Cumbre Chávez-Uribe por las FARC.

Invitado por Uribe, Chávez viaja mañana a Bogotá para dialogar sobre cómo facilitar el canje de 45 rehenes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), por unos 500 guerrilleros encarcelados. Esta posibilidad, alimentada por el respeto que los rebeldes tienen por el bolivariano, ha provocado una ola de optimismo, mesurada eso sí, entre los familiares de los secuestrados.

Uribe y Chávez tienen un elemento en común: ambos fueron reelectos en sus países por amplio margen. Es casi la única coincidencia. El venezolano se ha transformado en el principal enemigo de Estados Unidos en la región, y su vecino, en cambio, es el principal aliado de Washington en América del Sur. Pese a ello, ambos tienen una relación cordial. Es por eso, que el mandatario bolivariano está incursionando en los asuntos internos de Colombia de una manera tan directa como no lo ha hecho con otro país de la zona; y lo hace con el beneplácito de su anfitrión.

Los analistas sostienen que Chávez tiene mucho para ganar y poco para perder. Si su rol como mediador ante la guerrilla tiene éxito, su reputación e influencia regional -sostenida hasta ahora por el petróleo y por una fuerte retórica anti-estadounidense- se fortalecerán de manera significativa.

CHANCES. La expectativa del encuentro de los dos mandatarios se centra en que Chávez traiga una respuesta que las FARC -la guerrilla más antigua y poderosa del país, de orientación marxista- le hayan dado directamente respecto a su papel de mediador, «oficializado» la semana pasada, luego de haber llamado públicamente a pronunciarse al líder de esa guerrilla, Manuel Marulanda.

Esto ocurrió luego que el lunes 20 de agosto, Chávez recibiera en Caracas a un grupo de familiares de los 45 secuestrados. Entre ellos estaba Yolanda Pulecio, madre de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, la rehén más «ilustre» de las FARC, quien ya superó los 2.000 días de cautiverio.

«Ojalá pudiéramos lograr que estas personas vuelvan sanas y salvas a sus hogares, y se cumpla el acuerdo humanitario», dijo el presidente venezolano en esa ocasión.

Sin embargo, y teniendo en cuenta las declaraciones que Raúl Reyes, segundo al mando de las FARC, divulgó el domingo en el diario argentino Clarín, el ambiente del encuentro presidencial no es muy halagüeño.

Reyes agradeció a Chávez su voluntad de mediar pero descartó realizar el canje en territorio venezolano y reafirmó la exigencia a Uribe para la desmilitarización por 45 días de las localidades de Pradera y Florida, en el departamento de Valle (suroeste), una zona del tamaño de Nueva York.

Otra exigencia de las FARC es que los guerrilleros excarcelados vuelvan a sus filas. Ninguna de esas condiciones es aceptada por Uribe.

Y es en este punto donde el rol de Chávez surge como esperanzador. Pese a tener afinidades ideológicas opuestas, la buena relación entre ambos lo transforma en un interlocutor válido para el colombiano.

La clave posiblemente será qué tanto harían las FARC por Chávez. El grupo insurgente expresa una afinidad ideológica con el presidente venezolano, inclusive autocalificándose como una guerrilla «bolivariana», al igual que Chávez ha inspirado su movimiento socialista en el prócer independentista Simón Bolívar.

«La guerrilla de las FARC que yo conocí ve en el presidente Chávez de Venezuela a un líder ideológico», dijo Fernando Araújo, el canciller colombiano que en diciembre de 2006 escapó a su secuestro de seis años de las FARC. «Permanentemente estudian la biografía de Chávez, ven documentales suyos en la televisión, y hay un sentimiento de excitación en los guerrilleros cuando oyen que él está hablando por radio», declaró en marzo el canciller.

Chávez rechaza cualquier vínculo con los guerrilleros, pero consideró que sus oponentes intentarán retratarlo falsamente como su colaborador.

«Eso no me importa a mí, lo que uno quiere es ser útil, ojalá lo logremos, un acuerdo para un canje humanitario no ha sido posible en años», dijo el presidente venezolano.

Chávez no es el primer dignatario extranjero que intenta acercar a estos dos enemigos para lograr un acuerdo. España, Suiza y Francia conforman un grupo de «países amigos», cuyos esfuerzos resultaron estériles.

El presidente venezolano ha pedido que ambas partes sean flexibles y «cedan un poquito».

También dijo que espera que «que cada señal sea un paso más en ese desatrancar el juego y que no nos cerremos en posiciones que ya han generado el fracaso de muchos otros intentos de facilitación».

Pero otro obstáculo parece ajeno a las posibilidades de Chávez. La guerrilla exige que dos rebeldes que pagan condenas en cárceles de Estados Unidos, Simón Trinidad y Nayibe Rojas, sean parte del intercambio. La única manera de que ellos sean liberados es con un indulto del presidente George W. Bush, cuyas relaciones con el venezolano son las peores imaginables.