Contra el trabajo infantil

Aunque los motivos de por qué no emplear niños no deberían requerir mayores explicaciones, la OIT presenta al empresariado una serie de consejos que pueden resultarle útiles.

Se trata de tres guías que fueron lanzadas en Italia en 2006 y se tradujeron al español en 2008. Detallan los perjuicios físicos y psíquicos que provoca el trabajo infantil y se muestra el círculo vicioso en que se enmarca: el niño trabaja porque la familia es pobre, pero el hecho de trabajar le imposibilita estudiar, lo que determinará que, como adulto, tenga bajos salarios y vuelva a requerir el trabajo de sus hijos.

El documento maneja cuatro razones por las que los empleadores deberían erradicar el trabajo infantil. La primera es la ilegalidad: la OIT establece la edad de 15 años como edad mínima para trabajar, con la sugerencia de que adolescentes de entre 15 y 18 años realicen sólo “trabajos livianos”. La segunda razón habla de “tener un mayor acceso a los mercados”: en ese sentido se mencionan los casos de empresas multinacionales que fueron denunciadas por medios de comunicación y organizaciones no gubernamentales por proveerse de material elaborado con mano de obra infantil y vieron cómo descendían sus ventas. Entre otras cosas, las guías sugieren rastrear la cadena de suministro a fin de etiquetar el producto final como libre de mano de obra infantil. La tercera razón esgrimida señala un aumento de productividad: el niño que trabaja no se convertirá en mano de obra calificada; se aduce también la menor concentración del niño y su mayor riesgo de lastimarse respecto de los adultos. La cuarta razón apunta a la ética y a la importancia de generar un impacto social positivo.

La guía recomienda tres acciones concretas para erradicar el trabajo infantil. La primera es dejar de contratar esta mano de obra. Las otras dos apuntan a “suavizar” las condiciones de los niños con los que se trabaja: que no sean expuestos a tareas peligrosas (bajo tierra, bajo agua, a alturas peligrosas, en espacios cerrados, con maquinaria peligrosa, cargas pesadas, etcétera) y reducir sus jornadas laborales manteniendo los salarios, de modo que puedan concurrir a centros educativos.

Considerando el impacto económico que podría implicar para las familias la no contratación de niños, se aconseja a los empresarios vincularse con proyectos locales que atiendan las necesidades insatisfechas, así como con gestores que permitan a sus padres involucrarse en proyectos por los que obtengan un ingreso complementario. Se recomienda también contratar a los padres o a un hermano mayor en sustitución del menor, y ayudar a los niños y a las escuelas mediante subsidios.

Por último se aconseja la mecanización como forma de sustituir el trabajo infantil.

Por casa Uruguay ratificó en 1999 el convenio Nº 138 de la OIT, mediante el cual se comprometió a controlar y restringir el trabajo infantil.

En 2006 asumió el compromiso, a través de la participación en la Agenda Hemisférica 2006-2015, de erradicar las peores formas de trabajo infantil en 2015 y abolirlo por completo en 2020. Pero aún hoy el tema está en pañales.

En el año 2000 se creó el Comité Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (Ceti), integrado por el Ministerio de Trabajo (MTSS) -que lo preside-, el Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay (INAU) -que ejerce la secretaría técnica-, los ministerios de Educación, del Interior, de Salud Pública y de Desarrollo Social, el PIT-CNT, las cámaras de Comercio y de Industria y organizaciones sociales (ONG, redes de infancia). El cometido del Ceti es establecer lineamientos en la materia.

Hasta el momento, el órgano no tiene presupuesto; las campañas de difusión las ha realizado con material proporcionado por UNICEF.

Consultada por la diaria, Cristina de Marco, presidenta del Ceti y subinspectora general de Trabajo del MTSS, señaló que en nuestro país las peores formas de trabajo infantil se ven en la forestación, en la construcción y en lugares turísticos, con trabajos vinculados a la prostitución. También mencionó la existencia de un elevado índice de niños en el trabajo rural y otro tanto de niños que cargan con la realización de tareas del hogar.

Este año, el Instituto Nacional de Estadística (INE) realizará un censo con el apoyo de la OIT, mediante el cual se espera obtener datos certeros de la cantidad de niños que trabajan en nuestro país. De Marco consideró que las encuestas del INE realizadas en 1999 y 2006 no son representativas.

Ambas hablan de 34.000 niños trabajadores en el país pero se estima que la cifra es mayor. Según datos de la OIT, el 69% de los niños que trabajan se concentran en el sector agrícola.

Amanda Muñoz