Comercio con China favoreció crecimiento, pero alertan por impacto en industria local. Apuesta

Nadie puede dudar de la creciente relevancia que China ha adquirido en el escenario internacional durante los últimos años, donde se ha convertido en un actor de peso. Sin embargo, menos conocida es la incidencia que éste tiene sobre nuestro país.
Para muestra basta un botón: desde 2010 el gigante asiático se convirtió en el segundo socio comercial de Uruguay, debido principalmente a la complementariedad que hay entre ambos países: por un lado nosotros exportamos productos primarios y agro-industriales, y por el otro importamos diversas manufacturas. Ello ha favorecido enormemente a nuestro país, que ha mostrado importantes tasas de crecimiento pese a la incertidumbre que se vive en el mundo desarrollado.
Sin embargo, no todo lo que reluce es oro, y los vínculos con China traen aparejados diversos riesgos, como la primarización de la producción local. Ante esta realidad, es que se debe apostar a «diversificar todavía más la oferta exportable, que necesariamente debe incluir productos con un mayor proceso tecnológico».
Esa es una de las conclusiones a las que arriba el informe «China y Uruguay: oportunidades y retos para vencer asimetrías», elaborado por Ignacio Bartesaghi y Susana Mangana, investigadores del Departamento de Negocios Internacionales e Integración de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Católica.
El documento, al que accedió CRÓNICAS, apunta a «analizar la evolución de las relaciones diplomáticas y comerciales entre Uruguay y la República Popular China (…), teniendo en cuenta las asimetrías existentes entre ambos, y en el marco de la evolución de la presencia de China en América Latina, dos actores que asumen un papel cada vez más relevante en la gobernanza global».

Actor global
En primer lugar se destaca la creciente relevancia de China como actor global, país que se ha transformado en los últimos años en «una potencia mundial en prácticamente todos los ámbitos, desde el económico comercial hasta el militar».
Describe que se trata del país más poblado del mundo, el cuarto más extenso del planeta, y se ha convertido recientemente en la segunda economía más importante a nivel global superando a Japón. «Su economía es la que ha crecido más en promedio en los últimos 30 años y continuará siendo el gran responsable del crecimiento mundial de los próximos años», subraya el documento. Asimismo, recuerda que según proyecciones de la Cepal y el Banco Mundial, China superará en los próximos años a Estados Unidos como principal economía global, que en el 2030 dos tercios de la clase media mundial estarán en Asia Pacífico y que representarán el 60% del gasto de consumo.
En materia comercial, es el «primer jugador» a escala internacional en el comercio de bienes y ocupa los primeros puestos en el de servicios. Asimismo, a nivel de consumo es el mercado de más rápido crecimiento y el primer importador en un gran número de productos como aluminio, cobre, hierro, níquel, carbón, plata, algodón, arroz, maíz, entre otros. También es uno de los principales productores mundiales de un número elevadísimo de manufacturas. Es el segundo consumidor de energía a nivel global y el primer emisor de gases de efecto invernadero, al tiempo que posee las reservas internacionales de dólares más abundantes del mundo.
Por todos estos motivos, la investigación destaca que «China se ha constituido como un actor político de primera línea», siendo miembro permanente del Consejo de Seguridad de
Naciones Unidas, y el líder indiscutido del fenómeno BRIC (conjunto de las principales potencias emergentes, formado además por Brasil, Rusia e India). También es considerada por todos los analistas como la potencia que liderará el escenario mundial junto con Estados Unidos.
No obstante, se advierte que «más allá de su evidente importancia en el escenario internacional, existe coincidencia en que China es especialmente cuidadosa a la hora de elegir los escenarios internacionales en los que actúa sin ejercer todo su peso político y económico. Esto es así (…) por su propia cultura y filosofía pacifista que apunta a combinar intereses y objetivos económicos con el equilibrio en asuntos claves de su agenda internacional».

Vínculos con la región
En lo que refiere a la relación de China con América Latina transitó por caminos «similares a los transitados por otros países», como Estados Unidos, esperando a que la ONU aceptase a República Popular China como la única representante de este país. Sin embargo, los vínculos se intensificaron «exponencialmente en la última década».
«China aprovecha en la actualidad el vacío de poder político y comercial de una Unión Europea en plena crisis. A su vez, la economía estadounidense se recupera pero más lentamente de lo esperado. En esta coyuntura, China cuenta con viento a favor», subraya.
Por otra parte, debido a «su todavía excesiva dependencia de la importación de recursos energéticos y agrocommodities», es que los países latinoamericanos productores netos de materias primas observan «oportunidades de negocio que por el momento no parecen mermar y que de alguna manera los ha conformado, impidiendo así subir la apuesta».
Sin embargo, también se plantean amenazas. «La relación con China marca el enorme desafío de saber congeniar las ganancias provenientes de dicha exportación con un proceso de transformación de su industria local (en América Latina), que evite la primarización», subraya el informe.
Relacionado con lo anterior, también se alerta por el impacto negativo que el gigante asiático tiene para los mercados internos, ya que «asfixia la producción local, afectando en muchos casos la política de industrialización».

Vínculos con Uruguay
En lo que respecta a las relaciones entre nuestro país y China, se recuerda que el inicio de los vínculos diplomáticos demoró más que en el resto de los países de la región (salvo Paraguay y otros países centroamericanos) debido a la amplia red de contactos que Taiwán había tejido en base a un sistema de dádivas y prebendas. «Una vez tomada la decisión de acercarse a China el gobierno uruguayo de aquel momento -fines de la década del ochenta-, recurrió a una diplomacia refinada para obtener beneficios tangibles de China, que contrarrestasen la pérdida del apoyo taiwanés, cuando ya el comercio bilateral era poco significativo», sostiene el documento, añadiendo que «esta negociación, considerada exitosa hasta hoy, fue impulsada desde la Cancillería uruguaya con una clara visión internacionalista».
Sin embargo, esa estrategia «no fue acompañada por un vigor empresarial más allá de sectores puntuales», lo que seguramente se debió a la limitada apertura con el exterior que tenía el país en 1988.
Se destaca que nuestro país «contó con el apoyo tácito y el reconocimiento del gobierno chino que envía regularmente visitas de altísimo nivel al país, algo inusual si se tiene en cuenta su tamaño relativo y lo limitado de su oferta exportable». De hecho cabe recordar, que el primer ministro chino, Wen Jiabao, inicia hoy viernes una visita oficial donde firmará acuerdos de cooperación en materia agrícola y científica (ver recuadro).
Teniendo eso en cuenta, recomienda que la estrategia de nuestro país apunte a «valorar este apoyo chino e intensificar la relación a todos los niveles, desde el meramente institucional, pasando por el educacional, y sensibilizando a una población que todavía desconoce mayoritariamente qué representa China hoy día».
En materia comercial, Uruguay muestra una relación complementaria con China, exportando productos agroindustriales e importando manufacturas. «Este hecho, sin duda favoreció al crecimiento del país, pero debe evaluarse el impacto que el mismo tiene en su modelo productivo. Para ello, es imperativo diversificar todavía más la oferta exportable, que necesariamente debe incluir productos con un mayor proceso tecnológico», fundamenta el estudio.
Por último, insta a no subestimar el capítulo servicios y el trabajo sistemático a desarrollar en pos de captar inversiones en infraestructura necesaria para el desarrollo del país.