Difusión ‘amenaza seguridad’ de EE.UU.. Filtran documentos diplomáticos.

«Esas publicaciones no representan sólo un ataque contra los intereses diplomáticos estadounidenses. Representan también un ataque contra la comunidad internacional», dijo la secretaria de Estado Hillary Clinton en una conferencia, donde pidió «las profundas disculpas de Estados Unidos por la divulgación de informaciones destinadas a ser confidenciales».

Furiosa por la divulgación no autorizada de más de 250.000 documentos confidenciales del Departamento de Estado, la Casa Blanca ordenó una revisión general de cómo custodian la información secreta las diversas dependencias del gobierno, y anunció que investigará la filtración de archivos y que podría juzgar al fundador del sitio, Julian Assange.

La difusión «pone en peligro la vida de personas, amenaza nuestra seguridad nacional y socava nuestros esfuerzos para trabajar con otros países a fin de lograr una solución a los problemas compartidos«, dijo.

Según los documentos dados a conocer, en julio de 2009 el departamento de Estado, dirigido por Hillary Clinton, solicitó a diplomáticos de 38 embajadas y misiones diplomáticas que envíen información sobre diversos asuntos.

Un pedido similar fue dirigido a sus diplomáticos en la ONU, para que informaran sobre el organismo, incluyendo las actividades de su secretario general, Ban Ki-moon, y de varias delegaciones ante esa organización, como las de Sudán, Irán y Corea del Norte.

Clinton trató de restarle importancia a todo esto diciendo que las opiniones sobre ella son aún peores. «Puedo decir que en mis conversaciones, al menos uno de mis colegas me dijo: `No te preocupes por esto, deberías ver lo que se dice de ti», comentó en el único momento distendido de la conferencia de prensa.

Otros cables filtrados revelan que, tanto Israel como las principales monarquías petroleras del Golfo -empezando por Arabia Saudita-, llegaron a pedirle a Washington una operación militar para «poner fin» al programa nuclear iraní.

Las sospechas sobre una posible presencia de Al Qaeda en la llamada «triple frontera» entre Paraguay, Argentina y Brasil, la decisión de aislar al presidente venezolano Hugo Chávez son otros asuntos sobre América Latina tratados en esos cables. Sobre Argentina, se destacan las «sospechas» que en Washington genera la presidenta Cristina Fernández, de quien solicitan «información sobre su estado de salud mental».

Los que contienen requerimientos sobre los «asuntos palestinos» son enciclopédicos y de difícil cumplimiento con los medios que se supone que tiene un diplomático y funcionario consular: piden precisiones sobre las actividades de los cuerpos de seguridad palestinos y sus planes de contraespionaje, indagaciones acerca de la presencia islámica y las relaciones con Israel, terrorismo, infraestructuras y comunicaciones. Incluyen también cientos de preguntas sobre los contactos informales palestinos con Israel o las enfermedades infecciosas en la región.

El representante Peter Hoekstra, principal republicano de la Comisión de Inteligencia de la Cámara Baja, declaró al canal ABC que «el impacto catastrófico de esto es la ruptura de la confianza». Otros países, dijo, se preguntarán: «¿Puede Estados Unidos guardar un secreto?»

REACCIONES. El canciller italiano Franco Frattini calificó ayer este evento global como «el 11 de septiembre de la diplomacia mundial».

Desde Londres, un vocero de Downing Street condenó la publicación de los documentos y afirmó que su contenido puede afectar la seguridad de Gran Bretaña y Estados Unidos. Desde Francia el ministerio de Exteriores calificó de «irresponsable» la divulgación de los documentos y «no confirma» las citas atribuidas a los responsables franceses. También en Bélgica relativizaron los textos, sobre todo aquellos que contienen «tonos duros» entre dirigentes.

Moscú no quiso comentar las divulgaciones de WikiLeaks y el primer ministro italiano Silvio Berlusconi, desmintió su alegada participación en «festines salvajes» e incluso negó saber «qué son».

El gobierno paraguayo expresó al de EE.UU. su preocupación por el supuesto espionaje y exigió una respuesta.

Desde Paquistán, la cancillería dijo que fue una «revelación irresponsable», mientras que en Irán el presidente Mahmud Ahmadinejad declaró que las revelaciones «no están basadas en verdaderas fugas de noticias, sino que forman parte de la guerra psicológica de EE.UU.». Agregó que son «sin valor» y tienen un «objetivo maléfico».