¿Cómo queda planteado el panorama de inflación tras el dato de enero?

EMILIANO COTELO (EC):
Finalmente este martes se conoció el tan esperado dato de inflación de enero. Esperado porque la inflación de diciembre había sido alta, porque el gobierno introdujo hace un par de semanas una serie de medidas para paliar el problema y porque de todas formas se temía por un repunte adicional, que llevara la inflación todavía más cerca del umbral del 10% anual.

¿Cómo fueron finalmente los números? En los próximos minutos, conversaremos sobre el panorama de inflación con la economista Tamara Schandy, de la consultora Deloitte.

Había mucha expectativa sobre el número de enero. Desde el gobierno se había anticipado que la inflación podía ser mayor a la del mismo mes del año pasado. Eso afortunadamente no sucedió. ¿Cómo evaluaron ustedes el dato de inflación de enero?

TAMARA SCHANDY (TS):
Fue un dato bueno. El aumento de precios en el mes fue de 0,8%, muy en línea con lo que había sido la inflación de enero pasado. Por esa razón, la medición habitual de la inflación, en doce meses, quedó estable en 9,2%, el registro con el que había cerrado 2008.

Pero más allá de esos números, decimos que fue un dato bueno porque el aumento de precios estuvo mayormente explicado por una nueva suba de los precios de las frutas y verduras, mientras que en el resto de los precios se observaron subas más bien modestas e incluso bajas de precios en algunos casos.

En otras oportunidades hemos señalado en este espacio que el comportamiento de las frutas y verduras no es demasiado representativo de la tendencia inflacionaria porque estos precios tiene movimientos estacionales y, en particular, en los últimos meses ha habido una influencia muy importante de la sequía. En enero los precios de las frutas subieron 11,7% en promedio y los de las verduras 18,7%. Según nuestros cálculos, estos rubros aportaron 0,75% a la inflación de enero, de un aumento total de 0,8%.

EC: Eso quiere decir que en el resto de los casos hubo aumentos realmente bajos.

TS: Sí, en algunos hubo aumentos bajos, en otros no tanto pero se compensaron con rubros que cayeron en enero.

EC: ¿Cómo impactó en ese resultado la batería de medidas que ha tomado el gobierno en las últimas semanas?

TS: Hay un primer impacto importante a nivel de las tarifas públicas. Por un lado, no hubo aumento de la cuota mutual, que es un elemento que hubiera agregado una presión de inflación significativa en enero porque su peso en la canasta es bastante importante, de 8% aproximadamente. A eso hay que agregar que en enero hubo una rebaja de combustibles. Como no fue el 1º de enero hay parte del impacto que va a quedar recogido en el dato de inflación de febrero, pero de todas formas la información del Instituto Nacional de Estadística (INE)recogió en enero una caída de aproximadamente 2,5% en el rubro combustibles. Esos elementos, junto con una caída importante del precio del gas, que también se dispuso en enero, hicieron que el conjunto de los precios de la canasta básica que son administrados por el gobierno tuviera una incidencia negativa –o sea, deflacionaria- en el dato mensual de algo más de una décima y media.

En el resto de los precios es más difícil distinguir el impacto de las medidas que tomó el gobierno. En la carne, que es uno de los rubros que estuvo más en el tapete en las últimas semanas, el INE informó una baja en el peceto, pero hubo subas en otros productos y en el conjunto del rubro “carnes y derivados” en definitiva hubo un incremento, de aproximadamente 1%. Igual cabe aclarar que se trata de una suba en la medición promedio mensual. Eso no descarta que efectivamente hayamos tenido rebajas en varios cortes luego del acuerdo celebrado entre el gobierno y la industria frigorífica, que entró a regir en la segunda mitad del mes.

EC: ¿Y se puede sacar alguna conclusión acerca del impacto de la baja del dólar sobre los precios?

TS: Es difícil determinar con precisión el impacto, pero hay elementos significativos. El precio promedio de los bienes transables sin considerar a los alimentos cayó 1,1% en enero. Aquí estamos hablando de rubros como vestimenta, muebles y accesorios para el hogar, electrodomésticos, todos rubros en los que la baja del tipo de cambio seguramente jugó un papel importante.

El comportamiento de estos precios contribuyó a compensar subas en el caso de los bienes y servicios que llamamos “no transables”, en los que la demanda doméstica tiene una incidencia importante.

En definitiva, producto de todos estos elementos, la inflación subyacente fue de sólo 0,3% en enero, frente a niveles que venían situándose en torno de 1% en los meses anteriores.

EC: ¿Cuál es entonces el balance del dato de enero? ¿Disminuye el riesgo inflacionario? ¿Disminuye el riesgo de que la inflación supere el 10%?

TS: El dato de enero fue un alivio, sobre todo porque la inflación subyacente fue muy baja. De todas formas, comentábamos al inicio que la inflación en términos anuales está arriba de 9% y eso hace que el riesgo de que la inflación supere el umbral de 10% siga siendo significativo en el corto plazo.

Nuestra visión es que la inflación va a tender a ceder en los próximos meses. Pero realmente una inflación de 9,2% deja muy poco margen para el error de pronóstico. El riesgo de corto plazo sigue estando presente. Más allá de la tendencia de la inflación subyacente, no se puede descartar alguna otra “sorpresa” en el precio de las frutas y verduras, por ejemplo.

EC: Ustedes también han marcado en otras oportunidades que, más allá de las frutas y verduras, hay otros riesgos relevantes, sobre todo por el impacto inflacionario que podrían tener las fuertes subas de salarios que están previstas para este año. ¿El dato de enero arrojó algún indicio en relación a esto?

TS: La inflación subyacente, como dije antes, fue baja, y el aumento de los precios no transables, en particular, cedió en relación a los meses previos. Pero con un solo dato parece muy prematuro adelantar conclusiones acerca de si la dinámica inflacionaria está cambiando o no.

A nuestro juicio, la suba de salarios, sobre todo en un marco en el que la economía seguramente deje de crecer y en el que es entonces muy poco probable que veamos mejoras de productividad, es un riesgo de inflación que sigue siendo a nuestro juicio importante.

EC: De todas formas, decías recién, la tendencia de mediano plazo es para ustedes de baja, ¿verdad?

TS: Sí. Incluso desde antes que saliera el dato de enero estábamos previendo una tendencia declinante, en la que la inflación cerraría el año en torno de 7%. Ese pronóstico contempla presiones todavía importantes desde el punto de vista de la demanda doméstica -por la suba de salarios-, pero nos parece que el cambio en el contexto internacional, con una corrección fuerte de los precios de los commodities y con deflación en dólares en muchas economías relevantes, debería promover una desinflación significativa de los bienes y servicios transables. Nuestros modelos nos sugieren que esas menores presiones de inflación desde el resto del mundo van a permitir compensar las presiones domésticas, de forma que la inflación vaya reduciéndose gradualmente.