El Clínicas se queda sin dinero en agosto; pide $ 50 millones

El Hospital de Clínicas necesita, una vez más, una partida extra de dinero para poder culminar el año sin más sobresaltos. Al igual que ocurrió a fines de 2008, cuando tuvo que apelar a unos $ 40 millones para llegar con el hospital abierto hasta fin de año, ahora se advirtió que el presupuesto sólo alcanza hasta el 31 de agosto y que se necesitarán $ 50 millones para cerrar el 2009.

El Clínicas tiene un presupuesto anual que promedia los $ 780 millones, un 20% del total del presupuesto universitario. Según la última ejecución presupuestal publicada (2007), más de la mitad (70%) se destina a gastos de personal, cerca del 30% a gastos de funcionamiento y un 1,5% a inversión.

A fines del año pasado, la Comisión Directiva planteó que la plata no alcanzaba para comprar insumos básicos y que si no se le otorgaba una partida extra el hospital debía cerrar. En ese momento se logró un adelanto de la Universidad de la República por $ 15 millones y una partida del Ministerio de Economía por $ 25 millones.

Pero los problemas no tardaron en aparecer otra vez. A principios de año, la Universidad votó una partida extra de $ 25 millones, pero según alegan los funcionarios del hospital se tuvo que devolver el adelanto de $ 10 millones prestado a fines de 2008. «Es una calesita constante», ejemplificó un dirigente de la UTHC.

Reunión. Con un telón de fondo salpicado por diversas irregularidades asistenciales, ayer se reunió la Comisión Directiva del Hospital de Clínicas con representantes del gremio de funcionarios, y juntos analizaron la situación por la que atraviesa el hospital público más grande del país.

En ese encuentro se escuchó el informe del servicio contable del nosocomio y las noticias no fueron nada alentadoras.

Según los números que se manejan, el dinero con el que se cuenta para comprar insumos médicos y distintos equipamientos básicos para el funcionamiento del centro asistencial, sólo alcanza hasta mediados de año. A partir de entonces, las carencias serán indisimulables y no es seguro el andamiaje del hospital, relató a El País el dirigente de la Unión de Trabajadores del Hospital de Clínicas (UTHC), Alfredo Alemán, quien estuvo presente en la reunión. «La comisión quedó alarmada por el informe», agregó el gremialista.

La idea de la Comisión Directiva -aún no resuelta- es denunciar esta situación ante el Ministerio de Salud Pública y el Ministerio de Economía y Finanzas para que atiendan su situación y brinden «alguna solución al tema», dijo Alemán.

Para los trabajadores, incluso, la partida de $ 50 millones tampoco sería suficiente, pues no incluye los denominados «actualizadores», es decir, el aumento que sufren los insumos médicos. «Se aplican los actualizadores sólo para los sueldos; no para el rubro gasto y funcionamiento, ese es el principal problema», explicó Alemán.

Por su parte, otro dirigente de la UTCH, Diego Alonso, dijo que esta partida no incluye el ingreso de nuevo personal, que también es necesario.

Emergencias. La Jefatura del Departamento de Emergencias del Clínicas decidió el sábado pasado cortar el ingreso de ambulancias al hospital. La medida, que aún se mantiene, está teniendo un lógico impacto en otros centros asistenciales públicos que se ven sobrecargados de trabajo.

Ayer, las puertas de emergencia de los hospitales Pasteur y Maciel estaban abarrotadas de pacientes en las salas de espera.

La imagen más elocuente se pudo ver a la tarde en las afueras del Pasteur, donde una fila de unas nueve ambulancias ocupaba una cuadra entera esperando a que los pacientes que tenían para ingresar fueran atendidos.

La palabra «Emergencias» en varios carteles en el Pasteur parecía una ironía al lado de la imagen de quietud que exhibía el lugar. Adentro, una decena de personas esperaba a ser admitida por el personal médico; la mayoría estaba sentada en sillas de ruedas, algunas tapadas con mantas y otros con respiradores en su boca. Afuera, las ambulancias con sirenas apagadas hacían colas que duraron largas horas.

Un vehículo del servicio de emergencias SAPP había llegado hacía una hora desde Toledo, Canelones. El móvil transportaba una paciente anciana con problemas cardíacos. «Y podemos estar una horita más esperando», dijo la médica, resignada, sentada en el asiento del acompañante junto al chofer de la ambulancia.

La imagen se repetía en toda la cuadra. Médicos, choferes y enfermeros, matando el tiempo antes que admitan a los pacientes que habían trasladado hasta allí en forma -se supone- urgente.

Una ambulancia de la red pública ocupaba el primer lugar de la fila. El paciente ya había ingresado hace unas dos horas, pero todavía no se decidía su suerte, porque muchas de las camas estaban ocupadas.

En el Hospital Maciel, la situación no era distinta. Allí muchos pacientes llenaron la sala de espera de Emergencias.