Diez horas bajo tensión en Economía

Entrado en canas, el hombre no salía de su asombro. Parado a pocos metros del despacho del ministro de Economía Danilo Astori, el guardia observaba ayer de tarde un panorama casi caótico en el tercer piso del ministerio: unas cuarenta personas habían «tomado» el lugar y -munidos de bolsos, materas, comida, bebida, aparatos de radio así como cualquier otra cosa que ayudara a pasar el rato- se disponían a esperar «uno, dos días» o lo que fuese suficiente hasta que Astori los recibiera y les diera una explicación acerca de por qué no hay ajuste salarial para los funcionarios públicos en el mes de julio.

«Hace casi 30 años que trabajo acá, pero nunca vi nada igual. Recuerdo cuando quisieron meterse dentro del despacho de algún ministro. Pero, como esto, nunca», afirmaba el hombre, de traje y corbata, mirando el suelo.

En el marco de un paro de 24 horas, la Confederación de Organizaciones de Funcionarios del Estado (COFE) -con el apoyo de dirigentes de la Federación de Profesores de la Enseñanza Secundaria (Fenapes) y de la Asociación de Funcionarios de UTU (Afutu)- tomaron el Ministerio de Economía ayer al mediodía, decididos a tener una reunión con Astori. La medida tomó por sorpresa al gobierno, que entonces estaba preocupado por la posible ocupación del BPS.

Poco antes de la llegada de los trabajadores, el ministro había salido del edificio rumbo a un almuerzo de la Asociación de Dirigentes de Marketing (ADM), donde hablaba el director general de rentas, Eduardo Zaidenzstat. Al regresar, Astori se enteró de lo que le esperaba en el ministerio y prefirió ir a trabajar a un despacho del Parlamento.

Cinco horas más tarde, la directora general Elizabeth Oria le comunicó a los trabajadores lo que ya era prácticamente un hecho: que el ministro no volvería al edificio y que se reintegraría hoy a media mañana.

En ese momento los sindicalistas -que al mediodía eran unos 200 pero de noche no superaban los 40- resolvieron pernoctar en el ministerio, a la espera de una respuesta. Entonces, entró a jugar su papel el secretariado ejecutivo del Pit-Cnt, que recibió una comunicación de la Dirección Nacional de Trabajo (Dinatra) informando que el Ministerio del Interior podría desalojar si los ocupantes no se iban.

DONDE SEA. Pasadas las ocho de la noche, el director de Trabajo Julio Baráibar se comunicó con el Pit-Cnt. Planteó que los trabajadores desalojaran el lugar y que hoy serían recibidos por el Ministerio de Economía. La respuesta fue negativa: «Queremos reunirnos ahora, en cualquier lugar».

Un rato más tarde llegó Baráibar al propio ministerio, acompañado por el subsecretario de Economía, Mario Bergara. Los dos funcionarios se reunieron durante una hora y media con representantes de los sindicatos y finalmente alcanzaron un acuerdo. Astori se comprometió a recibir hoy a los sindicatos a las 11.00 y «discutir» los diferentes reclamos. A cambio, COFE, Fenapes y Afutu accedieron a dejar el ministerio, después de las once de la noche.

Hubo final feliz y aplauso general de los ocupantes. En las negociaciones participaron el senador comunista Eduardo Lorier, el diputado del Nuevo Espacio Jorge Pozzi y la diputada del MPP Ivonne Passada, ex sindicalista.

Bergara transmitió a los sindicalistas que Astori tendrá «la mayor apertura» y que «se discutirán todos los temas». «Reclamamos una negociación en serio y nos dijeron que sí. Pero fuimos claros con nuestros compañeros: no hay que crearse falsas expectativas», contó el presidente de Fenapes, Aníbal Merino.

MEDIDA. Aunque hablaban de «ocupación», los trabajadores nunca llegaron a tener el control completo del edificio de Economía. Funcionarios y público en general entraban y salían con normalidad.

Un rato antes de que llegaran Bergara y Baráibar, el ministerio estaba prácticamente vacío, a no ser por los cerca de cuarenta manifestantes. «¿Vamos a pasar la noche?» preguntó una dirigente. «Sí, la COFE hoy duerme acá», respondió otro. A su lado, tres policías controlaban puertas y ventanas, y miraban de reojo a los manifestantes. A unos metros del despacho de Astori, seguía parado el guardia. Cansado, cerró los ojos y se puso auriculares. «En la radio pasan buenas murgas y folclore, así me olvido de todo», contó con una sonrisa.

SEBASTIAN CABRERA