Clima de alta tensión tras el ataque contra FARC

Reyes murió el sábado en un bombardeo de aviones colombianos sobre un campamento ubicado en territorio de Ecuador, según el gobierno colombiano en legítima defensa ante la agresión de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) desde territorio ecuatoriano.

El presidente ecuatoriano Rafael Correa se enteró del incidente el mismo sábado a través de una llamada del presidente colombiano Álvaro Uribe. En un principio reaccionó con serenidad, pero tras recibir el informe militar desde el sitio de los hechos montó en cólera.

«Los cadáveres estaban en paños menores, en pijamas, es decir no hubo ninguna persecución caliente (como le informó Uribe); fueron bombardeados y masacrados mientras dormían», agregó, enfatizando que no «va a permitir más ultrajes» de Colombia.

Correa ordenó el retiro del embajador ecuatoriano en Bogotá, Francisco Suéscum, por la «transgresión a los principios de soberanía e integridad territorial» por parte de las Fuerzas Armadas colombianas. Aclaró que la medida no significa el fin de las relaciones diplomáticas.

El ministro de seguridad, Gustavo Larrea, calificó el hecho como «el atentado más grave contra la soberanía ecuatoriana cometido por Colombia al menos en lo que va del siglo».

Según Correa, Uribe «fue engañado o una vez más le mintió al gobierno ecuatoriano» al hablar de una «persecución en caliente» que al parecer no existió. «Vamos a ir hasta las últimas consecuencias, repito, hasta las últimas consecuencias para que se aclare este escandaloso hecho, una agresión a nuestro territorio y a nuestra patria».

Antes el presidente venezolano Hugo Chávez, quien ofreció su apoyo a Correa, cuestionó el hecho de que tropas colombianas se adentraran en Ecuador, y también ordenó el cierre de su embajada en Bogotá y la movilización de 10 brigadas militares a la frontera.

«Nosotros no queremos guerra, pero no le vamos a permitir al Imperio (Estados Unidos) ni a su cachorro que es el presidente (de Colombia, Álvaro) Uribe que nos vengan a debilitar», apuntó Chávez. «El presidente Uribe es un criminal… Uribe hace lo que le manda a hacer (el presidente estadounidense George W.) Bush«, agregó.

Las relaciones entre Colombia y Venezuela se encuentran seriamente agrietadas desde que el presidente Uribe ordenó el 22 de noviembre suspender la mediación que había encomendado a Chávez para realizar un canje de rehenes en poder de las FARC por rebeldes presos. Chávez calificó como una masacre el operativo en el que murieron Reyes y otros 16 guerrilleros.

Reyes, de 59 años, era considerado uno de los hombres de la línea dura de las FARC y mano derecha del fundador de esa guerrilla, el septuagenario Manuel Marulanda («Tirofijo»), de quien era yerno.

Pero Reyes también era la cara visible de las FARC y el responsable de los contactos políticos de la organización, especialmente en el tema de los rehenes.

La ex ministra colombiana de Defensa, Marta Lucía Ramírez, senadora de la coalición que respalda a Uribe, calificó como «gravísima» la posición de Chávez, aunque señaló que se corresponde con su interés de buscar un conflicto exterior para desfogar la situación interna en Venezuela. «Es una declaración gravísima, aunque sabemos que el presidente Chávez intenta desviar la atención buscando peleas en el exterior para acallar los reclamos que le hacen en su país por el desabastecimiento y la corrupción».

Ramírez defendió la muerte de Reyes como un logro de la política de «Seguridad Democrática», la estrategia diseñada por Uribe para combatir a las guerrillas y a la que Washington ha contribuido con más de 3.000 millones de dólares.

«EL FIN DEL FIN». El Gobierno colombiano reforzó las medidas de seguridad en los principales centros urbanos del país y zonas de influencia de las FARC, para evitar una eventual represalia de esta guerrilla por la muerte de Reyes.

«Todas las medidas se están tomando», señaló el ministro del Interior y Justicia, Carlos Holguín, aunque puso en duda la capacidad de las FARC para lanzar una ofensiva de importancia. Esa guerrilla «tiene muy poco espacio en el territorio nacional, está muy reducida, está muy debilitada», afirmó. Es más: «Creo que está en el fin del fin», agregó.

Las medidas de seguridad se incrementaron con un mayor despliegue militar en Bogotá y otras ciudades