Divisiones por temas agrícolas y subvenciones auguran arduas negociaciones en reunión de OMC

Esa es la impresión recogida en círculos diplomáticos de la OMC, que este martes celebra su último Consejo General antes de la reunión, a la que se llega con la mayoría de los temas y numerosas reivindicaciones del mundo en desarrollo sin resolver.

Únicamente un acuerdo de última hora en el relativo al acceso de los países pobres a los medicamentos podría, dada su importancia simbólica, insuflar cierto optimismo a los negociadores.

Estados Unidos, país que, por presiones de su industria farmacéutica, ha rechazado hasta ahora sumarse al consenso general, es consciente de que llegar a Cancún con ese tema pendiente equivale a arrojar un jarro de agua fría sobre esa reunión.

El propio presidente del Consejo General, el uruguayo Carlos Pérez del Castillo, insinuó el lunes, al presentar su borrador de declaración ministerial, la inminencia de un acuerdo en ese tema, sobre el que negocian actualmente Estados Unidos, Suráfrica, Brasil, Suráfrica, la India y Kenia.

Varias organizaciones no gubernamentales como Oxfam y Médicos sin Fronteras han denunciado las maniobras de Washington para imponer fuertes restricciones al texto final en defensa del sistema de patentes farmacéuticas.

Pero incluso si se llega a una solución mínimamente aceptable en ese capítulo, lo cierto es que las espadas seguirán en alto en otros temas de enorme trascendencia como son los subsidios al sector agrícola de los países ricos, que permiten a éstos inundar de alimentos los mercados cada vez más liberalizados del mundo en desarrollo.

La denuncia de ese sistema que consideran totalmente injusto ha unido en una posición común sobre agricultura a países en desarrollo tan diversos como los del grupo de Cairns -Brasil, Argentina, Chile, Colombia y Bolivia, entre otros- junto a enemigos tradicionales entre sí, como la India y Pakistán, o a economías tan diferenciadas del resto como China y Cuba.

Si no hay reducción rápida y drástica o eliminación de la mayor parte de esos subsidios, no puede haber desarme arancelario, argumentan los países en desarrollo, para muchos de los cuales los aranceles son el único mecanismo que tienen para defenderse del «dumping» agrícola que practican los ricos.

Está en juego la seguridad alimentaria y la lucha por la supervivencia de millones de pequeños agricultores de los países pobres, señalan los representantes de países como la India.

«Para los países ricos se trata de apuntalar los ingresos de sus agricultores para que puedan comprarse un tercer automóvil mientras que para nosotros se trata de garantizarles al menos una comida al día», explica el embajador indio ante la OMC, K.M. Chandrasekhar.

Los europeos argumentan, sin embargo, que no todos los países en desarrollo son iguales y que no puede compararse a grandes productores y exportadores de alimentos como Brasil o Argentina con otros que son importadores netos, por lo que unos y otros no merecen el mismo trato especial.

Los primeros, como Chile y otros del grupo de Cairns, protestan de que se les quiera castigar simplemente porque son más competitivos que los europeos, lo que va en contra de las reglas del comercio multilateral. Por el contrario, la Comunidad Europea se queja de que no se reconozcan el esfuerzo de haber acometido una profunda reforma de su política común agrícola y de que países como los de Cairns, que no tendrán prácticamente nada que ceder en el tema agrícola, les exijan aún más «sacrificios».

El tema de los subsidios promete ser, pues, el hueso más duro de roer en Cancún, y de él depende el resto de las negociaciones porque los países en desarrollo difícilmente aceptarán, si no se resuelve, mayor apertura de mercados en sectores como los de productos industriales o servicios, donde tienen menos ventajas. Como tampoco aceptarán el lanzamiento de negociaciones sobre nuevos temas como inversiones, contratación pública, política de competencia o facilitación del comercio, que interesan sobre todo a japoneses y europeos.

(EFE)