Crisis entre EE.UU. y Turquía a causa del genocidio armenio

Este diplomático, un cónsul, se refería a la entonces incipiente campaña de los turco-otomanos contra los armenios.Hoy, Turquía explica la matanza de un enorme cantidad de armenios -hasta 1,5 millones, entre 1915 y 1917- como una consecuencia no deseada de los «excesos» de la Primera Guerra Mundial, también sufrida por los turcos y en la que ambos pueblos simpatizaron en bandos separados. Pero Armenia ha venido realizando desde entonces una campaña mundial para que ello sea reconocido como un genocidio.El miércoles, el Congreso de EE.UU. se acercó a esta última visión. Una comisión de la Cámara Baja aprobó una resolución que afirma que «el genocidio armenio fue concebido y llevado adelante por el Imperio Otomano (sucedido en 1923 por la República de Turquía) de 1915 a 1923». Este texto, no vinculante, fue apoyado por 27 votos contra 21. Esa resolución será enviada ahora a la sesión plenaria que la estudiará en noviembre. La titular de la cámara, la demócrata Nancy Pelosi -en cuyo distrito electoral hay una gran cantidad de arme-nios -, ha prometido apoyarla.Como un anticipo del problema que esto puede acarrear, el presidente turco, Abdullah Gul, condenó la resolución; la tildó de «inaceptable» y dijo que los políticos norteamericanos «prefirieron sacrificar grandes cuestiones a pequeños problemas de política interna».Socio de la OTAN, Turquía es muy importante para los esfuerzos de EE.UU. en Medio Oriente y ya dejó claro que si el Congreso se mantiene en su postura, esa alianza estratégica se verá seriamente dañada. Es por eso que importantes figuras políticas -presentes y pasadas- del país habían llamado a rechazar esa resolución. El presidente George W. Bush había dicho que es cosa de «historiadores» y no de «políticos» resolver esa cuestión. Los ocho ex secretarios de Estado que aún viven, desde Henry Kissinger a Madeleine Albright, pensaron igual. También lo hizo la actual poseedora del cargo, Condoleezza Rice. Incluso una dirigente demócrata, Jane Harman, se expresó en esos términos. Según ella, que recientemente viajó a Turquía a entrevistarse con el primer ministro y con el patriarca de la Iglesia Armenia, la normalización de las relaciones entre ambos pueblos está avanzando, aunque lentamente. La resolución, advirtió, tiraría los avances por la borda.Pero hay cosas que pasan en Turquía que no ayudan a su causa. Periodistas y escritores han sido condenados, o asesinados, por denunciar o mencionar el genocidio armenio.La resolución del miércoles puede enfriar las relaciones entre Ankara y Washington. Pero ya había elementos que alimentaban el distanciamiento. Turquía firmó recientemente un acuerdo con Irán (hoy el mayor enemigo de EE.UU.) para producir petróleo y gas natural. También se ha contactado con Hamas, movimiento islámico palestino que controla la Franja de Gaza e insiste en el no reconocimiento a Israel.También existe preocupación ante el temor que Ankara -desoyendo la opinión de EE.UU.- decida intervenir militarmente en Irak para combatir a milicianos del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que desde el Norte de ese país lanzan ataques a las fuerzas turcas.No deja de ser sorprendente la reacción turca. Ya hay antecedentes. En 2006, la Asamblea Nacional francesa aprobó una declaración que no sólo declaró como «genocidio» a la masacre de los armenios, sino que cali-ficó como «crimen» el negarlo. Turquía se quejó entonces considerándolo un gesto más para impedirles su deseado ingreso a la Unión Europea. El humor no mejoró desde entonces. El actual presidente francés, Nicolas Sarkozy, es un abierto opositor al ingreso de Ankara al bloque.El resentimiento afecta a Turquía y a Occidente. El primero, un país casi completamente musulmán, vio recrudecer sus sentimientos antiestadounidenses luego de la invasión a Irak de 2003. Con los sucesos recientes Turquía se siente destratada y actúa en consecuencia. Pero su acuerdo con Irán y su intención de intervenir por su cuenta en el Kurdistán iraquí choca con las pretensiones de Estados Unidos y Europa. La reacción de pánico de la administración Bush tras la resolución del miércoles muestra que no puede tomarse por segura la amistad de Turquía.