Bush exhortó a su partido apoyar la ley inmigratoria

Se retiró dos horas después sin haber obtenido respuesta, «ni un sí, ni un no». Sólo declaró: «¡No puede seguir el status quo actual! Encontré a muchos partidarios de una iniciativa amplia, que ayude a todos; en cambio, otros la resisten».

Desde Sofía, Bulgaria, la última etapa de su periplo europeo, había trasmitido el enorme interés de la Casa Blanca en lograr la aprobación del proyecto de ley de inmigración, bloqueado en el Senado por una amplia mayoría republicana oficialista y algunos demócratas, bajo la estratagema de presentar decenas y decenas de enmiendas inviables.

A pesar de todo, Bush exhibió su natural optimismo («trabajaremos firmes y nos veremos en la firma de la ley «, repitió a varios que se acercaron en los ambulatorios parlamentarios), mientras que los analistas miraban con pesimismo esta intentona presidencial, en un momento que sigue creciendo su impopularidad por Irak.

En la actualidad, en plena carrera presidencial para el 2008 pocos quieren jugarse a fondo en un tema tan espinoso, aunque los candidatos persiguen el importante voto latino. Los republicanos no arriesgan distanciarse de las bases más duras del partido que esgrimen que se intenta una » vulgar amnistía», la cual rechazan de plano. Hay sectores demócratas que también » resisten la ley», aquellos respaldados por los poderosos sindicatos que argumentan que los inmigrantes reducen las fuentes de trabajo de los estadounidenses.

Y mucha gente en general, pese a que se habla de una política de «puertas abiertas», actúa inflexiblemente para impedir la legalización de los indocumentados, estimados en algo más de 12 millones de personas. Están los grupos «Minutenem», nombre tomado de la época de la guerra de la Independencia, que voluntariamente ejercen severos controles en las zonas fronterizas. ¡Y cuidado! Asimismo sectores jóvenes resisten al inmigrante. En dos universidades se hicieron apuestas a favor del que denunciara más ilegales a las autoridades.

Las asociaciones de defensa de los inmigrantes sostienen que la mayoría de los indocumentados cumple tareas de mano de obra que el estadounidense rechaza (en la construcción, jardinería, limpieza, de mozos y especialmente en trabajos rurales), normalmente a cambio de bajos salarios. Los sindicatos estadounidenses en oposición afirman que los empresarios no contratan naturales del país porque pagan retribuciones mínimas a los ilegales, dado que ellos no pueden recurrir a las autoridades en señal de reclamo porque pende sobre todos la amenaza de la deportación.

El proyecto del Senado pone énfasis en las tareas de control fronterizo (muro, verjas, controles con rayos especiales y duplicación de las fuerzas de vigilancia) y en la posibilidad de los ilegales que ya residan en EE.UU. antes del 1º de enero del 2007 de tramitar una nueva visa, de tipo «Z», que les permitirá, tras pagar una multa (U$S 5.000) y dar una prueba de méritos, iniciar el largo camino de la residencia permanente. Asimismo se otorgarían permisos temporales (en el debate se redujeron de 600 mil a 200 mil) renovables una sola vez.

Esta es la última oportunidad para Bush, que prometió al asumir en 2001 una ley justa para resolver el problema de los ilegales, aunque conoce perfectamente que jamás dejará contentos a «tirios y troyanos», en el problema que divide enormemente a los estadounidenses.