Dos pueblos sacudidos por el dolor ante un desfile de muerte

Bajo un ambiente de tristeza y angustia pocas veces visto, fueron sepultados en el cementerio de la localidad de Sauce los 9 fallecidos, todos familiares entre sí, en el trágico accidente registrado en la madrugada del martes en el departamento de Florida, cuando un camión cargado con rolos de madera embistió violentamente a una camioneta que trasladaba a una familia que se dirigía a Durazno para acampar durante cuatro o cinco días.

Desde primeras horas de la mañana, el dolor se instaló en la plaza de la ciudad canaria, frente al local de la empresa fúnebre donde desde la noche anterior estaban siendo velados los cuerpos. Una importante cantidad de familiares, amigos y allegados se instalaron en el lugar. En Toledo y Sauce, las juntas locales permanecieron cerradas durante todo el día en señal de duelo.

A partir de la hora 9.30, los féretros comenzaron a ser trasladados al cementerio local, con un intervalo de 15 minutos cado uno. Un silencio impenetrable se adueñó del lugar. De esa forma, Domingo Chirionez (65) y su esposa, Ana María Saracho (51); sus hijos: Karen (29), Andrea (22) y Matías (15); Javier Andrade (35), esposo de Andrea, y su pequeño hijo, Alex (1 año y medio); Maycol Do Nascimento (12), hijo de Karen, y su padrastro Alberto Martínez (35) fueron llevados hasta su última morada.

En la entrada del cementerio, familiares, amigos y allegados aguardaban con profunda tristeza la llegada de cada una de las víctimas. Nadie daba crédito de lo ocurrido. Nadie podía creer el imponente accidente que se cobró la vida de sus seres queridos.
«Esto no puede estar pasando», dijo por lo bajo una mujer con la voz entrecortada y lágrimas en los ojos antes de ingresar al cementerio, donde se congregaron unas 200 personas, en su gran mayoría vecinos de Toledo, localidad donde residían los fallecidos. Ni siquiera los funcionarios del cementerio podían creer lo que había ocurrido. «Nunca vi una cosa igual», dijo un veterano trabajador de la necrópolis.

El intendente interino de Canelones, Yamandú Orsi, y el diputado del MPP Esteban Pérez, también vecino de Toledo, acompañaron a los familiares. De la misma manera se hizo presente una importante cantidad de funcionarios municipales, ya que otro de los hijos del matrimonio de Chirionez – Saracho se desempeña en la IMC, cuyo sindicato de trabajadores cubrió los costos de los servicios fúnebres y la Intendencia corrió los gastos de los panteones del cementerio.

Los féretros ingresaron de a uno. En todos los casos, una inmensa cantidad de personas acompañó el trayecto desde la puerta hasta el lugar asignado. La angustia y el dolor de los presentes se incrementaba mientras se acercaba el momento del último adiós. El llanto fue el denominador común.

El momento de mayor congoja se vivió cuando familiares descendieron de la camioneta fúnebre el pequeño ataúd donde era trasladado el niño Alex Andrade, de apenas un año y medio de edad. Las lágrimas volvieron a los ojos de todos los presentes.

«Era una excelente familia, ninguno de ellos se merecía una cosa como esta», dijo Ana, una vecina de Toledo. Héctor, otro habitante de la localidad, afirmó: «Javier (Andrade) era un gran muchacho, muy trabajador; era un luchador». El primo de Javier, Walter, con la voz entrecortada, dijo: «Era un tipazo. No puedo entender por qué le pasó esto, pero si Dios se acordó de él, por algo será».

Sobre las 11 de la mañana, todos los presentes comenzaron a retirarse del cementerio. Al igual que antes de ingresar, todos emprendieron la marcha con la cabeza gacha. Sin resignarse. Con lágrimas en los ojos y buscando una explicación.