Crisis en Bolivia: entre los referendos y el diálogo.

Los castillos multicolores erigidos entre orines y hambrientos del distrito cruceño de Plan 3.000 en Bolivia, su Constitución aprobada sin el concurso de la oposición y la consulta autonómica con vicios de legalidad del 4 de mayo son un breve saldo del reciente proceso político y social de esta nación sudamericana.
Tras el triunfo del Sí en el referéndum de Santa Cruz, los cambas amazónicos y los collas andinos volvieron a refugiarse en sus feudos étnicos y sociales, sin poder dialogar ni mirar al futuro, en un país que hace 56 años ganó el voto universal a los barones del estaño y donde un 63% de su población es pobre.

Las calles a ratos polvorientas y agrietadas de este país andino de 9,8 millones de habitantes fueron además centro de otra disputa entre Estados Unidos, el líder cubano Fidel Castro y el mandatario venezolano Hugo Chávez, que desde la Cumbre Iberoamericana en Chile agita la bandera de “la defensa de Bolivia”.

Todo en el marco de una lucha inacabable por la influencia en una región rica en agua, alimentos, minerales e hidrocarburos, que giró a la izquierda en Uruguay, Ecuador, Paraguay, Guatemala y la propia Bolivia.

La oposición, que repetirá consultas similares en Beni, Pando y la petrolera Tarija, pidió diálogo en medio de la crisis, pero acusó al jefe de Estado, Evo Morales, de “visceral” y “autoritario”, como dijo el ex presidente derechista Jorge Quiroga.

Abrigado por los cocaleros, Ponchos Rojos y migrantes internos, Morales, el presidente que más votos obtuvo en la historia del país, reiteró la invalidez del proceso y sus ministros anunciaron juicios contra los autonomistas.

Pero ha habido tímidos avances hacia la solución del conflicto. Morales convocó para hoy a cinco prefectos disidentes para zanjar la crisis política boliviana con mediación de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la eventual ausencia de la Iglesia Católica a la que el mandatario invalidó al calificarla de “sindicato de opositores”.

La mediación de la Iglesia Católica fue vetada por el gobierno luego de que el cardenal Julio Terrazas votara en la consulta cruceña, considerada ilegal por el gobierno.

Mientras tanto, cinco prefectos opositores se reunían ayer en Santa Cruz para definir si aceptaban la invitación que les hizo Morales para dialogar sobre la crisis política que vive el país.

En esa reunión, participaron el prefecto de Santa Cruz, Rubén Costas, de Cochabamba, Manfred Reyes Villa; Beni, Ernesto Suárez; Pando, Leopoldo Fernández; y Tarija, Mario Cossío.

En medio de rumores sobre el eventual fracaso de las negociaciones, el gobierno apuesta “al diálogo, al diálogo y al diálogo” y “esperemos que los prefectos (disidentes de Santa Cruz, Tarija, Beni, Pando y Cochabamba) tomen partido por el diálogo, por la concertación”, dijo a la prensa el viceministro de Coordinación Gubernamental, Héctor Arce.

El gobernante se propone promulgar también hoy la ley de referéndum revocatorio de su mandato, del vicepresidente y de nueve prefectos, entre ellos seis opositores, aprobado el jueves por el opositor Senado, .

En cuanto a este referéndum revocatorio, el propio Morales presentó el proyecto de ley al Congreso en diciembre pasado, cuando el país vivía una conflictiva situación vinculada al proceso constituyente.

La Cámara de Diputados, controlada por el oficialismo, aprobó en enero ese proyecto, que después se estancó durante varios meses en el Senado, de mayoría opositora.

El senador Fernando Rodríguez, de la alianza conservadora Poder Democrático y Social (Podemos), explicó ayer que su agrupación decidió apresurar la aprobación del referéndum revocatorio en la cámara alta para evitar que se celebre durante este año la consulta sobre el proyecto constitucional que impulsa Morales.

Interés. En el exterior, en tanto, el interés por Bolivia y su crisis es patente. Castro ha vinculado los hechos en Bolivia con la crisis entre Ecuador y Colombia, además de la creación de la IV Flota de Estados Unidos. Todo como parte de un plan “intervencionista” diseñado desde Washington para dividir Bolivia y advertir a Venezuela con trasatlánticos y armas nucleares.

La Casa Blanca, por cierto, replicó a través de su viceportavoz, William Casey, que apoya la “integridad territorial” de Bolivia y rechazó las críticas que destacan el hecho de que su embajador en La Paz, Philip Goldberg, fue antes su jefe diplomático en el separatista Kosovo.

Además, las naciones de la región en bloque analizaron el tema en la OEA. Su secretario general, el chileno José Miguel Insulza, advirtió que la crisis puede conducir a la partición de Bolivia, pero que “nadie lo quiere decir”. (AFP, DPA y EFE)