Cambio en Japón

Los japoneses votaron ayer por el fin del reinado de la derecha en la vida política, pero al nuevo gobierno centrista le esperan desafíos colosales para poder cumplir sus promesas de metamorfosis social, señalan los analistas.
“Asistimos a una transformación radical de la vida política japonesa”, estima Hideo Otake, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Doshita. Según las estimaciones a boca de urna, el Partido Demócrata de Japón (PDJ, centro) triunfó en las elecciones legislativas obteniendo unos 300 escaños sobre los 480 de la Cámara de Diputados, un golpe terrible para el Partido Liberal Demócrata (PLD, derecha) en el poder, que tendrá que conformarse con un centenar de escaños. “Es la primera vez que el jefe de la oposición conquista el puesto de primer ministro derrotando al partido en el poder en las urnas desde 1955, fecha en la que el PLD inició su reinado casi ininterrumpido de más de medio siglo en Japón”, recuerda Otake.

En todo ese tiempo el partido conservador solo fue apartado del poder durante 10 meses en 1993-1994 por una coalición de formaciones opositoras, pero aun así seguía siendo la principal fuerza parlamentaria y pronto tomó de nuevo las riendas. Esta vez, por el contrario, la derecha quedó reducida al mínimo frente al PDJ de Yukio Hatoyama, que será primer ministro con una mayoría sólida. Hatoyama, de 62 años, un rico heredero de una dinastía de políticos comparada a menudo con los Kennedy de Estados Unidos, será nombrado primer ministro por el Parlamento dentro de unas dos semanas.

Este terremoto político se produce 20 años después de la caída del muro de Berlín, que puso fin al careo entre el PLD y los movimientos de izquierda de la guerra fría, y 10 años después de una reforma electoral que, al privilegiar el voto nominal, permitió el nacimiento del bipartidismo.

Cambio. Sin embargo esta victoria no es más “que el principio de un camino con baches para el PDJ”, en un momento en que Japón sufre un nivel de desempleo sin precedentes e intenta salir de la recesión, advierte Hiroshi Hirano, politólogo de la Universidad Gakushuin. “El país necesita cambios radicales, pero el PDJ no ha dado por el momento su punto de vista sobre el futuro de Japón”, explicó Takehiko Yamamoto, profesor de relaciones internacionales en la Universidad de Waseda.

La apuesta por el cambio de los japoneses es también un voto de castigo por los excesos de la política liberal aplicada por el PLD en los últimos años, a la que culpan de las crecientes desigualdades sociales, del desempleo y de la precariedad. El programa del PDJ se basa en un refuerzo de los subsidios sociales, familiares y de jubilación, financiándolos mediante una “caza al despilfarro” en los gastos públicos. Prometió la gratuidad parcial de la enseñanza, ayudas por nacimientos y la supresión de los peajes en las autopistas. Unas promesas consideradas irresponsables por el PLD. “El PDJ se verá confrontado al problema del endeudamiento” de Japón, equivalente a 170% de su Producto Interior Bruto, dijo Yamamoto. Una situación agravada por el envejecimiento de la población, que podría pasar de 128 millones a unos 100 millones en 2050.

Hirano está convencido de que distribuir ayudas a las familias con hijos, como prevé el PDJ, no bastará. “Habrá que esbozar una estrategia para crear empleos” ya que la precariedad laboral disuade a los jóvenes de procrear, explica.

En el plano internacional, el PDJ se ha comprometido a aplicar una política más independiente de Estados Unidos, su aliado y protector con 47 mil soldados en el archipiélago. “Es más fácil de decir que de hacer, sobre todo porque no hay consenso sobre este tema dentro del PDJ”, un mosaico de pacifistas y nacionalistas, destaca Sadafumi Kawato, de la Universidad de Tokio. De hecho, la Casa Blanca expresó confianza en que la alianza y estrecha colaboración entre ambos países “continuará floreciendo bajo el liderazgo del próximo gobierno de Tokio.”

Por otro lado, aunque el PDJ manifestó su intención de acercarse a sus vecinos asiáticos, no tendrá más remedio que vérselas con una China que pronto lo desbancará como segunda potencia económica mundial, dicen analistas.

La victoria de la oposición desencadenó un estallido de júbilo, pero Hatoyama sabe muy bien que una vez que decaiga la exaltación empezarán las cosas serias para este joven partido que nunca ha gobernado. (AFP y EFE)