Bronca argentina venció piquete

Unos 300 turistas argentinos lograron quebrar el piquete de Concordia y regresar a su país. También en Gualeguaychú hubo tensión a última hora con un ciudadano argentino que, machete en mano, quiso pasar.

La fila de 50 vehículos argentinos se formó en la cabecera uruguaya del puente sobre la represa de Salto Grande. Eran las 15 horas, un grupo de alrededor de 20 personas había cerrado el puente del lado argentino. El último paso terrestre entre Argentina y Uruguay había sido bloqueado y la noticia tomó por sorpresa a los veraneantes argentinos que pensaban regresar por allí a su país.

Durante los primeros minutos hubo contactos telefónicos entre los efectivos de la Prefectura Naval uruguaya y los de la Gendarmería argentina. Los efectivos argentinos pedían que retuvieran por un momento a los automovilistas mientras intentaban regularizar la situación. Pero los efectivos uruguayos tenían instrucciones expresas de no impedir la circulación a nadie. Por fin, la improvisada caravana cruzó el puente hacia Argentina. Y fue allí donde comenzó la peripecia.

Los turistas bajaron de sus coches para comenzar los trámites en las oficinas del Paso de Frontera. Un efectivo de la Gendarmería argentina les dijo entonces que no podían continuar el viaje porque un grupo de asambleístas concordienses estaba bloqueando la ruta. El grupo de viajeros mantuvo un breve aparte y designó a cuatro delegados para comenzar las arduas negociaciones.

«Les voy a pedir diez minutos más para que los asambleístas resuelvan cuál va a ser la postura de ellos, tengan paciencia», les imploraba el comandante de Gendarmería a los turistas. Visiblemente irritado, uno de los automovilistas increpó al oficial. «Comandante, aquí ya no se negocia más nada, retire las barreras que vamos a seguir, tenemos el mismo derecho a que nos protejan a nosotros y ya se habló bien claro», argumentó el viajero.

El contacto con los propios asambleístas deparó menos resultados. Estos les respondían a los turistas que no harían más excepciones. Los cuatro «negociadores» del grupo viajero regresaron con este mensaje al resto de la fila. De inmediato comenzaron los gritos, las amenazas, mientras el comandante de la Gendarmería hacía un desesperado llamado a no utilizar la violencia.

«Esta es una lucha de pobres contra pobres, porque lo que ustedes hacen acá es contra la gente que labura todo el año y se da el gusto de salir a pasear con su familia, y lo hacemos en el Uruguay porque en la Argentina nos cuesta el doble y lo saben bien. No sean malos, ¿por qué no van a piquetear a Mar del Plata?», les increpó uno de los turistas a los asambleístas.

La tensión iba en aumento, pronto las discusiones empezaron al interior mismo del grupo de asambleístas. Algunos estaban preocupados por lo que podría registrar la prensa y por todos los medios intentaban alejar a los pocos periodistas presentes, entre ellos al corresponsal de El País en Salto.

Finalmente, algunos asambleístas decidieron habilitar el cruce de una decena de vehículos. Un delegado de la Asamblea de Concordia dijo que sería una excepción «por única vez» a pedido de la Gendarmería. Pero casi una hora después, cuando la irritación de los automovilistas rayaba en peligrosos límites, el resto de los vehículos pasaron sin que los asambleístas pudieran hacer nada para contenerlos.

Varios asambleístas se retiraron enojados del piquete que se mantuvo de todas formas. Ya sobre las 20 horas resolvieron una tregua por 30 minutos para dejar el pasaje de otra fila de vehículos argentinos. Al cierre de esta edición continuaban debatiendo de qué manera mantendrían la medida por más tiempo.

EN GUALEGUAYCHÚ. Los de Concordia no fueron los únicos incidentes de la pasada jornada. Unas horas antes los medios argentinos habían puesto énfasis en la disparidad de criterios de la Asamblea Ambiental que impidió el paso a personas que debían viajar por razones de salud, pero sin embargo les dio vía libre a la hinchada de Gimnasia y Esgrima para el partido que venían a disputar con Defensor el martes pasado.

Es probable que nada de esto estuviera en la mente de Diego Depe, un productor rural que reside en Pilar, provincia de Buenos Aires, y que además posee un criadero de cerdos en la localidad de Egaña, Soriano.

Depe llegó con su esposa y sus cinco hijos en su camioneta hasta el campamento de Arroyo Verde. Estaba desesperado, quería volver a su hogar. «No tengo forma de volver porque tengo los tres pasos cortados y en Buquebús no hay lugar hasta el 21 de febrero», dijo Depe a El País.

Poco antes había discutido con los asambleístas. En determinado momento fue hasta su camioneta y tomó un machete y una sierra para regresar a encararse con los manifestantes. En el forcejeo uno de los asambleístas resultó herido. Jorge Fritzler, uno de los líderes del piquete que hasta entonces había intentado dialogar con el productor, llamaba a gritos a la Gendarmería. Finalmente los efectivos debieron contener al productor que de todas formas se plantó en su camioneta ante el piquete. Al cierre de esta edición el hombre continuaba allí, en tanto los asambleístas mantenían inflexibles su decisión de impedirle el paso.

Este es el segundo incidente en Arroyo Verde desde que comenzó el bloqueo. Hace poco más de un mes un matrimonio de rosarinos decidió hacer un «contrapiquete» en un camino secundario como forma de protesta contra los asambleístas.