Bush terminó la gira europea y ya piensa en reunión con Putin

Bush viajó al Viejo Continente hace una semana, precisamente con la intención de calmar las inquietudes de Putin y asegurarle que Rusia no debe sentirse amenazada por el proyecto de escudo antimisiles en el que EE.UU. quiere involucrar a países del este de Europa.

Preveía renovar su oferta de cooperación con el proyecto estadounidense porque, explicó, los «desacuerdos» existentes no deben impedir a Estados Unidos y Rusia trabajar juntos.

También quería dejar claro que esa propuesta de colaboración era cualquier cosa menos una declaración de debilidad, puesto que el proyecto antimisiles «es lo correcto».

Pero sobre todo quería demostrar ante Moscú una firmeza que se esforzó por dejar clara en cada una de las etapas de su gira europea.

Así, en Albania amenazó con dejar de lado la oposición de Rusia a la independencia de Kosovo porque, como dijo, «ustedes deben decir: ya basta; Kosovo es independiente».

En Praga, por su parte, criticó severamente el estado de la democracia en Rusia, donde «se hicieron descarrilar las reformas prometidas».

Sin embargo, sobre la defensa antimisiles de Europa, al final Putin dijo la última palabra en el encuentro que ambos mantuvieron en la localidad alemana de Heiligendamm, al margen de la cumbre del G8.

Putin dijo en la cumbre que dejará de presentar objeciones al sistema antimisiles, si éste es instalado en Azerbayán, ex república soviética.

Desde entonces, Bush intenta presentar bajo la mejor luz la propuesta de su «amigo» Putin, que ya representa -según el mandatario estadounidense- el reconocimiento «de que tenemos una posibilidad de trabajar juntos».

Bush se reserva la respuesta a esa oferta rusa. Y así seguirá haciendo hasta el 1° y 2 de julio, cuando reciba a Putin en su residencia de Kennebunkport, un honor que nunca ha concedido a ningún otro dirigente.

Pero por el momento, parece haber logrado disminuir el tono de la polémica ruso-estadounidense, al menos por el momento, y haber salvado las formas en la cumbre de los países más industrializados del planeta, que no era el foro adecuado para diatribas.

balance. Bush se fue de esa cumbre con un acuerdo sobre el cambio climático que sanciona la evolución de su política medioambiental pero sin que por ello haya aceptado cuotas de reducción de emisiones de gas con efecto invernadero.

El presidente estadounidense siguió trabajando en el refuerzo de las relaciones de su país con la comunidad internacional, aprovechando los recientes cambios en el poder de algunos de los socios europeos como Francia.

Además, también intentó cuidar la imagen que dejará de sí a la posteridad, cuando abandone la Casa Blanca, en enero de 2009. En este contexto se dejó ver junto a Bono, el carismático cantante del grupo U2, muy comprometido con causas internacionales, y también impulsó la ayuda a África.

Además, en la República Checa intentó dar garantías de que su «guerra mundial contra el terrorismo» no lo apartará de la defensa de las libertades.

Bush incluso se ofreció un regalo casi ya olvidado: un baño de multitudes en Albania, donde el apoyo estadounidense a la causa pro-kosovar le valió el aplauso de los albaneses.

Sin embargo, el papa Benedicto XVI le dio un «tirón de orejas» al recordarle la situación «preocupante» de las comunidades en Irak.

Asimismo, decenas de miles de italianos se manifestaron en Roma tratándole de «asesino». La opinión pública estadounidense -que le dio un respiro sobre Irak en su semana de ausencia- y el estancamiento de su anhelado proyecto de reforma a la ley migratoria, lo espera ya a su vuelta.