fin del embargo.

-¿Cuáles son las razones que manejaría la nueva administración para flexibilizar las relaciones comerciales con Cuba?

-Los argumentos son muy claros. En primer lugar, el conflicto con Cuba ha perdido actualidad. En segundo término, el bloqueo comercial no ha contribuido a mejorar las relaciones estadounidenses con América Latina y ha sido objeto de críticas de parte de varios gobiernos, incluso de algunos muy afines con Estados Unidos. Tercero, los empresarios norteamericanos han estado a favor del levantamiento del boicot desde hace largo tiempo. Incluso el embargo no ha sido absoluto ya que hoy se exportan medicamentos a Cuba y, en casos especiales, algunos productos agrícolas previa aprobación de la Casa Blanca.

-¿Por qué los sectores empresariales aceptarían de buen grado un acercamiento con Cuba?

-Las grandes corporaciones industriales, que hoy sufren los efectos de la recesión económica, verían con muy buenos ojos la apertura del mercado cubano, que si bien es relativamente pequeño, está muy cerca de Estados Unidos. Las compañías estadounidenses quieren instalarse en Cuba previendo el ingreso al gobierno de una nueva generación de dirigentes, quienes van a abrir, tarde o temprano, la economía cubana. Eso significará una explosión de la demanda, que ha estado comprimida durante cincuenta años, por instrumental médico, computadoras, equipos electrónicos, teléfonos celulares, etc.) y la tecnología norteamericana podría competir ventajosamente con sus similares de Europa y Asia.

-Si son tantas las ventajas de exportar a Cuba, ¿a qué atribuye el mantenimiento del bloqueo comercial?

-El presidente George W. Bush mantuvo vínculos muy estrechos con el sector empresarial y contempló muchos de sus pedidos, pero tanto el Departamento de Estado como el de Defensa continuaron manejando las relaciones con Cuba de acuerdo con criterios ideológicos heredados de la Guerra Fría.

México

-¿Cómo evalúa las relaciones entre Estados Unidos y México?

-Desde hace dos décadas, México ha sido el objetivo central de la política estadounidense en América Latina. El Nafta fue percibido por George Bush (padre) como un acuerdo crucial para mejorar la economía mexicana, ya que era, y sigue siendo, esencial para los intereses de Estados Unidos tener un vecino que sea política y económicamente estable. Pero las relaciones se enfriaron a partir del 11 de septiembre de 2001 cuando la prioridad de la política de Bush (hijo) fue combatir al terrorismo internacional y a México sólo lo tuvo en cuenta por la inmigración ilegal y el tráfico de drogas.

-¿Qué aspectos deberá mejorar la administración Obama con el gobierno mexicano?

-Hoy México es el socio comercial más importante de Estados Unidos en Latinoamérica. Además, ambos países comparten límites terrestres de más de 3.500 kilómetros. Sin embargo, esa frontera común es una seria preocupación para la seguridad estadounidense porque se ha convertido en una zona virtualmente fuera de la ley. Desgraciadamente, estos problemas refuerzan el estereotipo negativo de América Latina para la mayoría de los norteamericanos. Pero el panorama delictivo imperante en la frontera mexicano-estadounidense no es una cuestión de percepciones desfavorables para las fuerzas de seguridad, sino un creciente dolor de cabeza. Hasta ahora no ha resultado nada fácil recuperar en forma mancomunada el control de esa área, dado que las autoridades mexicanas están perdiendo su guerra contra los narcotraficantes.

Chávez y Lula

-¿Qué probabilidades tiene el presidente Chávez de convertirse en el vocero de América Latina?

-Por ahora, Chávez sólo puede pretender ejercer el liderazgo de un reducido grupo de países andinos, pero difícilmente pueda llegar mucho más lejos. Además, el bloque de naciones compuesto por Brasil, Chile, Colombia, México, Uruguay, etc. tiene mucho más peso político en la región. Por eso, existe una coincidencia unánime, tanto en el Departamento de Estado como en la comunidad académica estadounidense especializada en asuntos latinoamericanos, que Brasil será el interlocutor de América Latina con el mundo.

-¿Por qué se le asigna ese rol a Brasil?

-En realidad, Brasil aspira a convertirse en el vocero de América Latina y, de algún modo, la mayoría de las naciones latinoamericanas lo admite porque, entre otras cosas, cuenta con una figura política como Lula que tiene proyección internacional. Además, la buena situación económica y la disponibilidad de enormes recursos naturales de ese país más sus posibilidades de convertirse en un gran productor de petróleo dentro de pocos años, lo habilitan de hecho a proyectarse como el líder regional.

-¿Está Chávez dispuesto a aceptar el liderazgo de Brasil en la región?

-Aunque pueda sonar algo áspero, creo que al presidente Lula no le importa mucho lo que piense al respecto su colega venezolano .