Economía local, entre el rumbo de Brasil y los errores de Argentina.

Para los inversores, Uruguay está a mitad de camino entre la desconfianza que genera la política argentina en materia económica y el flamante atractivo que tiene Brasil para los capitales internacionales.
En los últimos meses, la calificación de riesgo soberano de los países vecinos siguió caminos opuestos. Mientras que Brasil obtuvo en abril el preciado “grado inversor” por parte de la calificadora de riesgo Standard & Poor´s, Argentina vio descender el lunes un escalón su calificación soberana (de B+ a B).

Uruguay se encuentra hoy a mitad de la tabla entre sus dos vecinos, dos escalones por encima de Argentina en su nota de la deuda y tres por debajo de Brasil, una situación que ilustra los comentarios de los analistas consultados por El Observador sobre la evolución reciente de la región.

Para Sebastián Briozzo, director del departamento de calificaciones soberanas de Standard & Poor´s, “Uruguay se presenta en el medio porque hay un gobierno que ha mostrado prudencia en el manejo macroeconómico, pero cuyo vínculo con la economía argentina sigue siendo muy importante”.

Un problema político. Mientras que Argentina y Brasil presentan altas tasas de crecimiento, cuentas públicas en relativo equilibrio y una inflación acorde con los niveles de la región, los datos de Argentina se balancean sobre equilibrios “insostenibles”, impuestos “distorsionantes” y mediciones que no reflejan de manera fidedigna su realidad.

Alfonso Capurro, analista de CINVE, dijo a El Observador que “el problema más grande que tiene Argentina es político” y dependerá de cómo las autoridades den solución a las “inconsistencias macroeconómicas” que enfrenta.

En la misma línea, el analista independiente Michele Santo, sostuvo que “las cuentas fiscales en Argentina están sostenidas sobre la base de impuestos totalmente distorsionantes que no son sostenibles en el tiempo”.

Distintos analistas internacionales coinciden en resaltar la falta de credibilidad de las cifras oficiales sobre inflación en Argentina como un problema fundamental que afecta la consideración de los inversores. (ver comparativo)

Por otra parte, Briozzo destacó “la incertidumbre en Argentina respecto al agro y a las empresas privatizadas” como factores agravantes. El gobierno de Cristina Fernández enfrentó un prolongado conflicto con el sector agropecuario cuyo eje fueron las retenciones a las exportaciones, mientras que los servicios públicos privatizados mantienen sus tarifas congeladas por disposición oficial.

Además, el vecino país enfrenta una difícil situación financiera. Su pésimo historial crediticio a raíz del impago de deuda en 2002 le cierra las puertas de los mercados internacionales de capitales y le obliga a recurrir a Venezuela como alternativa de financiamiento a un alto costo.

Si bien, las cifras uruguayas gozan de la credibilidad de los operadores locales e internacionales, los fuertes vínculos comerciales y financieros que unen al país con Argentina, afectan negativamente la confianza de los inversores, reconoció Briozzo.

“El vínculo financiero que llevó a la crisis de 2002, es menos sólido, los depósitos son de 18% y no de 50% como en aquel entonces, pero la vinculación sigue siendo muy importante”, manifestó.

Solidez macroeconómica. “Las políticas macroeconómicas de Brasil son mucho más amigables para los inversores”, sostuvo Michele Santo. El crecimiento brasileño se sustenta en el explosivo aumento del consumo y la inversión, posibilitados por el incremento del nivel de ingresos, por la caída del desempleo desde guarismos de dos cifras hasta el 7,8% registrado en junio, y por el atractivo que posee el país para las inversiones internacionales.

En materia de precios, el vecino del norte presentó en julio una inflación de 6,37% anual, un guarismo que aunque supera la meta del 4,5% fijada por las autoridades para 2008, es aceptada por los operadores como un dato que refleja sin distorsiones la evolución de los precios.