¿Cómo quedan las perspectivas de inflación tras la baja de precios al consumo registrada en abril?

JUAN ANDRES ELHORDOY (JAE):
Ayer lo informamos. el índice de precios del consumo bajó un 0,04% en abril, lo que determinó una nueva baja de la medida usual de inflación en años móviles, desde un 7,5% hasta un 7,1% anual.

Se trata sin dudas de una buena noticia, que plantea de todas maneras algunas preguntas. ¿A qué obedeció ese descenso de los precios? ¿Cuánto incidieron, en particular, las bajas en frutas y verduras? ¿Con estos datos se confirma un descenso de las presiones inflacionarias? ¿Habrá espacio para una flexibilización de la política monetaria? Sobre estos temas, en seguida el diálogo es con el economista Pablo Rosselli, de la consultora Deloitte.

Pablo, ¿cómo vieron el dato de abril? La encuesta de expectativas que hace el Banco Central entre los analistas apuntaba a una inflación de 0,5%. finalmente la variación de los precios fue prácticamente nula.

PABLO ROSSELLI (PR):
Es cierto. Nuestra proyección coincidía con la mediana de la encuesta. esperábamos una inflación para abril de 0,5%.

Esa proyección contemplaba un descenso leve de las frutas y verduras, que tenía en cuenta (como hemos comentado varias veces en el programa) que las frutas y verduras se han encarecido mucho en los últimos meses. Desde esa situación de partida preveíamos una baja de frutas y verduras. Sin embargo, es muy difícil proyectar esos precios porque son muy volátiles y dependen fuertemente de las fluctuaciones de la oferta (que dependen de la producción nacional y también de las importaciones que permita o no permita el gobierno). Finalmente, los precios de las frutas frescas bajaron 7,9% y las verduras cayeron 11,3%. En conjunto frutas y verduras tuvieron una incidencia negativa en el IPC de 0,5%.

En otras palabras, el desvío estuvo en muy buena medida explicado por esa caída tan marcada en frutas y verduras.

JAE: Queda claro ese punto. El dato de abril está muy influido por ese factor puntual. Pero, ¿cómo están mirando la tendencia inflacionaria?

PR: Desde hace unos cuantos meses estamos previendo que las presiones inflacionarias deberían ceder moderadamente en Uruguay, porque el año pasado tuvimos un empuje muy fuerte de los precios internacionales de los alimentos, que se revirtió cuando se agravó la crisis internacional a partir del último tramo de 2008.

De hecho, en los últimos meses hemos visto cierto descenso de nuestra medida de inflación subyacente. La inflación subyacente (que toma los precios del consumo y le saca frutas y verduras por su volatilidad y todos los precios que administra el gobierno para quitarle a la serie la incidencia de las medidas más discrecionales que puede tomar el gobierno para afectar el comportamiento del índice) ha bajado desde niveles de 11% anual en diciembre hasta 9,5% anual en el cierre de abril.

JAE: De todas maneras ese indicador sigue siendo alto. ¿Es así?

PR: Sí, y confirma que las presiones inflacionarias siguen siendo importantes, a pesar de que se han aflojado un poco. El descenso de la inflación subyacente de los últimos meses responde justamente a descensos en los precios de los alimentos que tienen como referencia los precios internacionales (carnes, lácteos, productos farináceos). Eso ha permitido que el conjunto de los precios de bienes transables internacionalmente, que componen la canasta del IPC, se hayan desacelerado notoriamente, desde un aumento anual de 9% en diciembre hasta un 7% anual ahora en abril. En cambio, los precios de los bienes y servicios no transables mantienen un aumento muy importante, de 12% anual, que refleja la expansión de la demanda interna y la suba de los salarios.

JAE: A partir de ese diagnóstico, ¿qué espacios se le abren a la política económica para estimular la economía?

PR: Acá hay varios aspectos a tener en cuenta. En la medida que las presiones inflacionarias continúen cediendo, el Banco Central podría encontrar algún espacio para promover algunos recortes de las tasas de interés. Eso, a su vez, contribuiría a que el tipo de cambio subiera, propiciando cierta mejora de la competitividad que ayudaría a los sectores exportadores a enfrentar un poco mejor el contexto internacional negativo.

Sin embargo, por otro lado, el gobierno debe cuidar el frente fiscal. Entonces, ese espacio que plantea el descenso de la inflación podría utilizarse para promover algunos incrementos de tarifas.

JAE: Sí. de hecho esta semana subieron los combustibles y también habrá un incremento de las tarifas de electricidad. De todas maneras, me imagino que habrá quienes se pregunten si en este marco externo negativo estas subas de tarifas no afectan al sector productivo.

PR: Sin dudas que sí. Desde el punto de vista de la actividad económica y de los costos de las empresas, sería mejor no subir las tarifas y en lugar de eso bajar las tasas de interés.

Sin embargo, otras veces comentamos que el gobierno también enfrenta una restricción fiscal y que el resultado primario (de solamente 1% del PIB) luce reducido para enfrentar un contexto externo tan adverso.

Ahora, en los últimos dos años el gobierno ha recurrido frecuentemente a la política de tarifas, para compensar por esa vía la suba de los demás precios de la economía. De hecho, los precios administrados por el gobierno registraron en promedio una variación nula en los últimos 12 meses. Para sostener esa política, el gobierno debió aplicar subsidios en algunos casos (como en el sector salud, para compensar que no se ajustó la cuota mutual, o en el sector transporte). En el caso particular de UTE y Ancap se produjo un deterioro muy fuerte de los resultados. En el caso de UTE porque las subas de tarifas fueron importantes pero muy inferiores al aumento del costo de la energía y en el caso de Ancap porque cuando los precios internacionales del petróleo subieron los ajustes no acompañaron en igual magnitud y porque luego se aplicaron recortes de precios cuando comenzaron a bajar los precios internacionales.

JAE: Entonces, ¿cómo quedan las perspectivas de inflación para este año?.

PR: Como decíamos recién, el cambio de marco internacional se ha traducido en una disminución de las presiones inflacionarias. A nuestro juicio, eso debería permitir que en 2009 terminemos con menos inflación que el año pasado.

De todas maneras, hay dos elementos a considerar. Por un lado, los salarios están subiendo a un ritmo muy fuerte (mayor que la productividad) y eso plantea algún riesgo de que las empresas terminen pasando a precios las subas de costos. Ese riesgo, sin embargo, se ha visto moderado por el contexto más recesivo que enfrentaría la economía este año.

Por otro lado, el desempeño de la inflación dependerá de decisiones de política económica. El gobierno tiene explícitamente un objetivo de inflación de entre 3% y 7%. El centro de ese rango objetivo es 5%. Si el gobierno deseara llevar la inflación hacia ese 5%, entonces probablemente no habría espacio para bajar las tasas de interés o para subir las tarifas. La primera pregunta entonces es si el gobierno procurará bajar la inflación hacia el rango objetivo. Nosotros estamos asumiendo que no. Los riesgos en el frente de actividad económica y en el campo fiscal nos hacen pensar que la política económica combinará en los próximos meses algún recorte de tasas de interés con algunos ajustes de tarifas, procurando cuidar un objetivo de competitividad y un objetivo fiscal. No podemos saber la combinación o el peso de cada uno de esos objetivos, pero sobre esa hipótesis pensamos que la inflación cerrará el año levemente por debajo de 7%.