Cautela ruralista ante anuncio de que fijarán mínimo productivo en campos

El presidente de la Federación Rural, Roberto Uriarte, dijo a Últimas Noticias que seguramente «estará en la agenda» el tema de exigir una productividad mínima por la tenencia de campos, pero prefirió no profundizar en el concepto porque «una cosa son los planteos generales y otra muy distinta cuando éstos se bajan a tierra».

El futuro subsecretario de Ganadería, Agricultura y Pesca, Ernesto Agazzi, dijo el lunes a este medio que está estudiando toda la bibliografía disponible y analizando los ejemplos de otros países, a efectos de instrumentar herramientas que permitan mejorar el rendimiento de la tierra. En ese sentido, afirmó que en Uruguay «hay demasiada tierra que produce muy poco» y resulta necesario imponer un sistema que exija un mínimo de productividad a través de impuestos, multas o sanciones de otro tipo.

Uriarte dijo que no se contestarán temas puntuales y prefiere que se conforme una agenda de asuntos a tratar con el gobierno electo.

«Temas como el de la productividad mínima exigible hay que tratarlos y aplicarlos en función de las circunstancias. Cuando se plantee, se profundizará como corresponde», señaló.

Por su parte, Fernando Mattos, titular de la Asociación Rural, se disculpó por no adelantar opinión, aunque aseguró que el asunto será

planteado en una próxima entrevista con Agazzi, que fue solicitada pero todavía no ha sido concedida.

¿RETORNO DEL IMPROME?

La productividad mínima exigible como base de tributación del sector agropecuario no es nueva para el Uruguay que, como antecedente, ya conoció al Improme (Impuesto a la Productividad Mínima Exigible).

La Comisión de Inversión y Desarrollo (Cide) que funcionó desde 1964 hasta 1966 tenía como función la elaboración de un diagnóstico del país y la elaboración de un plan nacional de desarrollo productivo. Entre otras áreas, abordó el estancamiento del sector agropecuario proponiendo en el rubro impositivo un concepto de productividad mínima exigible. Así nació el Impuesto a la Producción Mínima Exigible de las explotaciones agropecuarias (Improme) cuya esencia consistía en la tributación en función de una renta presunta o calculada que debía reflejar la renta bruta obtenible en campo natural con los rubros pecuarios (carne bovina, ovina y lana).

«Niveles altos de producción, o al menos superiores a los establecidos como productividad media del país, obtenidos por un mejor manejo o nuevas tecnologías, en definitiva, producciones más intensivas no eran pasible de tributación para esos rangos superiores. De esta forma, la productividad mínima exigible determinada para cada padrón o padrones que conforman un predio, debían mantener con la media del país la misma relación que se establecía entre la capacidad productiva del predio en cuestión y la capacidad productiva media nacional. Estas relaciones dan como resultado que la capacidad productiva de los mejores suelos y, en consecuencia, sus más altos índices de productividad contribuyan relativamente en mayor proporción a la tributación, alcanzándose el carácter finalista del impuesto», explica un trabajo en la materia realizado en octubre de 1998 por los ingenieros agrónomos Carlos Morelli y Walter H. Robledo.

No obstante, dado que el Improme consideraba la renta bruta como monto imponible y se consideró que no se correspondía con los resultados económicos finales de la empresa, en 1979 se cambió el criterio para considerarse la renta neta y el tributo pasó a llamarse Imagro. Finalmente, el Imagro fue derogado en junio de 1995.