Cancún ha sido un retroceso, pero no el final de las conversaciones multilaterales sobre comercio

Si hubiera habido acuerdo, todos habrían ganado. La insegura recuperación económica mundial se habría podido beneficiar de una mejora de la confianza del tejido empresarial. Se ha perdido una oportunidad, pero no irremediablemente.

 

Ahora, deberá haber un análisis minucioso de las divisiones que han impedido el acuerdo para a continuación reanudar la búsqueda de un compromiso.

 

Para que prospere el sistema multilateral de comercio –y debe prosperar si se elimina el proteccionismo- es mejor algún progreso que ninguno. Los acuerdos comerciales bilaterales y regionales no son un recambio. Al contrario.  Aumentan el riesgo de un panorama internacional fragmentado con acuerdos de comercio en los que el que sea más fuerte dicte su voluntad a la parte más débil. No puede ser ése el deseo de ningún país en vías de desarrollo.

 

Los subsidios a las exportaciones agrícolas distorsionan el comercio, por lo que cualquier desmantelamiento de los que haya, por parte de los países ricos, es mejor que dejar las cosas como están en ausencia de un acuerdo global. Unas mayores reducciones de aranceles sobre los productos industriales beneficiarían por igual a los pobres y a los ricos, como también pasarían si se siguiera liberalizando el comercio de servicios.

 

En los próximos meses, los negociadores de la OMC deberán encontrar una vía que permita avanzar todos y cada uno de los llamados puntos de Singapur –inversiones, competencia, facilidades al comercio y trasparencia en las contrataciones públicas-, cada uno a su ritmo y cada uno por sí mismo. Sin embargo, En Cancún ha quedado claro que para que eso ocurra será necesario un progreso en el acceso a los mercados agrícolas e industriales.

 

Aunque lamentemos el suspenso de Cancún, no deberíamos perder de vista lo que ya se ha conseguido desde que se lanzó la ronda en noviembre del 2001. Incluso en las inmediatas sesiones preliminares a Cancún, la OMC anunció un acuerdo que aumentaba el acceso de los países pobres a las medicinas esenciales. Un paso que se recibió con alegría como muy necesario para impulsar las negociaciones. También se tomaron medidas para mejorar la participación de los países menos desarrollados en las negociaciones sobre servicios.

 

Cancún ha sido destacable porque los países han demostrado una gran reticencia a alterar sus posturas, a menudo insostenibles e históricas. Cuando todos estén listos a abandonar la retórica y los gestos, será entonces cuando puedan darse negociaciones creíbles en las que se ofrezcan posibilidades reales de éxito. Aunque para ello hay que retrasar la fecha límite de enero del 2005 como tope para la culminación de la ronda de Doha.

 

La ronda de Doha aún sigue intacta, aunque sacudida. La Unión Europea, los Estados Unidos y otros actores de los más significativos siguen comprometidos en construir sobre los progresos logrados en Cancún.

 

Otra señal positiva  es que los países en desarrollo están ahora jugando con eficacia un papel que utiliza su capacidad numérica en la OMC

 

A pesar del retroceso de Cancún, sería impensable que no se perseverara -por motivos que se pueden aplicar tanto a ricos como a pobres-. Una ronda que termine con éxito demostraría que en momentos de graves tensiones internacionales puede funcionar la cooperación internacional.

 

 Decidiendo que se amplíen los mercados abiertos nuestros gobiernos contrarrestarían la incertidumbre económica global  con una de las medidas más potentes a su alcance. Además, mejorarían las perspectivas para tres cuartas partes de la población que vive en los países pobres.

 

Los resultados demuestran que el sistema multilateral de comercio supone creación de empleo, prosperidad, crecimiento económico y la difusión de las ideas y las tecnologías. Todos los gobiernos de Estados miembros de la OMC así lo aceptan, o no se habrían puesto a comenzar una ronda en Doha.

 

Es algo que todos deben tener muy presente cuando se vuelvan a reunir en Ginebra y se pongan a trabajar.

 

 

Por Maria Livanos Cattaui – Secretaria General de la Cámara de Comercio Internacional