Como se preveía, la elección fue apática.

A los ojos de un uruguayo, acostumbrado a que los electores se identifiquen con los colores y emblemas de los partidos que votan, las calles porteñas sorprendían ayer por la falta de símbolos e iconografía partidaria que mostraran que se elegía presidente, varios gobernadores -de ocho provincias, entre ellas Buenos Aires- y que también se renovaban parcialmente el Senado -la tercera parte- y la Cámara de Diputados -la mitad-.

Hay dos razones que explican el fenómeno: la formidable apatía de la población frente a los comicios que se tradujo en altísimos niveles de indecisos hasta pocas horas antes de la elección, y que la justicia electoral no permitió que ninguno de los candidatos que se identifican con el Partido Justicialista (PJ, el Peronismo) y la Unión Cívica Radical (UCR), los dos principales partidos, utilizasen los nombres e íconos de esas agrupaciones políticas.

Si no fuera porque el movimiento de autos y personas era más intenso y porque la cantidad de policías en las calles era mayor a la habitual, ayer parecía ser un domingo como todos.

Las calles de Buenos Aires estaban inundadas de turistas de todas partes -principalmente brasileños- que aprovechan el dólar barato y se atiborran de compras que atesoran en bolsas de todo tipo de tamaño y color.

En los restoranes los comensales no pudieron disfrutar de las bondades de los vinos argentinos porque desde la medianoche del domingo regía la veda alcohólica y también debieron salir a almorzar más temprano porque las cocinas de los locales gastronómicos cerraban antes de lo habitual para que quienes allí trabajan pudiesen ir a votar.

La prensa de todo el mundo sí se sintió atraída por una elección en la que por primera vez en la historia un presidente podría ser sucedido democráticamente por su esposa. También era la primera vez que una mujer podía ser electa presidenta en Argentina (la anterior mandataria, «Isabelita» Perón, asumió la Primera Magistratura por la muerte de su marido). Eran casi 1.500 los periodistas de todo el mundo que se acreditaron ante las autoridades electorales para cubrir las elecciones argentinas.

Es que hace sólo poco más de seis décadas, el 9 de septiembre de 1947, que Argentina sancionaba la ley que otorgó a las mujeres el derecho a votar. Debieron pasar 60 años para que dos candidatas, Cristina Fernández y Elisa Carrió, disputaran la Presidencia de un país en el que la inseguridad y la inflación concentran la preocupación de los ciudadanos. Ellas eran las favoritas, más allá que la segunda sólo pudiera aspirar a un balotaje. Una tercera presidenciable, Vilma Ripoll, figuraba muy abajo en las encuestas.

LOS BOMBOS. No obstante la apatía previa, la fisonomía de algunas zonas de la ciudad empezó a cambiar poco después que las encuestas a boca de urna dieran como ganadora por más del 46% de los votos a Cristina Fernández de Kirchner. Esto fue a eso de las siete de la tarde (aproximadamente a las 20.00 horas de Uruguay).

El bunker del oficialismo, en el piso 18 del Hotel Intercontinental, un cinco estrellas que convoca a viajeros de negocios y turistas de alto poder adquisitivo, empezó a llenarse primero de ilustres desconocidos y poco a poco de las principales figuras del gobierno, que no querían perder la oportunidad de salir en la foto de los ganadores.

Luego en los alrededores del hotel, en el barrio Monserrat, muy cerca del tradicional y turístico San Telmo, fueron tomados por partidarios del «kirchnerismo de a pie» que -al son de decenas de bombos, el tradicional instrumento peronista, y con marchas y canciones del mejor estilo futbolístico- atronaban los oídos de los pasajeros del hotel que con una buena cuota de cholulismo se esforzaban por ver a la eventual presidenta electa.

preocupaciones. Diversas encuestas previas a las elecciones de ayer coincidían, con matices en sus porcentajes, en que la creciente inseguridad es la mayor preocupación de los ciudadanos argentinos en alrededor del 30% de los consultados. Si bien el asunto ya se situaba al tope del ranking de los problemas del país desde hace tiempo, ahora esa percepción ha crecido.

La inflación ocupa el segundo lugar, también con porcentajes en ascenso. Es que el aumento de precios que el país vive, al menos desde hace dos años, pareció acelerarse en los últimos meses, aunque los cuestionados índices oficiales dicen lo contrario. El gobierno declara un aumento de los precios al consumo del entorno del 8%, pero la oposición y varios analistas la ubican alrededor del 20%.

En el tercer lugar, aunque lejos de las dos primeras posiciones, aparece el desempleo -que cayó de una tasa cercana al 20% al entorno del 8% durante el primer trimestre de este año-, después los problemas económicos y más atrás la educación.

Pese a esos números, Néstor Kirchner llegó a los comicios para elegir su sucesor con una popularidad cercana al 50%.

Si bien cayó más de diez puntos porcentuales en los últimos meses, sobre todo por la divulgación de presuntos casos de corrupción que envuelven a funcionarios de su gobierno, es inédito que un presidente argentino llegue al final de su mandato con tales niveles de aprobación.

La cifra adquiere una magnitud mayor todavía si se tiene en cuenta que Kirchner llegó al poder con tan solo el 23% de los votos y ante la deserción de Carlos Saúl Menem para competir por el segundo turno electoral.