Disminuye la pobreza en América Latina

Al cierre del año, en total habrá 205 millones de latinoamericanos viviendo en situación de pobreza, en contraste con el 2002 –el año en que culminó un quinquenio recesivo–, cuando la cifra era de 221 millones.

Aún más significativa, es la reducción en la población que se clasifica como pobreza marginal o indigencia, es decir, quienes no alcanzan a cubrir sus necesidades básicas. En el 2002, había 97 millones de personas en este estrato socioeconómico, mientras que en el 2006 el cálculo es de 79 millones.

Precios más altos en los productos de exportación y bajas tasas de interés que reducen la presión de la deuda externa, combinados con una abundante liquidez en los mercados internacionales de inversión, están detrás de este vibrante ciclo de crecimiento. En el período 2003-2006, el Producto Interno Bruto (PIB) regional acumulará un incremento de 17.6 por ciento, un promedio anual de 4.3 por ciento, según la CEPAL.

»Es una transferencia de la renta externa; lo que vendes en el exterior, alimenta el gasto público», afirmó a El Nuevo Herald Alberto Ramos, el economista jefe para América Latina de la firma de inversión Goldman Sachs en Nueva York. «Aumenta el ingreso fiscal, se invierte más, se produce más, se genera empleo».

»Pero me parece que comparado con las oportunidades internacionales que se le presentaron a la región, se hubieran obtenido resultados mejores si se crearan mejores condiciones para que el sector privado invierta», advirtió el experto.

Según Jerry Haar, un especialista en economía latinoamericana que enseña gerencia y comercio internacional en la Universidad Internacional de la Florida, lo más importante es que el nivel de miseria e indigencia en la región está aminorando.

Menores tasas de inflación y de nacimiento, más alumnos que terminan la primaria y una expansión en el sector de servicios que está dando mayor entrada al mercado laboral formal, son algunos de los factores que contribuyen a fomentar economías internas más sólidas, apuntó Haar.

Latinoamérica se ha beneficiado notablemente del veloz crecimiento de las economías asiáticas y el boyante consumo de Estados Unidos, lo cual ha contribuido a revivir las exportaciones manufactureras de México y de países centroamericanos.

La industria china del acero, por ejemplo, ha copado el hierro brasileño; sus plantas de electricidad han devenido en un incremento de precios del cobre en Perú y Chile, y el consumo de carne de su numerosa población ha disparado las ventas de los ganaderos argentinos y brasileños.

El resultado de esto es que el período del 2003-2006 ha sido el mejor en 25 años no sólo en términos de reducción de la pobreza, sino también en la disminución del índice de desempleo –de 9.1 por ciento en el 2005– y la mejora en la distribución de los ingresos, especialmente en Brasil, El Salvador, Paraguay y Perú, afirmó el organismo de la ONU.

Si bien el progreso socioeconómico de América Latina en general es digno de admirar, »no se debe olvidar que los niveles de pobreza siguen siendo muy elevados y que la región todavía tiene por delante una tarea de gran magnitud», rezó la CEPAL en su informe Panorama social de América Latina 2006.

El comentario va en el cumplimiento de los Objetivos del Milenio de la ONU, con los que aspiran a reducir a la mitad la pobreza extrema y el hambre hacia el 2015 en América Latina.

La CEPAL postula que para alcanzar esas metas, los países deben hacer un gran esfuerzo interno, que incluye un pacto fiscal que asegure la eficiencia en el uso de los recursos del Estado, gasto en infraestructura, empleo productivo y programas sociales.

Entre otros hallazgos, el documento de la CEPAL arrojó:

• La recuperación de los empleos y parcialmente de las remuneraciones de los últimos años no fue acompañada por un cambio significativo en la calidad de los nuevos puestos de trabajo.

• Con los actuales niveles de cobertura de los sistemas de seguridad social basados en el empleo, no es posible progresar hacia una modalidad universal de jubilaciones y pensiones que otorgue prestaciones mínimas con un financiamiento suficiente a largo plazo.

»Veo el éxito incremental, pero no creo que sea un gran viraje. No hay una varita mágica, porque se trata de un largo proceso de cambiar a las instituciones y la forma de pensar de los líderes», comentó Haar. «Es muy difícil sacar a una persona de una favela de Río de Janeiro».