Chofer enfrenta la Justicia tras choque que dejó 9 muertos

La plaza de Sauce estaba conmocionada anoche. Unas 100 personas se reunieron en el centro; la tragedia había invadido el pueblo. Enfrente, ocho integrantes de una familia de Toledo eran velados en la sala dos de la empresa fúnebre Rogelio Fernández y el cuerpo de otro miembro de esta familia permanecía en la sala tres. Habían salido de madrugada para unas merecidas vacaciones, pero en el camino se cruzaron con la muerte.

La madrugada anterior, cuando el reloj marcaba las 3:30, Javier Andrade y su familia se subieron a una vieja Chevrolet del año 51. Partieron desde su casa en Toledo. Javier tenía 35 años y hacía un año y medio había tenido al pequeño Alex, su primer hijo, con Andrea Chirionez, una joven de 22 años que había conocido en su pueblo.

Sus allegados lo consideraban un hombre muy trabajador. Vendía leña, corderos y lechones en Toledo y sus alrededores. Este fin de año había sido muy bueno para su trabajo. Hace solo un par de días le comentó a su tío que las ventas que había logrado en Navidad y Año Nuevo habían sido tan buenas que se merecía unas buenas vacaciones.
«Mire tío, me quiero tomar unas vacaciones para descansar porque trabajé bien en estas fiestas», dijo Javier. «Bueno m’hijo, lo mejor que podés hacer es ir a tomarte unas vacaciones y después regresar para seguir con tu trabajo», fue la contestación de su tío según narró a Telenoche 4.

Javier y Andrea no quisieron ir solos por lo que invitaron a los padres de ella, Domingo Chirionez y Ana María Saracho. También le ofrecieron ir a Karen, la hermana de Andrea, quien aceptó y se subió a la camioneta junto con su pareja, Alberto Martínez, y sus hijos, Lucas y Maycol. Además fue Matías, hermano menor de los Chirionez quien tenía 15 años, y César, hermano de Alberto.

Decidieron irse a un camping en Durazno. Iban todos con sus bolsos, sus valijas, sus mochilas, colchones y carpas. La elección no había sido nada difícil. La abuela Ana María tenía cáncer y estaba realizando un tratamiento de quimioterapia. El abuelo Domingo quería que su esposa viera, tal vez por última vez, a sus familiares de Durazno.
Cuando iban por la ruta 6 pararon en una estación de servicio en la intersección con la ruta 33. Llenaron el tanque y siguieron su rumbo. A las cinco menos cinco, la guadaña se les cruzó de frente en forma de camión. Era un vehículo de color rojo; como un presagio del sangriento episodio. Fue como si un tren les hubiera pasado por encima. Quedaron aplastados.

El campo al costado de la carretera quedó regado con sangre. El panorama era macabro… había cuerpos por todos lados. Sus torsos se podían distinguir claramente, pero piernas y brazos se habían desprendido. Uno de los cuerpos que más sufrió estaba destrozado, hecho pedacitos, desperdigado por el área que circundaba el accidente.

Las causas del accidente todavía no fueron establecidas, pero todo apunta a una impericia del chofer del camión, de 29 años, que cruzó a la senda contraria. El joven fue inmediatamente detenido por la Policía y hoy declarará ante la Justicia de Florida y todo indica que será procesado.
Un poco más temprano, a las nueve y media de la mañana, se espera que comiencen los nueve sepelios.