Ecuador se sumó al eje Anti-EE.UU. de la región

Además de ser un representante más de la izquierda en los gobiernos del hemisferio, el triunfo de Rafael Correa significa un nuevo ejemplo del auge de los líderes continentales «antisistema», favorecido por un sentimiento generalizado de desconfianza hacia los partidos políticos tradicionales, la desigualdad en la distribución de recursos y la pobreza.

En América Latina se estima que el 40% de la población es pobre, porcentaje que trepa al 51% en Ecuador, pese a los cuatro años consecutivos de crecimiento económico.

LAS URNAS. Escrutados más de la mitad de los votos, Correa obtenía el 67% contra un 33% para Noboa, una distancia que resultaba insalvable para el magnate bananero. El acto electoral fue «legítimo, transparente y correcto», según la misión de la OEA.

El anuncio oficial está previsto para hoy, aunque Correa ya anunció su victoria. Noboa, en cambio, no aceptó su derrota. «Estoy convencido que he ganado… he ganado, he ganado y he ganado y voy a seguir luchando por los pobres en la Presidencia de la República», aseguró Noboa, aunque los números insistan en decirle lo contrario.

Después de una campaña plagada de insultos y acusaciones, es difícil imaginar a Noboa felicitando a Correa, a quien tildó de «diablo comunista» y «títere de (el presidente venezolano, Hugo) Chávez», en los días previos. En todo caso, es una muestra de los difíciles tiempos que se le avecinan a este economista de izquierda, una vez se disipen los vapores del triunfo.

REVOLUCIÓN SIN APOYO. Correa es un admirador de la «revolución bolivariana» de su amigo Chávez. Ni bien se supo vencedor, recalcó que su objetivo es «la unidad sudamericana». También recalcó que no suscribirá un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, y que en 2009 se opondrá a la renovación sobre el uso conjunto con Washington, de la base aérea militar de Manta, ubicada sobre las costas del Pacífico.

Correa busca convocar a una Asamblea Constituyente para refundar las instituciones, que considera corruptas. Lo mismo hicieron Chávez y otro gobierno regional hostil a Washington, el de Evo Morales en Bolivia. Otra posibilidad, más remota, es que el mandatario electo adopte una posición más pragmática y abierta al diálogo.

Correa reconoció ser amigo de Chávez, pero aseguró que no se basará en él para gobernar.

El apoyo popular que recibió Correa se contradice con la situación en el Congreso. El Parlamento ecuatoriano, conformado luego de la primera vuelta electoral, no tiene un solo diputado perteneciente a «Alianza País», el grupo político del presidente electo.

Y eso en un país donde el Congreso destituyó a los presidentes Abdalá Bucaram en 1997 y Lucio Gutiérrez en 2005 (el otro presidente elegido en las urnas y que no pudo terminar su mandato durante la última década, Jamil Mahuad, fue derrocado por un golpe indígena-militar en 2000), significa tener un alto handicap.

«Quizá se vea la pugna de poder más grande en Ecuador desde la vuelta a la democracia», dijo a El País el analista político Felipe Burbano de Lara. Y ese es un pronóstico inquietante tratándose del país más inestable de América del Sur.