‘DGI está totalmente subcapitalizada’

La Dirección General Impositiva (DGI)está «subcapitalizada», su tecnología es insuficiente y obsoleta, y su personal tiene retribuciones «bajísimas», lo que obliga a una reforma a fondo de la dependencia, sostiene Fernando Díaz Yuvero, presidente del Grupo Técnico de Coordinación de Relaciones Internacionales de la Agencia Española de Administración Tributaria que está asesorando a la DGI en su transformación.

Se requiere que la dirigencia política asuma los costos de impulsar esa transformación y se debe establecer una incompatibilidad «radical» entre el asesoramiento a empresas y las tareas de fiscalización, dijo Díaz Yuvero en entrevista con El País.

— ¿Cuáles son las grandes líneas que, a su juicio, debería tener la reforma de la DGI?

— La DGI necesita una reforma a fondo desde hace mucho tiempo. El primer y fundamental problema es la escasez de medios financieros con los que se la ha dotado. Del presupuesto de gastos de la DGI, tan solo el 0,3% se dedica a inversión. Una administración que está absolutamente subcapitalizada, que está absolutamente obsoleta en instalaciones físicas, muy atrasada y muy escasa en recursos informáticos, necesita inversiones muy importantes.

El segundo problema son los niveles de dedicación bajos, los horarios inapropiados, en algunos casos, no todos, las dobles actividades y las bajísimas retribuciones que originan una situación que hay que afrontar y urgentemente si se quiere que realmente la DGI funcione.

— ¿Cuáles son los temas que se deben afrontar en forma más inmediata?

— Se debe comenzar a trabajar ya en los grandes problemas estructurales, con independencia de que se necesitan muchos meses para resolverlos, y en el cambio de la forma de trabajo. Va a haber una oportunidad, porque hay un proyecto en marcha con la Unión Europea que supondría una inyección de fondos importantes para la DGI en torno a los 5 o 6 millones de euros.

— ¿Usted percibe que hay conciencia en la dirigencia política de la necesidad de reformar la administración tributaria?

— He tenido reuniones con representantes de fuerzas políticas y las personas con las que he hablado sí son conscientes de que hay un problema grave. Pero no solamente hace falta ser consciente, hace falta querer asumir el costo político que tiene un cambio de esta envergadura.

— ¿Tiene entonces un costo político?

— En una situación económica difícil como la que tiene Uruguay, asignar recursos a la DGI supone volcar menos dinero a otras actividades. La mejor inversión que puede hacer un país es tener una buena administración tributaria, porque lo que se le dé, lo va a devolver multiplicado por mucho. Siempre hay un posible espiral de agravios y demandas de otras áreas que pueden decir «yo quiero lo mismo que la DGI». Entonces, lógicamente, eso tiene un costo político y hay que querer asumirlo, implicarse y resolver el problema, cueste lo que cueste. Y eso no sé si se da o no se da en el Uruguay.

— ¿Es adecuado que se esté proponiendo una reforma tributaria en un momento en que la DGI tiene carencias y la economía está recién reactivándose?

— Por lo que yo sé, los ajustes propuestos no son tan radicales como para que afecten a la situación de la DGI. Como no es una reforma radical y no es que se esté implementando un Impuesto a la Renta de las Personas Físicas que requeriría un aparato mucho más potente, no hay ningún problema.

— ¿Le parece que el sistema tributario uruguayo, que en buena medida se basa en tributos indirectos, en grandes líneas es apropiado?

— No tengo opinión. En el conjunto de América Latina la mayor parte de los ingresos tributarios provienen de la fiscalidad de los ingresos indirectos, un 70%. En los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico la situación es diferente y la relación entre directos e indirectos es 50% y 50%. Tradicionalmente se ha considerado que los impuestos directos son más equitativos. Eso está en cuestión. No sé si es cierto.

Creo que sería conveniente que hubiera más fiscalidad directa, pero realmente la equidad la puede dar tanto como el ingreso, el gasto público. Si se consiguen ingresos con impuestos indirectos y luego esos recursos se utilizan bien, se puede conseguir una mejora en la equidad.

— ¿Esto quiere decir que las reformas de los sistemas tributarios no deben ser concebidas como una forma de redistribuir la riqueza?

— Sí pueden tener un elemento de redistribución. En los años 80 la equidad era un objetivo de los sistemas fiscales. Esos principios han perdido cierto peso y ahora se habla más de la neutralidad. Esos son principios que están en función de que se aplique una política más liberal o más socialdemócrata. Pero hay que tener en cuenta que el ingreso es una parte del proceso y que el gasto tiene una potencialidad para redistribuir que creo es más importante que la de los ingresos.

— Se dice que el sistema uruguayo tiene demasiado impuestos, que recaudan poco y son complicados de controlar. ¿Es así?

— No sé si es así. Los sistemas fiscales tienden a ser muy complejos. La realidad social es complicada y cada grupo social quiere tener una respuesta a su situación. También la administración, para evitar fraudes, trata de taponar y de hacer regímenes especiales o soluciones dirigidas a un determinado problema. Eso hace que todos los regímenes tributarios sean complejos. Si se hacen muy complejos son difíciles de aplicar y, por tanto, sirven para poco, o para objetivos distintos a los que inicialmente se plantearon.

— ¿Es necesario establecer una incompatibilidad total entre la actividad en la DGI y la actividad privada o se puede llegar a alguna solución intermedia?

— Si hablamos de incompatibilidad entre actividad de fiscalización o administración tributaria en general y el asesoramiento de empresas, creo que la incompatibilidad debe ser muy radical. Creo que la actividad en la DGI puede ser perfectamente compatible con la actividad docente.

— La DGI se está nutriendo de mucho personal proveniente de otras oficinas, que de pronto no está formado para la tarea. ¿Qué le parece ese tipo de soluciones?

— Creo que si la DGI necesita personal y puede conseguirlo en otras oficinas, es mejor eso a que esas personas estén en su casa o haciendo nada en una oficina que ya no existe. Es preferible completar esto con gente radicalmente nueva, que salga de la universidad y aporte nuevos bríos.