Campaña presidencial chilena sube de tono

El triunfo de Bachelet significará la llegada “de la izquierda dura” al gobierno, lo que significaría “el fin de la política de los acuerdos”, que ha dado estabilidad al país en los últimos años, según el senador Hernán Larraín, de la ultraconservadora Unión Demócrata Independiente (UDI).

“El gen de la política de los acuerdos será reemplazado por una política de imposiciones de la Concertación, impidiendo que se alcancen acuerdos impostergables para el país, como el pacto social”, afirmó Larraín en una rueda de prensa.

Bachelet, de la gobernante Concertación por la Democracia, y el empresario Sebastián Piñera, de la derechista “Alianza por Chile”, dirimirán la Presidencia el próximo 15 de enero, en una segunda vuelta electoral.

La candidata socialista ganó la primera vuelta del 11 de diciembre con el 45,96 por ciento de los votos, y Piñera obtuvo el 25,41 por ciento. La campaña para la segunda vuelta de las elecciones comenzó el 1° de enero y concluirá el día 12.

Larraín basó sus premoniciones en el triunfo que la coalición gobernante obtuvo en las elecciones parlamentarias celebradas de forma paralela a la primera vuelta presidencial, que le darán la mayoría en ambas ramas del Congreso.

“Creo que si hubiéramos asistido en estos 16 años a una Concertación con mayoría en ambas Cámaras no tendríamos la estabilidad política y económica”, aseveró Larraín. El dirigente derechista personificó el futuro caos en los nuevos senadores socialistas Juan Pablo Letelier, Alejandro Navarro y Camilo Escalona, además del socialdemócrata Guido Girardi.

A su juicio, si los aludidos hubiesen llegado antes al Senado, “habrían avasallado en muchos sentidos toda la legislación, reformas laborales, tributarias y todas las imaginables”.

También planteó el temor a una eventual influencia comunista en el gobierno de Bachelet, tras el apoyo de esa colectividad izquierdista a la candidata oficialista, a pesar de que el PC también anunció que se mantendrá en la oposición.

También la derecha insistió en la jornada de ayer, el primer día hábil del año, en denunciar un supuesto intervencionismo electoral del gobierno, lo que fue refutado por Bachelet, quien subrayó que ante cualquier irregularidad, “se debe investigar y dejar que los fiscales, los jueces e investigadores de la administración pública hagan su tarea”.

Para los dirigentes de la coalición oficialista, la derecha se ha lanzado a una desesperada “campaña del terror” por su inminente derrota en la segunda vuelta.

La candidata también denunció “el escandaloso” gasto electoral de Piñera, “igual como ocurrió en la primera vuelta”, y anunció que por su parte, su campaña “será austera y en base a propuestas”, al igual que la anterior.

Coherente con la agresividad de sus partidarios, Piñera acusó a su rival de ser “ciega o tuerta”, pues a su juicio, ella tiene más propaganda callejera que él y la llamó “a no hacerse la víctima”.