‘Brasil tiene que lograr en el siglo XXI ser una gran potencia’

«No sé si estaré vivo para verlo, pero Brasil tiene que lograr, en el siglo XXI, convertirse en una gran potencia. Tenemos todo lo que se precisa tener. No estamos hablando de un paisito cualquiera», dijo el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, en entrevista con AFP en su residencia oficial, el Palacio da Alvorada.

Con una de las mayores economías emergentes del mundo, miembro del G20, actor clave de negociaciones en el ámbito de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y candidato a una plaza en el Consejo de Seguridad de la ONU, Brasil ahora es además dueño de gigantescas reservas de petróleo que fortalecen su perfil global.

En este escenario, Lula se apresta a participar de la Cumbre del G20 en Pittsburgh, Estados Unidos, a fines de setiembre, de la cual demanda acciones concretas y urgentes, y no sólo discursos.

«No podemos más hacer reuniones y no tomar medidas. Pusimos (por Brasil) 10.000 millones de dólares en el FMI, y ahora queremos saber si los otros países también lo hicieron. Queremos saber si estamos prestando dinero a países pobres, y qué efectos tuvieron las medidas que adoptamos», dijo.

Para Lula, en este momento en que la crisis financiera global parece en camino a ser superada, las conversaciones de inicios de año sobre los grandes cambios estructurales en el sistema financiero mundial no pueden ser olvidadas.

«Temo que la crisis se acabe y todos se conformen con el status quo, que todo quede como está. ¡No! Las cosas no pueden quedar como están», enfatizó, y opinó que la reunión de Pittsburgh debería servir para «hacer un mapa más concreto, hacer un balance de la situación de cada país».

Con igual espíritu, Lula dejó claro que Brasil no teme ningún debate y aceptará discutir metas para la reducción de sus emisiones de gases de efecto invernadero en la Cumbre del Clima, en diciembre en Copenhague, siempre que las mayores economías del mundo asuman responsabilidades.

«Brasil está dispuesto a discutir metas y compromisos», dijo el presidente brasileño en la amplia y bien iluminada biblioteca de la residencia oficial, pero añadió que será necesario que «cada país asuma su responsabilidad por los daños que causa al planeta».

Brasil asumió por primera vez una meta al final del año pasado, aunque voluntaria e interna, de reducir el ritmo de la deforestación amazónica en 70% hasta 2018 sobre los últimos 10 años.

Con esta disposición para sumarse a las principales discusiones mundiales, Lula marcó distancia de la postura de las potencias occidentales de pedir sanciones a Irán por su programa nuclear, y abogó por la continuidad de las negociaciones.

«Deberíamos agotar todos los límites de la diplomacia», dijo Lula, y agregó que en ese sentido Brasil puede desempeñar un papel importante para tratar de persuadir a la dirigencia iraní de que mantenga activos los canales de negociación.

Lula seguramente recibirá en las próximas semanas la visita del presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad, y ve en esa gira una oportunidad para «convencerlos políticamente». «Lo que no se puede hacer es seguir arrinconándolos contra la pared», expresó.

Irán, señaló Lula, tiene derecho a «tener su propia política nuclear, como Brasil también la tiene».

Esta política de independencia en todos los planos, quedó en evidencia durante las negociaciones que Brasil inició en los últimos años para renovar su flota de aviones de combate y ampliar su control de aguas territoriales con la compra de submarinos a Francia.

Con reservas petroleras estimadas en hasta 50.000 millones de barriles en el fondo de su plataforma continental, Brasil considera esos submarinos, así como nuevos helicópteros y aviones, una fuerza de disuasión necesaria. Estas compras le permitirán además promover el desarrollo de su industria pesada bregando por la transferencia de la tecnología adquirida.