Corea del Norte confirmó el fin de su plan de desarrollo nuclear

El director de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), Mohamed ElBaradei, no ocultaba la satisfacción posterior a su primer viaje a Corea del Norte. El jerarca destacó ayer en China, tras su estadía de dos días en la nación comunista, que el gobierno de Pyongyang se mostró «totalmente comprometido» con el acuerdo para cerrar sus instalaciones nucleares.

Según ElBaradei, Corea del Norte «expresó con claridad que está dispuesta a implementar el acuerdo del 13 de febrero», con Corea del Sur, Japón, Estados Unidos, Rusia y China, «una vez las otras partes implementen su parte».

En virtud de ese pacto, Pyongyang se comprometió a cerrar sus instalaciones nucleares a cambio de combustible pesado.

El pacto también incluye levantar las sanciones contra un banco de Macao, Delta Asia. Estados Unidos había congelado cuentas en esa entidad, incluidos 24 millones de dólares en bienes norcoreanos, señalando que el banco era usado para el lavado de dinero y para distribuir billetes falsos de cien dólares, extremo negado por Pyongyang.

Una vez eso ocurra, Corea del Norte permitirá el regreso de los inspectores de la AIEA a su país, y especialmente al principal reactor nuclear norcoreano, Yongbyon, para verificar que efectivamente ha dejado de funcionar.

Todas las partes disponen de un mes para aplicar los compromisos adquiridos.

Los inspectores de la AIEA no han entrado en Corea del Norte desde 2002, cuando funcionarios de Estados Unidos acusaron al régimen de Pyongyang de llevar a cabo un programa secreto de enriquecimiento de uranio. Posteriormente, los norcoreanos reiniciaron las tareas en Yongbyon y se cree que ha producido bastante plutonio en años recientes para armar una docena de bombas atómicas.

Esto incluye el artefacto nuclear que detonó el 9 de octubre de 2006 en una prueba subterránea.

Estados Unidos comenzó ayer a cumplir su parte. En Washington, el departamento del Tesoro de ese país despejó ayer el camino para levantar las sanciones financieras contra Corea del Norte.

Donde no se han registrado cambios es en la tensión nuclear de Occidente e Irán. El presidente de esta república islámica, Mahmud Ahmadinejad dijo ayer -por enésima vez- que su país «no dará marcha atrás» en sus actividades de enriquecimiento de uranio, las que consideró «un derecho legítimo» de su pueblo.

Estas declaraciones coinciden con los intentos de los cinco países miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas -EE.UU., Reino Unido, Francia, Rusia y China- más Alemania para elaborar una resolución que obligue a Irán a suspender el enriquecimiento de uranio.

Las nuevas medidas bajo consideración incluyen un embargo de armas, así como algunas restricciones financieras y comerciales que se sumarían a las sanciones impuestas por el propio Consejo en diciembre, luego que Irán no acatara las exigencias de la ONU de suspender su programa.

Las sanciones de diciembre incluían la prohibición de la venta de materiales nucleares o relacionados con misiles balísticos a la república islámica, y el congelamiento de los bienes financieros de iraníes involucrados en investigaciones atómicas y misilísticas.

Occidente e Israel temen que el programa de enriquecimiento de uranio de Teherán busque llegar a la bomba nuclear, algo que Irán niega sosteniendo que sus investigaciones tienen fines pacíficos y civiles.