Bush intentará atravesar el fragor de las protestas en Londres

Bush, que llegó a Londres el martes, será recibido formalmente por la reina Isabel y utilizará el discurso principal de su viaje de tres días para decir que él ve la guerra sólo como un último recurso para resolver conflictos internacionales.

Sin embargo, se enfrenta a una oleada de oposición a sus políticas, no sólo sobre la guerra en Irak y sus violentas consecuencias, sino también a todo tipo de cuestiones que van desde asuntos medioambientales a los aranceles sobre el acero.

Bush y el primer ministro británico, Tony Blair, han cerrado filas para defender su decisión de lanzar una guerra contra Irak y ocupar el país, que cuenta con las segundas mayores reservas petrolíferas del mundo.

El punto crucial del viaje será el jueves, cuando se prevé que Bush y Blair cierren los detalles de los planes discutidos la semana pasada para acelerar la transferencia de la soberanía del ocupado Irak a un gobierno interino.

Sin embargo, las grandes protestas callejeras que se esperan contra Bush en Londres, y una enorme y costosa operación de seguridad, han acabado con cualquier sensación de celebración del éxito de los dos líderes en derrocar al líder iraquí, Saddam Hussein.

Los organizadores esperan que hasta 100.000 personas acudan el jueves a una manifestación que culminará con el derribo de una enorme estatua de Bush en la Plaza Trafalgar de Londres, recordando la caída de una estatua de Saddam en Bagdad en abril.

La primera protesta se produjo en el centro de Londres el martes por la noche, cuando unos 800 manifestantes expresaron su oposición a las políticas medioambientales de Estados Unidos frente a la embajada estadounidense.

Bush recibía mientras tanto una calurosa bienvenida en el aeropuerto por parte del príncipe Carlos y la guardia de honor de la Real Fuerza Aérea. Bush y su esposa, Laura, subieron luego a un helicóptero que los trasladó al Palacio de Buckingham, donde se hospedan.

Bush también desafiante
Un portavoz de Bush, que le acompañó en el avión presidencial, dijo que el mandatario recordará al pueblo británico que hay momentos en la vida en que el uso de la fuerza militar es necesario.

«La historia ha demostrado que hay momentos en los que los países deben utilizar la fuerza para defender sus valores y eso es lo que dirá, que tenemos que reconocer que hay momentos en los que el uso de la fuerza es necesario. Esto nunca es la primera opción», dijo el portavoz a periodistas.

El alcalde de Londres, Ken Livingstone, llamó a Bush «el hombre más peligroso del planeta» y dijo que, incluso aunque se lo pidan, se negará a estrechar su mano.

La Policía británica llevará a cabo la mayor operación de seguridad desarrollada por una visita, con un coste de 8,5 millones de dólares, tras los letales ataques contra sinagogas perpetrados el fin de semana en Estambul que han agudizado las tensiones.

Los comentaristas británicos señalan que la visita será poco cómoda para Blair, criticado en su país por el tema de Irak, especialmente dentro de su propio Partido Laborista.

Pero el primer ministro británico se ha mantenido firme. En un discurso clave sobre temas de política exterior la semana pasada, Blair dijo que los críticos de la guerra deberían aceptar que los iraquíes están mejor sin Saddam Hussein en el poder y denunció lo que llamó «una monstruosidad de propaganda sobre Estados Unidos».

(Reuters)