Cristina Fernández escuchó ruido de cacerolas por segunda noche

Los caceroleos y los bocinazos del martes a la noche volvieron a sonar anoche en Plaza de Mayo, la Quinta de Olivos (la residencia presidencial) y en otros puntos de la capital y el Interior del país, tras la convocatoria mediante mensajes de texto, correos electrónicos, y divulgada en foros de internet. La escena se repitió 24 horas después de las protestas que reunieron a miles de personas en rechazo a la dura respuesta de la presidenta argentina a la huelga del campo, iniciada hace 14 días.

También se repitieron los disturbios entre los manifestantes que apoyan el paro agrario y los piqueteros pro kirchneristas que reprimen las protestas aunque, al cierre de esta edición, eran de menor magnitud que en la víspera.

Sin embargo, el creciente malestar social no apartó al gobierno de su retórica beligerante hacia la huelga. «Si no se mueven, los moveremos nosotros. Quien no entienda esas razones irá preso», amenazó el ministro de Justicia, Aníbal Fernández, refiriéndose a los manifestantes que han levantado masivos cortes de ruta en varias de las principales carreteras argentinas. Fernández destacó que el gobierno invitó en dos ocasiones a los productores a dialogar pero nunca recibieron respuesta.

El jerarca dijo que es una «enorme mentira» que las protestas hayan surgido como reacción espontánea al discurso de la presidenta argentina, el martes a la noche.

Junto a Fernández se encontraba Martín Lousteau, el ministro de Economía, cuyo anuncio sobre un aumento al impuesto a las exportaciones del sector, encendió la crisis.

Lousteau ratificó ayer que «no hay ningún elemento» que motive la modificación de la política impositiva, tal como exigen los ruralistas para negociar la suspensión de las movilizaciones. El ministro dijo que las protestas populares no fueron espontáneas, sino que fueron orquestadas por dirigentes de la oposición. Para el titular de Economía «la clase media urbana (que protagonizó las caceroleadas) no tiene absolutamente nada que ver con el campo». Pero la firmeza demostrada por el joven ministro, no ha ahuyentado los rumores deslizados en algunos medios, sobre una salida suya de la cartera que asumió el pasado 10 de diciembre.

repudio. Una eventual renuncia de Lousteau podría ser parte del costo político para el gobierno de Cristina Fernández.

Las encuestas realizadas por diferentes firmas muestran que la mayor parte de la población rechazó el discurso de Cristina sobre el agro.

La oposición reprobó los términos elegidos por la presidenta. La líder opositora, Elisa Carrió (señalada desde el gobierno como organizadora de los caceroleos), acusó a Cristina de «desconocer la realidad».

Pero los adversarios políticos no son los únicos que critican al gobierno. El diario Clarín reveló que el 61% de los 15.000 encuestados está a favor de la huelga, contra un 19% que respaldó el discurso presidencial.

Su alocución, cuando menos polémica, despertó el rechazo de la clase media argentina, aunque ello tiene una explicación según los expertos.

La clase media está enemistada con el oficialismo desde que en la administración anterior, la de Néstor Kirchner, se registró la escalada de la inflación, y la denunciada manipulación de los datos oficiales, que encareció los precios.

El analista Fabián Perechod-nik dijo a El País que el discurso «generó reacciones sin duda en una franja amplia que no la votó. Es decir, (en las elecciones presidenciales de octubre) un 54% no votó por Cristina, que ganó con el voto del 45% del electorado. En los grandes centros urbanos, es donde ella perdió, así como en la clase media y media alta. Ése, no es su público, claramente».