Chávez, distanciado de Lula y en busca de aliados más “débiles

Ya no es tan usual ver a Hugo Chávez, el carismático presidente venezolano, abrazado a sus colegas de Brasil y Argentina. A lo largo de 2008 fue abroquelando en cambio su alianza con los gobiernos ideológicamente más cercanos –los de Bolivia, Nicaragua y Cuba– formando un “núcleo duro” dentro del contexto latinoamericano.
El célebre “¿Por qué no te callas?” del rey de España hace poco más de un año, en la Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile, preludió el reposicionamiento táctico de Chávez. Fue el nicaragüense Daniel Ortega quien emprendió entonces la defensa más encendida del venezolano ante el exaprupto del monarca.

Distancia con Brasil. El presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva, cauto, salía de todos modos una semana más tarde respaldando a Chávez. Pero ya no apareció el líder bolivariano como “ladero” un tanto desobediente del mandatario brasileño, como ocurría en los tiempos de debate sobre el proyecto estadounidense del ALCA, “enterrado” en la cumbre de Mar del Plata a fines de 2005.

Por el contrario, Chávez parece recoger alianzas donde se distancia Brasil o se extreman los conflictos más allá de lo previsto. Y pierde fuerza cuando Itamaraty retoma la iniciativa.

Como ocurrió con la expulsión del embajador estadounidense de La Paz tras la masacre de Pando a comienzos de setiembre, cuando Caracas imitó de inmediato la medida de declarar persona non grata al representante de Washington “por solidaridad con Bolivia”.

Pero fue la diplomacia brasileña la que armó pocos días más tarde en la cumbre de la flamante Unasur en la capital chilena el cerco de contención a todo intento de desplazar a Evo Morales del poder.

De modo similar había movido sus fichas Chávez cuando militares colombianos dieron muerte a Raúl Reyes, uno de los máximos líderes de las FARC, en territorio ecuatoriano, a comienzos de marzo.

El gobierno venezolano movilizó tropas a la frontera colombiana y también entonces, retiró su embajador en Bogotá, como eco a una medida similar del gobierno ecuatoriano. En ese momento fue la cumbre del Grupo de Río en Santo Domingo la que encontró los mecanismos para bajar la tensión regional.

El mismo presidente ecuatoriano Rafael Correa parece aceptar con dudas el apoyo de Chávez, quien buscó hasta ahora sin éxito sumarlo a la iniciativa del ALBA (Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), integrada por Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua y, a partir de este año, también Dominica y Honduras, en tanto que Ecuador mantiene un papel de observador.

También es fluctuante la relación del líder venezolano con el gobierno argentino, después de algunos años de estrecha cooperación política.

El fracaso de la gestión de Chávez en la selva para rescatar rehenes de las FARC con el ex presidente argentino Néstor Kirchner de frustrado “garante”, el desarrollo del juicio en Miami por la valija con los US$ 800.000 venezolanos presuntamente destinados a la campaña electoral de Cristina Fernández y la adquisición de bonos argentinos por Venezuela a condiciones poco convenientes para Argentina terminaron enfriando la relación, aunque sin que se registraran declaraciones públicas que lo reflejaran.

Débiles. Pero Chávez se mantiene siempre atento a los conflictos potenciales que pueden darle la oportunidad de ponerse del lado de los “débiles”, lógicamente los más dispuestos a aceptar aliados.

El precio del gas boliviano y la energía paraguaya generada en Itaipú, así como la discusión por inversiones brasileñas en Ecuador y más recientemente, la declaración de ilegitimidad de parte de la deuda externa de este último país, le brindan ocasiones recurrentes para mostrarse como la cabeza de la “solidaridad bolivariana”.

Se apoya a la vez en los conflictos mundiales para buscar pilares extrarregionales, como el de Irán o el de Rusia, país con el que entabló una importante cooperación militar. Pero no cabe duda de que estas movidas no alcanzan a equiparar el peso que ha adquirido Brasil en el contexto internacional, en particular a partir del estallido de la crisis económica global, con su participación en las deliberaciones del G20. Ni llega tampoco a desplazar el peso del gobierno de Lula en el ámbito regional.

Un indicio en este sentido es la sopresiva cancelación de la cumbre extraordinaria del ALBA, que debía preludiar el fin de semana pasado en Caracas al complejo de cumbres –de Unasur, Mercosur, Grupo de Río y la Conferencia América Latina y el Caribe– en el balneario brasileño de Costa do Sauípe.

Con o sin presión brasileña, Chávez parece haber preferido no hacerle sombra ni plantarle agenda a la maratón regional en la que será anfitrión Lula.

No se privó, sin embargo, de dejar sentado que Cuba debe ser considerada, antes que nada, aliada de Venezuela. Con o sin reunión del ALBA, el gobernante cubano Raúl Castro se vio ante el hecho consumado del anuncio público desde Caracas de que haría escala en la capital venezolana antes de proseguir a Brasil en un viaje cargado de simbolismo, al tratarse de la primera salida de la isla del sucesor de Fidel, en un contexto internacional cambiante.