Bush llegó a Mar del Plata a una cumbre que lo espera con recelo

Bush —que bajó las escalerillas del Air Force One con su esposa, Laura— fue recibido en el aeropuerto local de Camet por su colega argentino Néstor Kirchner, con quien se reunirá en una de las dos entrevistas bilaterales que tendrá en Mar del Plata. La otra, con el presidente chileno Ricardo Lagos.

Pero, como una demostración de que Bush desea seguir impulsando el libre comercio ha programado dos reuniones multilaterales: con los países centroamericanos, con los cuales ha firmado el tratado conocido como CAFTA-RD; y con los países andinos, con los que negocia el acuerdo correspondiente.

Esta será la segunda cumbre de las Américas para Bush. Apenas dos meses después de asumir el cargo en 2001 participó en la III Cumbre, en Quebec, Canadá, donde prometió iniciar el «Siglo de las Américas», con una amplia ayuda estadounidense al Hemisferio Occidental.

Miles de manifestantes harán notar su descontento por la llegada del jefe de la Casa Blanca. Una gran marcha de protesta encabezada por Diego Maradona está prevista para hoy, con la participación de artistas y líderes políticos, incluyendo el cocalero Evo Morales.

Bush se alojará en un lujoso hotel cinco estrellas, protegido como en un bunker, en su suite del décimo piso con vista al Atlántico. La habitación cuesta US$ 950 la noche, y al estadounidense, que viene acompañado por una delegación de 2.000 personas, no se le hizo un precio especial.

Aunque, probablemente no verá de las protestas más que imágenes en televisión, las dificultades también acechan a Bush en las salas de reuniones de la cumbre. Se topará entre otros con el presidente venezolano Hugo Chávez, su peor enemigo en América Latina después del presidente cubano Fidel Castro, excluido de la cita por encabezar un gobierno dictatorial.

El choque es inevitable con Chávez, determinado a enterrar definitivamente el proyecto del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que defiende Bush y que fue lanzado en 1994 durante la primera Cumbre de las Américas, celebrada en Miami. Chávez, cuyo compromiso con la democracia es, por lo menos, «ambiguo», según sus detractores, promueve un ALBA (Alternativa Boliviariana para las Américas). Consiste básicamente en ofertas de petróleo barato y retórica contra la pobreza. Por ahora solo cuenta con el apoyo de Fidel Castro, su amigo personal.

Recientemente Washington le ha prestado más atención a sus vecinos. Este año visitaron la región, la secretaria de Estado, Condoleeza Rice y el subsecretario, Robert Zoellick y Donald Rumsfeld, el secretario de Defensa, estuvo dos veces. Roger Noriega, visto como un ideólogo obsesionado con Cuba fue sustituido como el principal hombre del Departamento de Estado para América Latina por Tommy Shannon, un diplomático de carrera.

Funcionarios de la Casa Blanca adelantaron esta semana que Bush buscará focalizarse en sus temas prioritarios como fortalecimiento de la democracia, integración comercial y lucha contra el terrorismo, sin dejarse arrastrar por otros aún más polémicos.

«Lo que tengo para decir de esta visita, es que la cumbre no es sobre Hugo Chávez», ironizó Steve Hadley, consejero de Bush para asuntos de seguridad nacional.

Pero la oposición a Bush no es una exclusividad venezolana. Exceptuando a sus más fieles aliados en el continente que son Colombia y El Salvador, la mayor parte de los gobiernos tampoco ven con buenos ojos al ALCA, se oponen a la guerra en Irak y prefieren hablar de combate a la pobreza.

En ese contexto, Chávez puede pensar que está ganado amigos fácilmente. Pero aunque los gobiernos están complacidos de recibir el dinero venezolano, es fácil exagerar la influencia de Caracas. Mientras flirtea con Chávez, Argentina parece determinada a que la cumbre se cierre con algún tipo de consenso. El presidente Kirchner, al que le gustaría lograr un acuerdo con el FMI en 2006, se ha cuidado de no irritar al presidente Bush.