Clima después de la tormenta

Tomando como puntapié la publicación del informe Clima de inversión: retos y oportunidades en Uruguay, realizado por el Banco Mundial (BM), las cuatro principales cámaras empresariales nacionales y el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) realizaron un seminario sobre el tema, que incluyó la exposición de pareceres de estos organismos y la presentación del documento por parte de la jefa del equipo de trabajo, Esperanza Lasagabaster.

?Qué implica el “clima de inversión”? Las diferencias en la productividad total de los factores (la parte del crecimiento que no puede ser explicada por la acumulación de capital físico o humano) “pueden ser atribuidas a la resistencia a la adopción de nuevas tecnologías y al uso eficiente de las tecnologías operativas existentes. Esto último, a su vez, se ve afectado por el marco institucional y de políticas que emplea una sociedad”, configurando el “clima de inversión”, explica el informe.

A renglón seguido, la publicación señala que si bien tener una política macroeconómica estable es necesario para la mejora de la competitividad, esto no es suficiente para asegurar un crecimiento económico más rápido porque “las bases microeconómicas del desarrollo económico también deben tomarse en cuenta ya que afectan profundamente la competitividad y el crecimiento”. Estos determinantes comprenden desde la capacidad de la fuerza laboral, las capacidades tecnológicas de las empresas, su acceso al crédito, la calidad y cobertura de la infraestructura hasta la fortaleza y calidad de las instituciones nacionales y las regulaciones.

Asimismo, el trabajo del BM indica que como la productividad y la competitividad de un país “son el resultado de la agregación del desempeño individual de las empresas, las condiciones que permiten a las empresas competir y ser exitosas en un entorno globalizado constituyen un insumo necesario para lograr el crecimiento y la competitividad global de ese país”.

Crédito y confianza Entre los grandes logros del país que destacó el equipo de trabajo figura el hecho de que este gobierno alcanzó la estabilidad financiera. Sin embargo, Lasagabaster alertó sobre la problemática que enfrenta el sector empresarial, principalmente las dificultades de las pequeñas y medianas empresas (PYME) para acceder al crédito.

“El acceso de las empresas a los mercados financieros es mucho más limitado en Uruguay que en otros países con características similares”, afirmó, hecho que se constata con la encuesta del BM: “A pesar de que los bancos se encuentran debidamente capitalizados y existe liquidez en el sistema, el financiamiento bancario representa menos del 7% del capital de trabajo”. Puntualmente, sobre las PYME se asegura que sufren una tendencia a estar “más restringidas” desde el punto de vista financiero.

Contrario a lo que podría indicar el sentido común, el problema del limitado uso del financiamiento externo no se debe únicamente a la baja oferta sino también a una demanda demasiado baja. Entre las hipótesis que maneja el estudio frente a este comportamiento figura el hecho de que algunas empresas siguen endeudadas o se han vuelto temerosas al riesgo que implican los créditos luego de la crisis financiera de 2002, y entre los que solicitan pero no reciben crédito, la falta de garantía “parece ser la principal limitación”, según la encuesta del banco.

De esta forma, Lasagabaster sugirió al Ejecutivo uruguayo que se esfuerce en mejorar la confianza hacia los sistemas de información de las empresas y del sistema financiero, y para “consolidar los cambios” abogó por una pronta aprobación de la ley de Valores y de la de Concurso y Reorganización Empresarial.

Logística, infraestructura y burocracia Otro de los aspectos destacados por la técnica como principales méritos de la gestión progresista es la reformulación de la Corporación Nacional para el Desarrollo, que “sin lugar a dudas sirve mucho” para mejorar el clima de inversión.

Subrayó el hecho de que ya no haya injerencia político-partidaria al momento de elegir su equipo directivo, y que ahora sí los directores son claramente independientes y con mandatos precisos acerca de la ejecución. Esto “facilita el desarrollo del mercado, sin sustituirlo”, enfatizó Lasagabaster.

En referencia a la infraestructura (uno de los pilares en la competitividad), la encuesta demuestra que “si bien es buena y satisfactoria”, ahora hay nuevos retos: “se precisa una mayor cobertura de banda ancha; al crecer y diversificarse las exportaciones, cambian y aumentan las demandas”. Por ejemplo, uno de los problemas al que se podría enfrentar la industria forestal de incrementarse su actividad fuertemente (como está previsto para los próximos años) es el traslado de la madera desde los centros de cultivo hacia los puertos e industrias.

Se prevé que el aumento del tránsito pesado afecte negativamente las rutas, por lo que se demanda el reflote de la red ferroviaria. Este reclamo fue puesto de manifiesto por los empresarios a través del representante de la Cámara Mercantil de Productos del País (CMPP), Gonzalo González.

También se hizo referencia al obstáculo importante que implica la falta de desarrollo en infraestructura energética, adelantándose a la demanda creciente que se proyectó por la mayor actividad industrial.

Pero la novedad (o no tanto) podría estar dada en que desde el BM se sostiene que el fomento de un ambiente más competitivo ayudaría a atraer inversiones más altas en el sector de infraestructura y a aumentar así la eficiencia, recordando que “en las áreas en las que Uruguay ha estimulado la competencia, los servicios han aumentado con rapidez y la eficiencia ha sido mayor”, en una posible alusión a las ofertas energéticas y en ferrocarriles.

Otro flanco aún débil es la burocracia, que “está muy generalizada”.

Pese a reconocer los avances de las reformas institucionales en DGI y Aduanas, el estudio cree que se les podría dar mayor prioridad a otras similares en otros organismos estatales.

Con este panorama, el informe abre un espacio en la dirección de que “será fundamental mejorar el clima de inversión para mantener el crecimiento acelerado que se ha observado en los últimos años”. Y apunta que “algunas de las reglamentaciones laborales conducen a la informalidad, a pesar de que la intención inicial era proteger a los trabajadores vulnerables”, por lo que debe flexibilizarse, mientras “proporciona una protección social adecuada”. Además, sugiere que la inversión en capacitación promovería la productividad de empresas y trabajadores, apuntando también hacia una complementación entre capacitación y tecnología, porque “generalmente las inversiones de las empresas uruguayas en innovaciones y nuevas tecnologías son limitadas”.