Cristina deberá ganarse al 55%. Otra era en Argentina.

Sin embargo, el resultado del domingo le impuso también continuar la tarea política que emprendió su marido, el futuro presidente saliente Néstor Kirchner, de construir un aparato que le permita ejercer poder y, al mismo tiempo, ambientar una nueva elección del tándem kirchnerista en 2011.

Es que Cristina, como todos la llaman aquí, obtuvo casi el 45% de los votos válidos, cuando se había escrutado el 96,47% de los circuitos electorales, lo que también significa que más de la mitad de los argentinos no la votaron. El dato es preocupante si se tiene en cuenta que hace cinco meses las encuestas indicaban que si las elecciones fuesen entonces la votaría el 60% de los electores.

El porqué de esa fuerte caída puede explicarse por varios motivos: los casos de corrupción que salpicaron la gestión de su marido, el persistente aumento de los precios, que según el gobierno es del 8% y para la oposición llega al 20%, y la creciente ola de inseguridad que viven las principales ciudades del país, son algunos de ellos.

Pero como los rivales también juegan, tampoco debe olvidarse que Elisa Carrió, la segunda más votada con el 23% de los votos, consiguió captar las adhesiones de una clase media desencantada de los excesos institucionales del kirchnerismo que durante su mandato avasalló desde el Ejecutivo a los otros poderes del Estado.

Prueba de ello es que Carrió ganó en la capital federal, como a mediados de año lo había hecho Mauricio Macri, resultando electo intendente porteño. Ella también ganó en Rosario, una de las grandes ciudades del país, en tanto que Roberto Lavagna, ex ministro de Economía de Kirchner y tercer candidato más votado (16,9%), lo hizo en la capital cordobesa, otro de los circuitos electorales más importantes de Argentina.

El analista político Rosendo Fraga sostiene que «si se compara con el apoyo que obtuvo Néstor Kirchner cuatro años y medio atrás, en este período, el kirchnerismo como corriente política -aunque asumiendo su actual identificación con el peronismo- ha logrado duplicar sus votos».

No obstante, admite que «la interpretación de la oposición sostiene que más de la mitad de los votantes no optaron por el gobierno, pese a que Kirchner ha tenido el lustro de crecimiento macroeconómico más alto y prolongado de la historia argentina y que el aumento del gasto público ha sido sin precedentes este año, para apoyar la campaña electoral oficialista».

Los politólogos argentinos coinciden en que Fernández recibió su mayor apoyo en el interior profundo y en sectores más humildes, pero la clase media -tal vez la clase que más caracteriza a la población argentina- le dio la espalda.

LAS TAREAS. Pero más allá de esas cuestiones políticas, Cristina deberá emprender una serie de acciones que le permitan extender la bonanza económica liderada por su marido para asegurar el retorno de éste en cuatro años.

Una de las primeras deberá ser la atracción de inversiones extranjeras que le permitan sortear el casi agotamiento de la capacidad de producción instalada que tiene el país. Eso permitiría satisfacer la creciente demanda del consumo interno sin seguir fogoneando los precios como sucede ahora.

Pero para atraer a los extranjeros, sobre todo a los europeos, deberá cancelar una deuda cercana a los U$S 6.500 millones con el Club de París. Para ello deberá contar con el apoyo del FMI, institución con la que Néstor Kirchner ha peleado de manera furibunda.

Conseguir frenar la suba de precios también está entre las tareas prioritarias. Para ello se espera que la presidenta electa convoque a un acuerdo económico y social con empresarios y sindicatos en procura de diluir una puja salarial que genere expectativas inflacionarias desbocadas.

También deberá encarar, aunque se espera que lo haga gradualmente, aumentos de las tarifas de los servicios públicos que alimenten nuevas inversiones de las empresas y abaraten los subsidios que el gobierno paga para mantenerlas congeladas. Contener la suba del gasto público, impulsado por la fiesta electoral que puso en marcha su marido, será otro de los aspectos que Cristina deberá encarar rápidamente.

La presidenta electa también tendrá ante sí la obligación de volver creíbles las vapuleadas estadísticas oficiales que han caído en el descrédito total por la virtual intervención del Indec.

Mejorar la distribución del ingreso es otro asunto que estará al tope de la agenda. Es que aunque Néstor Kirchner logró reducir la pobreza a la mitad desde 2003, todavía uno de cada cinco argentinos es pobre.